viernes, 8 de mayo de 2026

Comunicaciones (y el análisis del discurso) desde los paradigmas, análisis teórico

La comunicación es el proceso mediante el cual se produce, distribuye y consume un mensaje transmitido por un emisor hacia un receptor, a través de un canal y utilizando códigos compartidos, dentro de un contexto y escenario determinados, considerando posibles barreras o ruidos pero orientado hacia un objetivo específico. No todos los elementos de la comunicación deben estar presentes en cada acto comunicativo. Existen formas sencillas de comunicación que no constituyen un discurso, como los gestos cotidianos (una sonrisa, un saludo con la mano, un asentimiento), las señales visuales (un semáforo en rojo, un cartel de “prohibido fumar”), los sonidos ambientales (una sirena de ambulancia, el timbre de una escuela) o las interacciones breves (“sí”, “no”, “gracias”). Todos ellos comunican, pero no desarrollan un discurso estructurado.

El discurso puede definirse como un acto comunicacional complejo, estructurado e intencional que sí requiere considerar de manera cuidadosa los distintos elementos de la comunicación. A diferencia de formas simples de comunicación, el discurso implica una organización coherente de mensajes orientados a producir sentidos, influir, argumentar, persuadir, informar o representar una determinada visión de la realidad.

En el discurso, el emisor construye estratégicamente el mensaje tomando en cuenta al receptor, el contexto, el escenario, el canal, los códigos compartidos, los posibles ruidos o barreras y el objetivo comunicativo que desea alcanzar. Por ello, el discurso no consiste únicamente en transmitir información, sino en elaborar significados de manera consciente dentro de una situación social específica.

Mientras algunas formas de comunicación pueden ser inmediatas, espontáneas y poco elaboradas —como un gesto, una señal o una respuesta breve—, el discurso supone un mayor nivel de elaboración simbólica y reflexiva. En él, los elementos comunicativos adquieren relevancia porque influyen en la interpretación y en los efectos del mensaje. El contexto histórico, cultural, político o social puede modificar profundamente el sentido del discurso, así como las características del público al que se dirige.

Por ello, el discurso no es simplemente “comunicar algo”, sino desarrollar un proceso comunicativo complejo donde los mensajes se organizan con intención, estructura y significado dentro de determinadas relaciones sociales y de poder. Sino que en el discurso es indispensable considerar todos los elementos de la comunicación, y por tanto, analiza estos cómo interactúan entre síde ahi que sea importante definirlos:

C – Código
El código es el sistema de signos y reglas que permite construir y comprender el mensaje. Puede ser verbal (lenguaje hablado o escrito), visual (imágenes, símbolos), sonoro (música, tonos) o multimodal (combinación de varios). Su eficacia depende de que emisor y receptor compartan el mismo código o tengan la capacidad de interpretarlo correctamente.

R – Receptor
El receptor es el individuo o grupo que recibe el mensaje. Su papel es decodificarlo, interpretarlo y reaccionar en función de sus conocimientos, experiencias y condiciones personales. La recepción nunca es completamente pasiva: siempre implica un proceso de interpretación.

E – Emisor
El emisor u orador es el sujeto, institución o entidad que produce y transmite el mensaje. Su función principal es codificar la información de manera que pueda ser comprendida por el receptor. El emisor define la intención comunicativa y selecciona el canal más adecuado para lograr su objetivo.

C – Canal
El canal es el medio físico o tecnológico por el cual circula el mensaje. Puede ser oral, escrito, visual, audiovisual, digital o presencial directo. La elección del canal influye en la velocidad, alcance y calidad de la transmisión.

E – Escenario
El escenario es el espacio físico o situación concreta donde ocurre la comunicación. Incluye el lugar, el momento histórico, los actores presentes y las condiciones visibles de la interacción.

R – Ruido
El ruido son las interferencias que afectan la transmisión del mensaje. Puede ser físico (sonidos externos), técnico (fallas en el canal), semántico (uso de códigos no compartidos) o psicológico (distracciones, prejuicios). El ruido puede distorsionar o impedir la comprensión.

C – Contexto
El contexto son las condiciones externas que rodean la comunicación: políticas, económicas, sociales, culturales e históricas. El contexto explica por qué un mismo mensaje puede tener interpretaciones distintas según el entorno en el que se recibe.

O – Objetivo
El objetivo es el resultado esperado del proceso comunicativo. Puede ser informar, persuadir, entretener, educar o movilizar. El objetivo guía la forma en que se construye y transmite el mensaje.

M – Mensaje
El mensaje es el contenido transmitido de forma observable y medible. Puede ser verbal, visual, sonoro o multimodal. Representa la información, idea o emoción que el emisor desea compartir con el receptor.

Cuando se revisan a fondo estos elementos, surge el análisis del discurso, este se da con la reflexión de la interacción de todos los elementos y representa el producto concreto del proceso comunicativo, permite analizar a fondo el contenido simbólico y explicito que analiza los diferentes contextos sociales, culturales o políticos. El discurso constituye una práctica comunicativa fundamental en la vida pública, pues articula las relaciones entre poder, economía, autoridad y ciudadanía. Diversos autores como Van Dijk, 1999 han señalado la importancia del análisis del discurso. El mismo puede hacerse desde diferentes paradigmas.

La comunicación desde los paradigmas:

Los paradigmas son marcos de pensamiento o conjuntos de ideas, supuestos, valores, conceptos y métodos que orientan la manera en que las personas observan, explican e investigan un fenómeno. En otras palabras, un paradigma actúa como una “lente” que influye en cómo se hacen preguntas, qué se considera importante, qué métodos se utilizan y cómo se interpretan los resultados.

Desde el posititivismo el discurso se entiende como un proceso lineal, observable y medible que busca explicar cómo un mensaje es transmitido de un emisor hacia un receptor para generar un efecto determinado. Por ello, este enfoque responde preguntas como: ¿quién da el mensaje?, ¿a quién se dirige?, ¿qué dice?, ¿cómo lo transmite?, ¿cuándo ocurre?, ¿dónde sucede? y ¿qué efectos produce? En este sentido, el emisor u orador es quien produce y envía el mensaje; el receptor es quien lo recibe; el mensaje corresponde al contenido transmitido; el código es el sistema de signos compartidos que permite comprenderlo; y el canal es el medio utilizado para comunicarlo, ya sea oral, escrito, visual, digital o audiovisual. Asimismo, el paradigma positivista considera el escenario o lugar físico donde ocurre la comunicación y el contexto social, político, económico y cultural que rodea el proceso. También reconoce la existencia de ruidos o interferencias que pueden alterar la transmisión del mensaje. Finalmente, la comunicación posee un objetivo específico, entendido como el efecto o resultado que se espera producir en el receptor, lo cual puede ser estudiado y medido de manera científica.

Desde el paradigma estructural-funcionalista, el discurso se entiende como un sistema compuesto por elementos interrelacionados que cumplen funciones específicas para mantener el orden, la integración y el funcionamiento de la sociedad. Este enfoque analiza cómo cada componente de la comunicación aporta a la estabilidad de la estructura social, considerando que las sociedades están organizadas mediante normas, valores, instituciones y reglas formales e informales que orientan el comportamiento de los individuos. Además, este paradigma distingue entre sociedades con solidaridad mecánica, caracterizadas por relaciones más simples y homogéneas, y sociedades con solidaridad orgánica, más complejas y especializadas, donde los individuos dependen unos de otros a través de funciones diferenciadas.

En este marco, el emisor no es únicamente quien transmite el mensaje, sino un actor que ocupa un rol dentro de una estructura social determinada y que comunica según normas culturales, institucionales y sociales. El receptor, por su parte, cumple la función de interpretar y responder al mensaje dentro de los límites y expectativas establecidos por la sociedad. El código se comprende como un sistema de signos, símbolos y significados compartidos —materiales o inmateriales— que permite la comunicación y que existe gracias a reglas sociales formales e informales aprendidas colectivamente. El mensaje constituye el contenido que circula dentro del sistema y que contribuye a transmitir valores, información, normas o ideologías necesarias para la cohesión social.

El canal es el medio físico o tecnológico que permite la circulación del mensaje, ya sea oral, escrito, audiovisual, digital o presencial, y su función es conectar a los distintos actores del sistema social. El escenario corresponde al espacio físico o institucional donde ocurre la comunicación, como la escuela, la familia, los medios de comunicación o las redes digitales, espacios que también forman parte de la estructura social. El contexto incluye las condiciones políticas, económicas, sociales y culturales que rodean el proceso comunicativo y que influyen en el significado y función de los mensajes. Asimismo, el ruido representa las interferencias o alteraciones que dificultan el correcto funcionamiento de la comunicación y pueden afectar la estabilidad del sistema. Finalmente, el objetivo de la comunicación consiste en producir determinados efectos sociales, como informar, integrar, educar, persuadir o mantener el orden social, permitiendo así la continuidad y funcionamiento de la estructura colectiva.

Desde el paradigma comprensivo o interpretativo, el discurso no se entiende únicamente como una transmisión mecánica de mensajes, sino como un proceso de construcción de significados entre sujetos sociales. Este enfoque busca comprender las intenciones, motivaciones, experiencias y sentidos que las personas atribuyen a sus acciones comunicativas. Por ello, la comunicación se analiza desde la perspectiva de los actores involucrados, especialmente desde el significado que el emisor y el receptor otorgan al proceso comunicativo dentro de su contexto cultural e histórico.

En este paradigma, el emisor u orador no es visto solamente como quien transmite información, sino como un sujeto social que actúa guiado por motivos, valores, emociones, intereses, creencias e intenciones. El análisis busca comprender qué tipo de orador es, cuáles son los motivos que orientan su acción social y qué significado tiene para él el mensaje que comunica. De igual manera, el receptor no es considerado un actor pasivo, sino una persona que interpreta el mensaje desde sus propias experiencias, conocimientos, emociones y contexto social. Por ello, un mismo mensaje puede adquirir diferentes significados dependiendo de quién lo recibe.

El código se entiende como un conjunto de símbolos y significados compartidos culturalmente, cuyo sentido puede variar según la experiencia de los participantes. El mensaje deja de ser únicamente un contenido observable y medible, para convertirse en una construcción simbólica cargada de significados subjetivos. El canal y el escenario también son importantes porque influyen en la manera en que las personas interpretan la comunicación, mientras que el contexto social, cultural, político e histórico resulta fundamental para comprender por qué las personas comunican de determinada manera. Incluso el ruido puede interpretarse no solo como una interferencia técnica, sino también como diferencias culturales, emocionales o de interpretación que afectan la comprensión mutua. Finalmente, el objetivo de la comunicación, desde este paradigma, no se limita a producir un efecto medible, sino a generar comprensión, interacción y construcción compartida de significados entre los individuos.

Desde el paradigma crítico, el discurso es un proceso que cuestiona por relaciones de poder, dominación y desigualdad social. Este enfoque no solo busca comprender o describir la realidad, sino también transformarla mediante una metodología orientada a la emancipación social. Por ello, la comunicación es entendida como un espacio donde pueden reproducirse o cuestionarse formas de explotación material e inmaterial presentes en la sociedad. Entre las formas de explotación material se encuentra la apropiación desigual del trabajo, por ejemplo, cuando el salario pagado al trabajador es menor al valor que produce, o cuando las mercancías adquieren precios alejados de su valor real dentro del sistema capitalista. Asimismo, el paradigma crítico analiza formas de explotación inmaterial, como la alienación, entendida como el proceso mediante el cual las personas pierden control o sentido sobre su trabajo, sobre el producto que generan, sobre los demás y sobre sí mismas. También estudia fenómenos como el fetichismo de la mercancía, donde los productos parecen tener valor propio ocultando las relaciones sociales de explotación que los producen, y la religión entendida por algunos autores marxistas como “opio del pueblo”, al funcionar en ciertos contextos como mecanismo de resignación y legitimación del orden existente. Frente a ello, este paradigma propone desarrollar conciencia crítica o conciencia de clase para cuestionar y transformar las estructuras de dominación.

Desde esta perspectiva, los elementos de la comunicación adquieren un significado político y social. El emisor u orador puede actuar reproduciendo ideologías dominantes, legitimando desigualdades y promoviendo formas de explotación, o bien puede convertirse en un actor crítico que denuncie injusticias y fomente procesos de transformación social. El receptor no es visto únicamente como alguien que recibe información, sino como un sujeto capaz de desarrollar conciencia crítica frente a los mensajes y las estructuras de poder que estos representan. El mensaje puede contener ideologías, valores o discursos que mantengan la dominación social o, por el contrario, que impulsen resistencia y cambio social. El código y el lenguaje también son analizados críticamente, ya que pueden incluir símbolos, conceptos y narrativas que normalizan desigualdades o invisibilizan conflictos sociales.

El canal y los medios de comunicación son entendidos como espacios de disputa política y cultural, donde distintos grupos buscan influir en la opinión pública y en la construcción de la realidad social. El contexto político, económico, social y cultural es fundamental porque determina las relaciones de poder en las que ocurre la comunicación. Incluso el ruido puede interpretarse como censura, manipulación, desinformación o barreras ideológicas que dificultan el acceso a una comprensión crítica de la realidad. Finalmente, el objetivo de la comunicación, desde el paradigma crítico, no consiste únicamente en transmitir información, sino en promover reflexión, conciencia social, emancipación y transformación de las condiciones de desigualdad y dominación presentes en la sociedad.

Desde el paradigma conductista, se entiende como un proceso de estímulo (del orador) y respuesta (del receptor) en el que los comportamientos humanos pueden ser observados, medidos y modificados. Este enfoque se centra en las conductas visibles y en controlar los efectos que los mensajes producen en las personas, dejando en segundo plano los pensamientos internos o las interpretaciones subjetivas. Por ello,  la comunicacion es una herramienta capaz de influir, condicionar y moldear comportamientos mediante recompensas, castigos, repetición y asociación de estímulos.

Desde este paradigma, el emisor cumple la función de producir estímulos comunicativos diseñados para generar determinadas respuestas en el receptor. El receptor es entendido como un sujeto que reacciona ante los estímulos recibidos, pudiendo modificar su conducta según los refuerzos positivos o negativos asociados al mensaje. El mensaje se considera un estímulo observable que busca provocar efectos específicos, como persuadir, enseñar, motivar el consumo, cambiar hábitos o reforzar comportamientos sociales. El código corresponde al sistema de signos utilizado para que el estímulo sea comprendido correctamente por el receptor, mientras que el canal es el medio a través del cual se transmite el estímulo, ya sea oral, escrito, audiovisual, digital o presencial.

El escenario y el contexto son importantes porque las condiciones ambientales y sociales influyen en la respuesta conductual de las personas. Por ejemplo, la familia, la escuela, los medios de comunicación o las redes sociales pueden funcionar como espacios de aprendizaje y condicionamiento. Asimismo, el ruido representa cualquier interferencia que dificulte que el estímulo produzca la respuesta esperada. Desde esta perspectiva, el objetivo de la comunicación consiste en generar respuestas observables y medibles, modificando conductas individuales o colectivas mediante procesos de aprendizaje, repetición y condicionamiento. Por ello, el paradigma conductista ha influido en áreas como la publicidad, la propaganda, la educación y la comunicación política, donde se busca influir en el comportamiento de las personas a través de mensajes estratégicamente diseñados.


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