martes, 18 de agosto de 2026

Introducción: el origen de la ciencia

Todas las personas producimos conocimiento. Desde nuestra vida cotidiana observamos, experimentamos, recordamos, comparamos y sacamos conclusiones sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Por eso, el conocimiento no pertenece exclusivamente a la ciencia. Existen diferentes formas de conocimiento, entre ellas el conocimiento cotidiano, técnico, científico, filosófico y teológico.

Sin embargo, no todo conocimiento es conocimiento científico. Tampoco todo aquello que parece lógico es necesariamente científico.

En la vida cotidiana utilizamos constantemente razonamientos basados en la experiencia. Por ejemplo, si una persona toma una pastilla y después desaparece su dolor de cabeza, puede concluir: “La pastilla me quitó el dolor de cabeza”. La conclusión parece razonable porque existe una secuencia: dolor → pastilla → desaparición del dolor.

Pero la ciencia introduce una pregunta adicional: ¿realmente fue la pastilla la causa de que desapareciera el dolor? Para responderla necesitamos comprobar la relación, comparar casos, establecer condiciones, observar resultados y determinar si la explicación puede sostenerse frente a otras posibilidades.

Por eso, la ciencia no consiste simplemente en pensar lógicamente. Es una forma de producir conocimiento mediante procedimientos sistemáticos de observación, formulación de preguntas, construcción de explicaciones, contrastación de evidencias, argumentación y revisión crítica.

El conocimiento científico tampoco aparece de la nada. Los seres humanos produjeron conocimiento durante miles de años antes de que existiera la ciencia moderna. Aprendieron a utilizar el fuego, fabricar herramientas, cultivar la tierra, domesticar animales, orientarse, observar los astros y utilizar plantas con fines medicinales. La diferencia es que, con el tiempo, algunas formas de conocimiento comenzaron a adquirir mayor especialización, sistematicidad y capacidad de explicación.

Por eso, la ciencia moderna debe entenderse como el resultado de un proceso histórico. No fue inventada por una sola persona ni apareció en un momento determinado. Se construyó progresivamente a partir de conocimientos anteriores y de profundas transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales.

En este recorrido analizaremos cómo las diferentes formas de organizar la sociedad fueron creando condiciones para transformar las maneras de producir conocimiento: desde el conocimiento empírico de las primeras comunidades humanas, pasando por la especialización y racionalización del conocimiento en la Antigüedad, la influencia de la religión durante el feudalismo, el Renacimiento y la Revolución Científica, hasta la relación cada vez más estrecha entre ciencia, tecnología y capitalismo.

I. Comunidad primitiva: conocimiento empírico y técnico

En las primeras comunidades humanas ya existía conocimiento, aunque todavía no existía la ciencia como la conocemos actualmente.

Las personas dependían directamente de la naturaleza para sobrevivir. Necesitaban encontrar agua y alimentos, protegerse de los animales, fabricar herramientas, utilizar el fuego y reconocer los ciclos de la naturaleza. El trabajo y la producción tenían principalmente un carácter comunitario, y el conocimiento estaba estrechamente relacionado con las necesidades inmediatas de la vida.

Por eso se desarrolló principalmente un conocimiento empírico y técnico, basado en la experiencia y en la práctica.

Las personas aprendieron, por ejemplo:

  • qué plantas podían consumir y cuáles eran peligrosas;
  • dónde encontrar agua;
  • cuándo y dónde cazar;
  • cómo utilizar el fuego;
  • cómo fabricar herramientas;
  • cómo trabajar la piedra y la madera;
  • cómo reconocer los ciclos de la naturaleza;
  • cómo transmitir esos conocimientos a las nuevas generaciones.

Podemos representar este proceso de manera sencilla:

Observar → experimentar → aprender → transmitir.

Una persona podía descubrir que determinada planta ayudaba a aliviar un dolor porque la había utilizado varias veces y había observado sus efectos. Ese conocimiento podía ser válido y útil, pero todavía no constituía conocimiento científico.

La diferencia aparece cuando hacemos preguntas que van más allá de la experiencia inmediata:

¿Por qué funciona? ¿Cómo podemos comprobarlo? ¿Siempre funciona? ¿En qué condiciones funciona?

El conocimiento empírico no desaparece con la ciencia. Continúa existiendo y puede incluso convertirse en un punto de partida para una investigación científica. La diferencia es que la ciencia busca explicar y comprobar sistemáticamente las relaciones que encuentra.

Por tanto, los seres humanos produjeron conocimiento mucho antes de que existiera la ciencia. El desarrollo de herramientas, la agricultura, el pastoreo y otras técnicas permitió ampliar progresivamente la capacidad humana para conocer y transformar la naturaleza.

Estos cambios también transformaron la organización de las sociedades.

II. Esclavismo: especialización y racionalización del conocimiento

Con el desarrollo de las sociedades esclavistas cambió profundamente la organización social y también cambiaron las condiciones en las que se producía el conocimiento.

Aparecieron formas más desarrolladas de división social del trabajo, junto con la propiedad privada y sociedades organizadas en clases. En diferentes sociedades antiguas, una parte de la población pudo dedicarse de manera más especializada a actividades políticas, administrativas, religiosas, filosóficas, matemáticas y técnicas.

Esto permitió que algunas formas de conocimiento se separaran progresivamente de las necesidades productivas inmediatas y adquirieran un carácter más especializado, racional y sistemático.

En las sociedades antiguas se desarrollaron importantes conocimientos en:

  • Matemáticas: cálculo, medición y geometría.
  • Astronomía: observación y registro de los astros.
  • Medicina: observación del cuerpo y las enfermedades.
  • Filosofía: reflexión sobre la realidad, el conocimiento y la sociedad.
  • Política: reflexión sobre el gobierno y la organización social.

Aquí encontramos un cambio importante respecto al conocimiento predominantemente empírico:

“Lo sé porque lo he experimentado y funciona.”

comienza a complementarse con:

“Quiero saber por qué ocurre y puedo utilizar la razón para explicarlo.”

Esto no significa que la ciencia moderna ya existiera. Significa que aparecieron algunas de las condiciones intelectuales que posteriormente serían fundamentales para su desarrollo: observación, clasificación, medición, razonamiento, argumentación y construcción de explicaciones sistemáticas.

Un ejemplo: Ptolomeo

Un ejemplo importante es Claudio Ptolomeo, quien vivió en el siglo II d. C., durante el Imperio romano. Ptolomeo trabajó en astronomía y matemáticas. A partir de observaciones y conocimientos astronómicos anteriores, construyó modelos matemáticos para explicar los movimientos aparentes de los astros.

Su trabajo muestra que en la Antigüedad el conocimiento podía alcanzar un alto grado de sistematicidad y racionalización.

Sin embargo, su modelo geocéntrico todavía pertenecía a una concepción del universo diferente de la que posteriormente desarrollaría la ciencia moderna. Siglos después, Nicolás Copérnico, Johannes Kepler y Galileo Galilei, entre otros, cuestionarían y transformarían esa concepción.

La historia de Ptolomeo muestra algo importante: la ciencia moderna no surge negando todo el conocimiento anterior, sino también heredándolo, transformándolo y cuestionándolo.

La crisis del mundo antiguo

Con el tiempo, las sociedades esclavistas experimentaron importantes transformaciones económicas, políticas y militares. El Imperio romano atravesó una profunda crisis y, finalmente, el Imperio romano de Occidente se desintegró en el siglo V.

La transformación de las relaciones sociales no modificó únicamente la economía y la política. También cambió las instituciones encargadas de conservar, transmitir y producir conocimiento.

En Europa occidental se desarrolló una nueva organización social: el feudalismo.

III. Feudalismo: religión, autoridad y conservación del conocimiento

Durante el feudalismo, la tierra se convirtió en el principal medio de producción. La sociedad europea se organizó alrededor de relaciones entre señores feudales y campesinos.

El siervo no era un esclavo. No era propiedad personal del señor, pero estaba ligado a la tierra y tenía obligaciones económicas y laborales. El señor controlaba el territorio y ejercía determinadas funciones políticas y militares, mientras los campesinos trabajaban la tierra y entregaban parte de su producción o de su trabajo.

La sociedad era principalmente agraria, rural y jerárquica.

En este contexto, la sociedad medieval europea estuvo profundamente marcada por una visión teocéntrica. Dios ocupaba un lugar central en la interpretación de la realidad y la Iglesia tenía una enorme influencia sobre la educación, la cultura y la producción intelectual.

Esto no significa que durante la Edad Media no existiera conocimiento científico o técnico. Sería incorrecto afirmar que:

“En la Edad Media no hubo ciencia.”

Es más preciso señalar que durante buena parte del período medieval las explicaciones sobre la naturaleza estuvieron fuertemente condicionadas por la religión, la tradición y la autoridad.

Existieron diferentes formas de conocimiento:

  • Teológico: explicación de la realidad desde la fe y la doctrina religiosa.
  • Filosófico: reflexión racional sobre el ser, Dios, el conocimiento y la realidad.
  • Técnico y empírico: conocimientos relacionados con agricultura, construcción, navegación, metalurgia y medicina.
  • Matemático y astronómico: desarrollo de cálculos, calendarios y observaciones de los astros.

Además, los monasterios, las escuelas y posteriormente las universidades medievales desempeñaron un papel fundamental en la conservación, copia, enseñanza y transmisión de conocimientos.

También fue fundamental el contacto entre Europa y el mundo islámico. A través de diferentes intercambios circularon conocimientos de matemáticas, medicina, astronomía y filosofía que habían sido conservados, desarrollados y transmitidos por distintas culturas.

Por tanto, la Edad Media no fue simplemente un período de ausencia de conocimiento. Fue un período en el que se conservaron y desarrollaron saberes que posteriormente serían fundamentales para la ciencia moderna.

Sin embargo, hacia el final de la Edad Media comenzaron a producirse transformaciones económicas, sociales, culturales e intelectuales que modificarían profundamente la forma de entender el mundo.

IV. Renacimiento, imprenta y Revolución Científica: el nacimiento de la ciencia moderna

El Renacimiento significó una transformación cultural importante. El humanismo recuperó y estudió textos de la Antigüedad y colocó una mayor atención en las capacidades humanas, la observación y el estudio de la naturaleza.

Un cambio fundamental fue la expansión de la imprenta de tipos móviles, asociada a Johannes Gutenberg en el siglo XV.

La imprenta permitió reproducir y distribuir textos de manera mucho más rápida y amplia que antes. Esto facilitó la circulación de libros, ideas y conocimientos, y contribuyó a transformar la relación de las personas con la información y la autoridad intelectual.

En este contexto también se produjo la Reforma Protestante, iniciada en el siglo XVI con figuras como Martín Lutero.

La Reforma cuestionó la autoridad de la Iglesia católica y rompió la unidad religiosa de Europa occidental. También favoreció una mayor importancia de la lectura y de la educación religiosa y contribuyó a crear un contexto en el que algunas autoridades tradicionales podían ser cuestionadas.

Esto no significa que la Reforma haya creado directamente la ciencia. La relación es más indirecta: formó parte de un proceso más amplio de transformación de las autoridades religiosas, culturales e intelectuales de Europa.

La Revolución Científica

Durante los siglos XVI y XVII se produjo una transformación decisiva: la Revolución Científica.

Nicolás Copérnico propuso que la Tierra no ocupaba el centro del universo y que los planetas giraban alrededor del Sol.

Posteriormente, Johannes Kepler utilizó las matemáticas para formular leyes sobre el movimiento de los planetas.

Galileo Galilei combinó la observación, el uso del telescopio, la experimentación y las matemáticas para estudiar la naturaleza. Sus trabajos cuestionaron importantes aspectos de la concepción tradicional del universo.

Posteriormente, Isaac Newton integró diferentes conocimientos sobre movimiento, matemáticas y astronomía en una explicación general de la naturaleza.

Lo importante no es solamente lo que descubrió cada científico, sino el cambio en la manera de producir conocimiento.

Se fortaleció una nueva relación:

Observación → medición → experimentación → matematización → formulación de leyes → contrastación.

La autoridad de la tradición comenzó a ser cuestionada por la necesidad de observar, demostrar y comprobar.

Aquí encontramos uno de los momentos fundamentales en la construcción de la ciencia moderna.

V. La transición del feudalismo al capitalismo

La ciencia moderna no se desarrolló aislada de las transformaciones sociales. Durante los siglos XVI al XVIII Europa experimentó profundos cambios económicos, políticos y culturales que debilitaron progresivamente las estructuras del orden feudal y contribuyeron al desarrollo del capitalismo.

Entre estos procesos destacan la expansión comercial, el crecimiento de las ciudades, el fortalecimiento de la burguesía, la expansión de los mercados y diferentes transformaciones políticas y religiosas.

Tres acontecimientos resultan especialmente importantes para comprender este proceso: la Reforma Protestante, la Revolución Francesa y la Revolución Industrial.

Reforma Protestante

La Reforma Protestante, iniciada en el siglo XVI con figuras como Martín Lutero, cuestionó la autoridad de la Iglesia católica y rompió la unidad religiosa de Europa.

Favoreció nuevas formas de organización religiosa y una mayor valoración de la lectura y la educación. También contribuyó, dentro de un proceso mucho más amplio, a cuestionar determinadas formas de autoridad y tradición.

Su importancia para nuestro tema está en que forma parte de una transformación cultural en la que las personas comenzaron a relacionarse de nuevas maneras con los textos, la autoridad y el conocimiento.

Revolución Francesa

La Revolución Francesa de 1789 cuestionó el orden político y social del Antiguo Régimen y los privilegios de la aristocracia y el clero.

Las ideas de libertad, igualdad, ciudadanía y derechos contribuyeron a transformar las relaciones políticas y sociales y fortalecieron el papel de la burguesía.

La Revolución también ayudó a consolidar una nueva concepción del conocimiento: la educación, la ciencia y la razón comenzaron a ser consideradas asuntos de interés público y elementos importantes para la transformación de la sociedad.

De esta manera, la ciencia comenzó a desprenderse cada vez más de las instituciones tradicionales y a vincularse con nuevas instituciones educativas, estatales y sociales.

Revolución Industrial

La Revolución Industrial, iniciada en Inglaterra durante el siglo XVIII, transformó radicalmente la producción.

Se pasó progresivamente del taller artesanal a la fábrica y a la producción mecanizada.

Una tecnología fundamental fue la máquina de vapor, perfeccionada por James Watt, que permitió utilizar una nueva fuente de energía para mover máquinas y posteriormente impulsar locomotoras y barcos.

La industrialización generó nuevas necesidades de conocimiento. La producción de máquinas, la utilización de nuevas fuentes de energía y el desarrollo de procesos industriales exigieron aplicar conocimientos de física, química y matemáticas.

De esta manera se fortaleció una relación cada vez más estrecha:

Ciencia → tecnología → producción.

La ciencia dejó de ser solamente una forma de comprender la naturaleza y comenzó a adquirir una importancia creciente como instrumento para transformarla y aumentar la capacidad productiva.

VI. Capitalismo: ciencia, trabajo y producción

El capitalismo transformó profundamente la relación entre trabajo, conocimiento, ciencia y producción.

A diferencia de las sociedades feudales, donde la tierra era el principal medio de producción, en el capitalismo adquieren una importancia central los medios de producción, el mercado y la producción de mercancías.

El trabajador es jurídicamente libre, pero generalmente no posee los medios de producción necesarios para producir por cuenta propia. Por eso debe vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario.

Desde la perspectiva de Karl Marx, la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía particular. El trabajador recibe un salario por ella, pero durante la jornada laboral puede producir un valor superior al valor necesario para reproducir esa fuerza de trabajo.

La diferencia constituye la plusvalía, que es apropiada por el capitalista.

Podemos expresarlo de manera sencilla:

Trabajador → vende su fuerza de trabajo → recibe salario

Trabajador → produce mercancías → genera nuevo valor

Valor producido − valor de la fuerza de trabajo = plusvalía

Por eso, para Marx, la relación entre trabajo y capital no consiste simplemente en que el trabajador sea “mal pagado”, sino en que existe una relación social en la que la fuerza de trabajo produce un valor mayor que el valor que recibe en forma de salario.

El desarrollo del capitalismo también incrementó la necesidad de conocimientos científicos y técnicos. Las empresas necesitaban mejorar máquinas, aumentar la productividad, controlar procesos, transportar mercancías, medir tiempos y utilizar nuevas fuentes de energía.

Así, la ciencia y la tecnología comenzaron a integrarse cada vez más directamente en el proceso productivo.

La ciencia pasó a convertirse progresivamente en una fuerza productiva.

VII. Ciencia, capitalismo y sociedad moderna

Con la consolidación de la sociedad capitalista, la ciencia adquirió una posición cada vez más importante.

La ciencia permitió conocer y transformar la naturaleza, pero también se integró en las necesidades de la producción. La tecnología permitió aplicar ese conocimiento a máquinas, procesos industriales, transportes, comunicaciones y posteriormente a nuevas formas de organización del trabajo.

Por eso, la relación entre ciencia y capitalismo puede entenderse en dos sentidos.

Por un lado:

El desarrollo de la ciencia favoreció el desarrollo tecnológico y productivo del capitalismo.

Por otro:

Las necesidades del capitalismo impulsaron nuevas investigaciones, tecnologías y formas de aplicar el conocimiento.

Esta relación continúa hasta la actualidad. La informática, la inteligencia artificial, la biotecnología, la robótica y las nuevas tecnologías digitales muestran que el conocimiento científico y tecnológico constituye una parte fundamental de las fuerzas productivas contemporáneas.

Conclusión

La ciencia moderna no surgió de repente ni fue inventada por una sola persona. Tampoco comenzó cuando los seres humanos aprendieron a pensar lógicamente. Los seres humanos produjeron conocimiento mucho antes de que existiera la ciencia.

En las primeras comunidades desarrollaron conocimientos empíricos y técnicos para sobrevivir y transformar la naturaleza. En las sociedades antiguas, especialmente en Grecia, algunas formas de conocimiento adquirieron mayor racionalidad, especialización y sistematicidad. Durante el feudalismo, el conocimiento estuvo fuertemente condicionado por la religión y la autoridad, pero también se conservaron y desarrollaron saberes fundamentales.

Posteriormente, el Renacimiento, la imprenta, la Reforma Protestante y la Revolución Científica contribuyeron a transformar las formas de producir y transmitir conocimiento. Copérnico, Kepler, Galileo y Newton representan momentos fundamentales de esta transformación.

Finalmente, la Revolución Francesa y la Revolución Industrial contribuyeron a transformar las estructuras políticas, sociales y económicas, mientras el capitalismo estableció una relación cada vez más estrecha entre ciencia, tecnología, trabajo y producción.

Por tanto, la ciencia debe entenderse como una construcción histórica y social. Es una forma particular de producir conocimiento caracterizada por la búsqueda sistemática de explicaciones, el uso de evidencias, la contrastación y la posibilidad de cuestionar y corregir sus propias conclusiones.

En otras palabras:

La humanidad produjo conocimiento mucho antes de producir ciencia; la ciencia surgió cuando determinadas formas de conocimiento comenzaron a organizarse de manera sistemática, racional, especializada y verificable, dentro de un proceso histórico de profundas transformaciones sociales.


Todas las personas producimos conocimiento. Desde nuestra vida cotidiana observamos, experimentamos, recordamos, comparamos y sacamos conclusiones sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Por eso, el conocimiento no pertenece exclusivamente a la ciencia. Podemos distinguir diferentes formas de conocimiento, entre ellas el conocimiento cotidiano, técnico, científico, filosófico y teológico.

Sin embargo, no todo conocimiento es conocimiento científico. Tampoco todo aquello que parece lógico es necesariamente científico.

En la vida cotidiana utilizamos con frecuencia una lógica simple: observamos que algo ocurre y establecemos una relación entre dos hechos. Por ejemplo: “Tomé una pastilla y se me quitó el dolor de cabeza; por lo tanto, la pastilla quita el dolor de cabeza”. Esta conclusión puede parecer lógica porque existe una secuencia: dolor → pastilla → desaparición del dolor.

Pero podemos llevar esa misma lógica un paso más allá y encontrar un problema: si una pastilla quita el dolor de cabeza, entonces podríamos pensar que cinco pastillas quitarán un dolor cinco veces más fuerte. La conclusión parece lógica y mantiene una secuencia ordenada, pero no por eso es científica. La relación entre los hechos necesita ser comprobada, estudiada y explicada bajo condiciones que permitan determinar si realmente existe esa relación.

Aquí aparece una diferencia fundamental: la ciencia no se basa simplemente en pensar lógicamente (ni de forma simple), sino en construir conocimiento mediante procedimientos sistemáticos que permitan comprobar, cuestionar y eventualmente refutar nuestras explicaciones.

Por eso podemos hablar de una lógica simple, propia de muchas experiencias cotidianas, y de una lógica científica más compleja, que requiere conceptos, métodos, evidencia, comparación, medición, argumentación y contrastación.

La ciencia, entonces, no ha existido siempre en la forma en que hoy la conocemos. Es el resultado de un proceso histórico en el que la humanidad fue desarrollando nuevas maneras de observar, explicar y comprobar la realidad.

En este escrito a revisar cómo surgió ese proceso: en qué momento histórico aparece la ciencia, qué condiciones hicieron posible su desarrollo y cómo se fue diferenciando de otras formas de producir conocimiento.

I. Comunidad primitiva: conocimiento y origen de la ciencia

En la comunidad primitiva, las personas ya producían conocimiento, aunque todavía no existía la ciencia como la conocemos actualmente.

Las personas eran principalmente nómadas y dependían directamente de la naturaleza para sobrevivir. La propiedad era colectiva y el trabajo también se realizaba de manera comunitaria. Para satisfacer sus necesidades tenían que observar, experimentar y aprender constantemente de su entorno.

Por eso desarrollaron principalmente un conocimiento empírico y técnico, basado en la experiencia y en la práctica.

Por ejemplo, aprendieron:

  • qué plantas podían comer y cuáles eran peligrosas;
  • dónde encontrar agua;
  • cuándo y dónde cazar;
  • cómo utilizar el fuego;
  • cómo fabricar herramientas;
  • cómo aprovechar las piedras, la madera y posteriormente los metales;
  • cómo reconocer los ciclos de la naturaleza.

Este conocimiento se obtenía fundamentalmente mediante la experiencia:

Observar → experimentar → aprender → transmitir.

Sin embargo, este conocimiento todavía no era científico.

Por ejemplo, una persona podía saber que determinada planta ayudaba a aliviar un dolor porque lo había observado y experimentado muchas veces. Eso es conocimiento empírico. Pero la ciencia preguntaría además:

¿Por qué funciona? ¿Cómo podemos comprobarlo? ¿Siempre funciona? ¿En qué condiciones funciona?

Aquí encontramos una diferencia fundamental:

Conocimiento empírico:

"Sé que funciona porque lo he experimentado."

Conocimiento científico:

"Quiero explicar por qué funciona y comprobar sistemáticamente si realmente funciona."

Por tanto, los seres humanos produjeron conocimiento miles de años antes de que apareciera la ciencia.

El desarrollo de las herramientas, la agricultura, el pastoreo y otras técnicas permitió aumentar progresivamente el conocimiento y la capacidad de transformar la naturaleza. Con el tiempo, estos cambios también transformaron las sociedades.

II. Esclavismo: teoría del conocimiento y origen de la ciencia

Con el esclavismo cambia profundamente la sociedad y también cambian las condiciones para producir conocimiento.

En la comunidad primitiva, el conocimiento estaba principalmente relacionado con sobrevivir y satisfacer las necesidades inmediatas: cazar, pescar, cultivar, fabricar herramientas, conocer las plantas, etc.

Con el esclavismo aparece una división social del trabajo más desarrollada. Una parte de la población se dedica al trabajo productivo y otra puede dedicarse a actividades como la filosofía, las matemáticas, la astronomía, la política y la reflexión sobre la sociedad.

¿Qué cambia con el esclavismo?

Aparece y se desarrolla la propiedad privada y surgen clases sociales claramente diferenciadas: amos y esclavos.

El trabajo de los esclavos permite que determinados grupos tengan tiempo para dedicarse a otras actividades. Esto crea condiciones para que el conocimiento deje de estar concentrado exclusivamente en resolver necesidades prácticas inmediatas y pueda desarrollarse de manera más especializada y sistemática.

Por ejemplo, en las sociedades de la Antigüedad se desarrollaron conocimientos sobre:

  • Matemáticas: medición, geometría y cálculo.
  • Astronomía: observación y registro de los astros.
  • Medicina: observación del cuerpo y las enfermedades.
  • Filosofía: preguntas sobre la realidad, el conocimiento y la sociedad.
  • Filosofía Política: reflexión sobre el gobierno y la organización de la sociedad.

Del conocimiento empírico al conocimiento racional

Aquí encontramos un cambio importante.

En la comunidad primitiva predominaba un conocimiento principalmente empírico y técnico:

"Lo sé porque lo he experimentado y funciona."

En las sociedades esclavistas, especialmente en la Grecia antigua, comienza a desarrollarse con mayor fuerza otra forma de conocimiento:

"Quiero saber por qué ocurre y puedo utilizar la razón para explicarlo."

Aparece así una búsqueda más racional, sistemática y argumentada de explicaciones sobre la realidad.

Sin embargo, todavía no podemos hablar de ciencia moderna. Lo que encontramos son antecedentes fundamentales de la ciencia: observación, razonamiento, clasificación, medición, argumentación y búsqueda de explicaciones racionales.

Un ejemplo: la astronomía

Las personas de sociedades anteriores ya observaban el cielo. Pero en las sociedades antiguas se desarrolló un conocimiento astronómico más sistemático: se registraban los movimientos de los astros, se calculaban ciclos y se buscaban explicaciones sobre su comportamiento.

Esto muestra una transición:

Observación → experiencia → conocimiento empírico → explicación racional → conocimiento sistemático.

Un ejemplo es Claudio Ptolomeo, quien vivió durante el Imperio romano. Ptolomeo no era esclavo y pudo dedicarse al estudio de la astronomía y las matemáticas. Observó y registró los movimientos de los astros y elaboró modelos matemáticos para explicarlos. Su trabajo muestra cómo, en la Antigüedad, el conocimiento podía alcanzar un alto grado de desarrollo racional y sistemático.

Sin embargo, el conocimiento de Ptolomeo todavía no era ciencia moderna. Su modelo geocéntrico sería posteriormente cuestionado por Copérnico y Galileo, entre otros, durante la Revolución Científica.

Finalmente en el esclavismo, la producción dependía principalmente del trabajo de los esclavos. Pero este sistema comenzó a presentar problemas:

  • El trabajo esclavo tenía baja productividad, porque el esclavo no tenía interés en aumentar la producción.
  • Mantener grandes cantidades de esclavos era costoso.
  • Las conquistas territoriales dejaron de proporcionar constantemente nuevas tierras y esclavos.
  • El comercio y las ciudades comenzaron a sufrir transformaciones.
  • El Imperio romano enfrentó una profunda crisis política, económica y militar.
  • Las invasiones y migraciones de pueblos germánicos contribuyeron a la desintegración del Imperio romano de Occidente.

Como consecuencia, la antigua organización basada en el esclavo fue perdiendo importancia y surgieron nuevas relaciones sociales.

III. Feudalismo: teoría del conocimiento y origen de la ciencia

En el feudalimso la tierra se convirtió en el principal medio de producción. La sociedad se organizó fundamentalmente alrededor de:

Señores feudales → control de la tierra

Siervos → trabajan la tierra

El siervo no era un esclavo. Tenía una condición jurídica diferente: no era propiedad personal del señor, pero estaba ligado a la tierra y debía entregar parte de su trabajo o producción. El feudo era, principalmente, un territorio que un señor controlaba y del cual obtenía recursos. La tierra era el principal medio de producción. El señor feudal ofrecía protección y control político y, a cambio, los campesinos debían trabajar y entregar parte de su producción de esa tierra.

La economía era principalmente agraria y de subsistencia, y gran parte de la producción se destinaba a satisfacer las necesidades del propio feudo.

Durante el feudalismo, el conocimiento no desapareció, pero cambió su contexto y sus principales instituciones.

La sociedad medieval europea estuvo fuertemente marcada por una visión teocéntrica: Dios ocupaba el centro de la explicación del mundo. La Iglesia tenía una enorme influencia sobre la educación, la cultura y la producción intelectual.

Por eso, durante buena parte de la Edad Media, muchas preguntas sobre la naturaleza se formularon dentro de un marco religioso y filosófico.

El conocimiento podía ser:

  • Religioso o teológico: explicar la realidad desde Dios y la fe.
  • Filosófico: discutir racionalmente cuestiones sobre el ser, Dios, el conocimiento y la realidad.
  • Técnico y empírico: relacionado con la agricultura, construcción, navegación, metalurgia, medicina, etc.

Pero hubo algo fundamental: el conocimiento se conservó y desarrolló

Los monasterios, las escuelas y posteriormente las universidades medievales conservaron, copiaron, estudiaron y transmitieron muchos conocimientos de la Antigüedad.

Además, el contacto entre Europa, el mundo islámico y otras regiones permitió la circulación de conocimientos de matemáticas, astronomía, medicina y filosofía.

Por tanto, sería incorrecto decir:

"En la Edad Media no hubo ciencia."

Es mejor decir:

"Durante la Edad Media predominó una concepción teocéntrica del conocimiento, pero también se conservaron, desarrollaron y transmitieron conocimientos que posteriormente serían fundamentales para el surgimiento de la ciencia moderna."

La sociedad feudal era principalmente agraria, rural y jerárquica, y estaba fuertemente influida por la Iglesia. Predominaba una visión teocéntrica, en la que Dios ocupaba el centro de la explicación de la realidad. Por ello, el conocimiento estaba fuertemente vinculado a la religión, la tradición y la autoridad. Esto limitó el desarrollo de una ciencia basada en la observación y la experimentación, aunque no impidió que existieran importantes avances en matemáticas, astronomía, medicina y otras áreas.

Esta situación comenzó a cambiar con el Renacimiento y la Revolución Científica. Nicolás Copérnico propuso que la Tierra no era el centro del universo, sino que giraba alrededor del Sol. Posteriormente, Galileo Galilei, mediante la observación telescópica y el uso de las matemáticas, aportó evidencias que cuestionaron el modelo tradicional.

IV. Capitalismo: conocimiento y ciencia

El capitalismo transforma profundamente la relación entre sociedad, conocimiento y ciencia. A diferencia del feudalismo, donde predominaba una visión teocéntrica y el conocimiento estaba fuertemente ligado a la religión y la autoridad, el desarrollo del capitalismo estuvo acompañado por una mayor valoración de la razón, la observación, la experimentación y la aplicación práctica del conocimiento.

El crecimiento del comercio, las ciudades, la burguesía y posteriormente generó nuevas necesidades: había que mejorar las técnicas de producción, construir máquinas, navegar, medir territorios, calcular, transportar mercancías y aumentar la productividad. Por eso, el conocimiento comenzó a tener cada vez más valor para transformar la naturaleza y producir riqueza.

Aunque en el capitalismo, el trabajador es jurídicamente libre, no posee los medios de producción y debe vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario (que se paga a menos de lo que corresponde)

El trabajador produce mercancías que el capitalista vende en el mercado (a mas de lo que realmente valen). Esta  diferencia  de ambos es la plusvalía, que queda en manos del capitalista.

V. Eventos que permitieron el paso del feudalismo al capitalismo y el desarrollo de la ciencia

Reforma Protestante

La Reforma Protestante, iniciada en el siglo XVI con figuras como Martín Lutero, cuestionó la autoridad de la Iglesia católica y rompió la unidad religiosa de Europa. Favoreció nuevas formas de pensar, una mayor valoración de la lectura y la educación, y el cuestionamiento de autoridades y tradiciones establecidas.

En relación con el conocimiento, contribuyó a crear un ambiente intelectual en el que la autoridad podía ser cuestionada y las personas podían acceder directamente a los textos religiosos. 

Revolución Francesa

La Revolución Francesa de 1789 cuestionó el orden feudal y los privilegios de la aristocracia y el clero. Impulsó ideas de libertad, igualdad, ciudadanía y derechos, y fortaleció políticamente a la burguesía. Con ello se debilitaron las estructuras sociales y políticas del Antiguo Régimen que obstaculizaban el desarrollo del capitalismo.

También fortaleció la idea de que la razón y el conocimiento podían contribuir a transformar la sociedad. La educación, la ciencia y el conocimiento comenzaron a considerarse asuntos de interés público y no exclusivamente de las instituciones religiosas.

Revolución Industrial

La Revolución Industrial, iniciada en Inglaterra durante el siglo XVIII, transformó la producción: se pasó progresivamente del taller artesanal a la fábrica y a la producción mecanizada. La máquina de vapor, perfeccionada por James Watt, permitió utilizar una nueva fuente de energía para mover máquinas, impulsar fábricas y posteriormente locomotoras y barcos. La imprenta, desarrollada antes por Gutenberg, fue fundamental para difundir rápidamente libros e ideas, facilitando la expansión del conocimiento y de las nuevas ideas.

La industrialización aumentó enormemente la producción y creó nuevas necesidades de conocimiento científico y técnico. La máquina de vapor, la mecanización y posteriormente la electricidad exigieron aplicar conocimientos de física, química y matemáticas a la producción. Así, la ciencia y la tecnología comenzaron a convertirse cada vez más en fuerzas productivas del capitalismo.

Introducción al trabajo y los modos de producción en la historia

 El trabajo en la comunidad primitiva

Antes del esclavismo, del feudalismo y el capitalismo, las sociedades humanas se organizaron en lo que suele llamarse comunidad primitiva. Se trataba de grupos humanos pequeños que vivían principalmente de la caza, la pesca, la recolección de frutos, semillas y plantas, y, en algunos casos, de formas iniciales de agricultura y domesticación de animales. El trabajo era necesario para garantizar la supervivencia colectiva: obtener alimento, fabricar herramientas, construir refugios, proteger al grupo y cuidar a niñas, niños, personas mayores o enfermas.

En muchas de estas comunidades, los grupos eran nómadas o seminómadas. Esto significa que se desplazaban de un lugar a otro según la disponibilidad de agua, animales, frutos, plantas y condiciones climáticas favorables. Como no permanecían de manera estable en un solo territorio, no existía la acumulación de grandes propiedades privadas sobre la tierra. La tierra, los bosques, los ríos y los recursos naturales eran aprovechados colectivamente por el grupo. Esta vida en movimiento también exigía cooperación, porque sobrevivir dependía del apoyo mutuo y de la organización común.

El trabajo no estaba organizado mediante empleos, salarios o contratos, como ocurre en muchas sociedades actuales. Tampoco existía una clase de propietarios que contratara o controlara de forma permanente el trabajo de otra clase. Las tareas se distribuían según las necesidades del grupo, las capacidades de cada persona, la edad, la experiencia y, en algunos casos, según diferencias de género. Algunas personas se dedicaban principalmente a cazar o pescar; otras recolectaban alimentos, preparaban refugios, cuidaban a la niñez, elaboraban utensilios o transmitían conocimientos sobre el territorio y la naturaleza.

La división de tareas no debe interpretarse automáticamente como una desigualdad rígida. Aunque podían existir responsabilidades diferenciadas, la supervivencia dependía del reconocimiento de que todas las actividades eran necesarias. Recolectar alimentos, cuidar a las niñas y los niños, elaborar herramientas, conocer las plantas medicinales o proteger el campamento tenía tanta importancia como cazar. El trabajo de cuidados y reproducción de la vida formaba parte de la actividad colectiva, no era una labor completamente separada ni considerada ajena a la economía del grupo.

En la comunidad primitiva predominaba la propiedad colectiva de los recursos y de los instrumentos básicos de trabajo. Esto no significa que nadie tuviera objetos personales; una persona podía utilizar sus herramientas, adornos o utensilios. Sin embargo, no existía la propiedad privada de la tierra, de grandes extensiones de recursos ni de los medios para controlar y explotar sistemáticamente el trabajo de otras personas. La producción se orientaba principalmente al uso y a la subsistencia del grupo, no a la acumulación de ganancias individuales.

Por ello, los productos obtenidos mediante el trabajo eran compartidos conforme a las necesidades y normas colectivas. Si una persona lograba cazar un animal o recolectar una cantidad importante de alimentos, lo usual era que estos bienes fueran distribuidos entre el grupo. La cooperación era una condición práctica de supervivencia en contextos donde los recursos podían ser escasos, el clima cambiante y los peligros constantes. La solidaridad, entonces, no era solo un valor moral, sino una forma concreta de organización social.

Con el paso del tiempo, el desarrollo de la agricultura, la ganadería y el asentamiento permanente en determinados territorios produjo cambios importantes. Al permanecer en un lugar, cultivar la tierra y generar excedentes, algunas comunidades comenzaron a acumular bienes y a establecer formas más estables de control sobre territorios y recursos. Estas transformaciones favorecieron el surgimiento de diferencias sociales, jerarquías y formas de propiedad que, posteriormente, facilitaron la aparición de sociedades divididas en clases.

La transición hacia formas sociales como el esclavismo no fue igual ni ocurrió al mismo tiempo en todos los pueblos. Sin embargo, permite comprender un cambio central: mientras en muchas comunidades primitivas el trabajo se organizaba principalmente mediante la cooperación y el uso colectivo de los recursos, en el esclavismo el trabajo pasó a estructurarse a partir de la propiedad de unas personas sobre otras. Así, la comunidad primitiva constituye un antecedente histórico importante para entender cómo se transformaron el trabajo, la propiedad y las desigualdades sociales a lo largo de la historia. 

El trabajo en la transición del esclavismo al feudalismo

La historia del trabajo permite comprender cómo las sociedades han organizado la producción, la distribución de la riqueza y las relaciones entre los distintos grupos sociales. En el esclavismo, el trabajo estaba basado en la explotación directa de personas esclavizadas. Estas personas eran consideradas propiedad de sus dueños y podían ser compradas, vendidas o heredadas. Su trabajo era utilizado en la agricultura, la construcción, el servicio doméstico, la minería y otras actividades económicas. La persona esclavizada no tenía libertad sobre su trabajo ni recibía una remuneración; producía bienes y riquezas que eran apropiados por sus propietarios por la fuerza.

Este sistema también produjo una marcada división de clases. En la parte superior se encontraban los propietarios y grupos dominantes, mientras que en la base estaban las personas esclavizadas, quienes realizaban las tareas más pesadas y carecían de derechos políticos y sociales. La organización familiar y social estaba vinculada a la propiedad, la herencia y el control de la fuerza de trabajo. Por esa razón, el esclavismo no fue únicamente una forma económica, sino también un sistema jurídico y político que justificaba la dominación.

Con la crisis del esclavismo y la transformación de las relaciones sociales surgió progresivamente el feudalismo. En este sistema, la tierra se convirtió en el principal medio de producción y la sociedad quedó organizada alrededor de los señores feudales, los campesinos y otras figuras dependientes. El señor controlaba el feudo y ofrecía protección militar, mientras que los campesinos trabajaban la tierra y entregaban parte de su producción o de su tiempo de trabajo.

El campesino del sistema feudal no era exactamente una persona esclavizada, porque generalmente podía formar una familia, conservar algunos instrumentos y trabajar una pequeña parcela para su propio sustento. Sin embargo, no era completamente libre. Estaba sujeto a obligaciones con el señor feudal, como trabajar determinados días en las tierras del señor, entregar una parte de la cosecha o pagar tributos. Su libertad estaba limitada por su dependencia económica y territorial.

En el feudalismo, la familia constituía una unidad importante de producción. Las mujeres, los hombres, las niñas y los niños participaban en las labores agrícolas, domésticas y artesanales. Sin embargo, estas tareas no se distribuían de manera igualitaria. Existían diferencias según el género, la edad y la posición social. El trabajo de las mujeres, especialmente el relacionado con el cuidado, la alimentación y la reproducción de la vida, era fundamental, aunque muchas veces no recibía reconocimiento.

Otra característica del feudalismo fue la relación de dependencia personal. El campesino no vendía su trabajo en un mercado como ocurre con el empleo asalariado moderno, sino que estaba vinculado a la tierra y a la autoridad del señor feudal. Su trabajo era obligatorio dentro de un orden social jerárquico. Esta relación se justificaba mediante tradiciones, normas jurídicas y discursos religiosos que presentaban la desigualdad como parte del orden natural de la sociedad.

La religión tuvo un papel importante en la legitimación del sistema feudal. La Iglesia participaba en la organización de la vida social, política y cultural, y contribuía a justificar la existencia de jerarquías entre señores, clérigos y campesinos. El orden social se presentaba como establecido por Dios, lo que podía dificultar la crítica a la desigualdad y a la explotación. No obstante, también existieron movimientos religiosos y expresiones de resistencia que cuestionaron la riqueza y el poder de los grupos dominantes.

Tanto en el esclavismo como el capitalismo, el trabajo estaba relacionado con la apropiación de la tierra, los bienes y la producción. En el esclavismo, el propietario controlaba directamente a la persona trabajadora. En el feudalismo, el señor feudal controlaba principalmente la tierra y las obligaciones que recaían sobre el campesino. La diferencia principal es que la explotación esclavista convertía a la persona en propiedad, mientras que la explotación feudal se basaba en la dependencia de los campesinos respecto de la tierra y del señor.

A pesar de estas diferencias, tanto el esclavismo como el feudalismo fueron sistemas caracterizados por la desigualdad. En ambos casos, quienes realizaban la mayor parte del trabajo no controlaban plenamente los recursos ni disfrutaban de los beneficios de su producción. Esta situación permite observar que el trabajo no es solamente una actividad individual, sino una relación social atravesada por el poder, la propiedad, la clase, el género y las instituciones políticas y religiosas.

Estudiar estas formas históricas de trabajo ayuda a comprender que las relaciones laborales cambian con el tiempo. El empleo asalariado moderno no apareció de manera natural, sino que surgió después de profundas transformaciones económicas, políticas y sociales. La transición del esclavismo al feudalismo, y posteriormente del feudalismo al capitalismo, modificó la forma en que las personas accedían a la tierra, producían bienes y se relacionaban con quienes controlaban la riqueza.

Desaparición del feudalismo

La desaparición del feudalismo no fue causada por un único hecho. Fue un proceso prolongado en el que cambiaron las ideas, las relaciones políticas, la producción y la forma de entender el trabajo. La Reforma protestante, la Revolución francesa y la Revolución industrial fueron procesos distintos, ocurridos en momentos diferentes, pero juntos debilitaron las bases del orden feudal y facilitaron el surgimiento de la sociedad capitalista.

Del trabajo feudal al trabajo libre

En el feudalismo, la tierra era la principal fuente de riqueza. La mayoría de la población campesina trabajaba parcelas vinculadas a un señor feudal y debía entregar tributos, parte de la cosecha o jornadas de trabajo obligatorias. No se trataba aún del empleo asalariado moderno: el campesino no vendía libremente su fuerza de trabajo a una empresa, sino que estaba sujeto a obligaciones por su relación con la tierra y con el señor.

El trabajo estaba organizado mediante una jerarquía social rígida. La nobleza controlaba tierras y privilegios; el clero tenía una enorme influencia religiosa, política y económica; los campesinos realizaban gran parte de la producción. La movilidad social era limitada y el nacimiento definía, en buena medida, el lugar que cada persona ocupaba en la sociedad.

Con el crecimiento de las ciudades, el comercio y los talleres artesanales, comenzó a aparecer una población menos vinculada a la tierra. Mercaderes, artesanos y propietarios urbanos fueron ganando importancia económica. Esto abrió paso a relaciones sociales más centradas en el intercambio, el dinero, los contratos y la búsqueda de beneficios, elementos que serían centrales para el capitalismo.

Reforma protestante e individualismo

La Reforma protestante del siglo XVI cuestionó la autoridad religiosa centralizada de la Iglesia católica y debilitó una de las instituciones fundamentales del mundo feudal. Al poner énfasis en la relación personal entre el creyente y Dios, en la lectura individual de la Biblia y en la responsabilidad moral de cada persona, contribuyó a fortalecer una visión más individualizada de la vida social.

También revalorizó la actividad cotidiana y el trabajo disciplinado. En ciertas corrientes protestantes, el trabajo podía ser entendido como una vocación: una forma de cumplir responsablemente con los deberes de la vida. Esta valoración no creó por sí sola el capitalismo, pero ayudó a promover actitudes favorables al ahorro, la disciplina, la responsabilidad individual y la acumulación.

Además, la Reforma redujo el poder económico y político de instituciones religiosas en diversos territorios europeos. La confiscación o redistribución de propiedades eclesiásticas y el fortalecimiento de monarquías y grupos urbanos modificaron las antiguas relaciones de poder. Así, el individuo comenzó a ser pensado menos como integrante fijo de un estamento feudal y más como una persona responsable de su conducta, su trabajo y su posición social.

Revolución francesa y ciudadanía

La Revolución francesa de 1789 tuvo un impacto político directo sobre el feudalismo. Sus principios de libertad, igualdad y fraternidad cuestionaron una sociedad basada en privilegios heredados, donde la nobleza y el clero contaban con derechos especiales y la mayoría de la población soportaba cargas tributarias y obligaciones feudales.

La libertad significaba, entre otras cosas, cuestionar la subordinación personal y las restricciones que impedían a las personas desplazarse, contratar, comerciar o ejercer actividades económicas. La igualdad planteaba que las personas debían ser consideradas ciudadanas iguales ante la ley, en vez de pertenecer a órdenes o estamentos con privilegios distintos. La fraternidad expresaba un ideal de comunidad política entre ciudadanos, aunque en la práctica sus alcances fueron limitados y excluyeron inicialmente a muchos grupos.

En agosto de 1789, la Asamblea Nacional francesa decretó la abolición del sistema feudal, eliminando privilegios de nobleza y clero, obligaciones señoriales y formas de servidumbre personal. Este hecho fue decisivo porque atacó jurídicamente la base del poder feudal: el derecho de los señores a exigir trabajo, pagos y obediencia de la población campesina.

Para el mundo del trabajo, la Revolución francesa contribuyó a transformar a los antiguos súbditos en ciudadanos formalmente libres. Sin embargo, esa libertad no garantizaba igualdad económica. Una persona podía ser libre ante la ley y, al mismo tiempo, no tener tierra, herramientas ni recursos para sobrevivir. En estas condiciones, muchas personas solo podían vivir vendiendo su capacidad de trabajar a cambio de un salario.

Revolución industrial y empleo asalariado

La Revolución industrial transformó materialmente la forma de trabajar. Su desarrollo comenzó en Gran Bretaña durante el siglo XVIII y se expandió en los siglos XIX y XX. La máquina de vapor fue una innovación fundamental porque permitió mover maquinaria sin depender exclusivamente de la fuerza humana, animal, del viento o del agua. Esto favoreció la concentración de la producción en fábricas, el aumento de la escala productiva y la expansión de los mercados.

La imprenta no fue inventada durante la Revolución industrial: su desarrollo europeo se asocia a Johannes Gutenberg en el siglo XV, antes de la Reforma protestante y de la industrialización. Sin embargo, fue decisiva como antecedente porque facilitó la circulación de libros, panfletos, periódicos, conocimientos técnicos e ideas religiosas y políticas. Posteriormente, la expansión de la prensa y de la alfabetización apoyó la difusión de saberes científicos y técnicos necesarios para el desarrollo industrial.

El tecnicismo, entendido como la creciente confianza en la técnica, la ciencia aplicada y la maquinaria para organizar la producción, cambió el ritmo y las condiciones del trabajo. En lugar de producir principalmente en pequeñas parcelas campesinas o talleres artesanales, muchas personas comenzaron a trabajar en fábricas bajo horarios fijos, supervisión, disciplina y salarios. El dueño de la fábrica poseía las máquinas, las materias primas y el capital; el trabajador poseía principalmente su fuerza de trabajo.

Este cambio dio origen al empleo asalariado moderno. La persona trabajadora era jurídicamente libre: ya no era propiedad de un amo ni estaba ligada personalmente a un señor feudal. Pero dependía del salario para sobrevivir. Por eso, la libertad formal del capitalismo coexistió con nuevas formas de desigualdad y explotación: largas jornadas, bajos salarios, trabajo infantil, condiciones insalubres y ausencia inicial de protecciones laborales.



El trabajo en el capitalismo

En el capitalismo, el trabajo se organiza principalmente mediante la relación entre la burguesía y el proletariado. La burguesía está formada por quienes poseen los medios de producción: fábricas, empresas, tierras, maquinaria, capital y materias primas. El proletariado, en cambio, está compuesto por quienes no poseen esos medios y, para sobrevivir, deben vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario.marxists+1

A diferencia del feudalismo, donde predominaban vínculos personales de dependencia entre señor y campesino, en el capitalismo las relaciones sociales se vuelven principalmente pecuniarias, es decir, mediadas por el dinero. El trabajador no está jurídicamente ligado a un señor feudal, sino que es formalmente libre para contratarse; sin embargo, necesita obtener un salario para cubrir sus necesidades y las de su familia. Por eso, su libertad formal convive con una dependencia económica respecto de quien ofrece empleo.

La explotación capitalista, desde una lectura marxista, se explica porque el trabajador produce un valor mayor al que recibe como salario. Por ejemplo, una persona puede trabajar durante una jornada produciendo bienes o servicios que luego se venden por un valor elevado, pero solo recibe una parte de ese valor en forma de salario. La diferencia entre el valor creado por el trabajo y lo que se paga al trabajador es apropiada por el propietario como ganancia o plusvalía.

La mercancía es un bien o servicio producido para ser vendido en el mercado. Su precio de venta incorpora materias primas, maquinaria, transporte y otros costos, pero también el valor generado por el trabajo humano. Cuando el empresario vende la mercancía por un valor superior al costo salarial pagado, obtiene una ganancia. Por ello, en el capitalismo, el trabajador vende su fuerza de trabajo, mientras que el burgués controla las condiciones de producción y la venta de las mercancías.marxists+1

Dentro de esta estructura social, las mujeres de familias proletarias han ocupado históricamente una posición especialmente subordinada. Además de incorporarse muchas veces al trabajo asalariado, realizan trabajo doméstico y de cuidados: cocinar, limpiar, criar, cuidar a personas enfermas y sostener emocionalmente a la familia. Este trabajo suele ser no remunerado, pero permite que la fuerza de trabajo se alimente, descanse y se reproduzca diariamente. Es decir, sostiene indirectamente la producción capitalista.

Así, el capitalismo establece una jerarquía: la burguesía controla la riqueza y los medios de producción; el proletariado vende su fuerza de trabajo por un salario; y, dentro de los hogares trabajadores, muchas mujeres cargan con una parte decisiva del trabajo de reproducción social sin recibir pago ni reconocimiento equivalente. Analizar estas relaciones permite comprender que el trabajo capitalista no es solo una actividad económica, sino también una relación de poder basada en la propiedad, el salario, el dinero y las desigualdades de clase y género. Que luego aborda Silvia Federici en "El calibán y la bruja"

viernes, 8 de mayo de 2026

Comunicaciones desde los paradigmas, análisis teórico

La comunicación es el proceso mediante el cual se produce, distribuye y consume un mensaje transmitido por un emisor hacia un receptor, a través de un canal y utilizando códigos compartidos, dentro de un contexto y escenario determinados, considerando posibles barreras o ruidos pero orientado hacia un objetivo específico. No todos los elementos de la comunicación deben estar presentes en cada acto comunicativo. Existen formas sencillas de comunicación que no constituyen un discurso, como los gestos cotidianos (una sonrisa, un saludo con la mano, un asentimiento), las señales visuales (un semáforo en rojo, un cartel de “prohibido fumar”), los sonidos ambientales (una sirena de ambulancia, el timbre de una escuela) o las interacciones breves (“sí”, “no”, “gracias”). Todos ellos comunican, pero no desarrollan un discurso estructurado.

El discurso puede definirse como un acto comunicacional complejo, estructurado e intencional que sí requiere considerar de manera cuidadosa los distintos elementos de la comunicación. A diferencia de formas simples de comunicación, el discurso implica una organización coherente de mensajes orientados a producir sentidos, influir, argumentar, persuadir, informar o representar una determinada visión de la realidad.

En el discurso, el emisor construye estratégicamente el mensaje tomando en cuenta al receptor, el contexto, el escenario, el canal, los códigos compartidos, los posibles ruidos o barreras y el objetivo comunicativo que desea alcanzar. Por ello, el discurso no consiste únicamente en transmitir información, sino en elaborar significados de manera consciente dentro de una situación social específica.

Mientras algunas formas de comunicación pueden ser inmediatas, espontáneas y poco elaboradas —como un gesto, una señal o una respuesta breve—, el discurso supone un mayor nivel de elaboración simbólica y reflexiva. En él, los elementos comunicativos adquieren relevancia porque influyen en la interpretación y en los efectos del mensaje. El contexto histórico, cultural, político o social puede modificar profundamente el sentido del discurso, así como las características del público al que se dirige.

Por ello, el discurso no es simplemente “comunicar algo”, sino desarrollar un proceso comunicativo complejo donde los mensajes se organizan con intención, estructura y significado dentro de determinadas relaciones sociales y de poder. Sino que en el discurso es indispensable considerar todos los elementos de la comunicación, y por tanto, analiza estos cómo interactúan entre síde ahi que sea importante definirlos:

C – Código
El código es el sistema de signos y reglas que permite construir y comprender el mensaje. Puede ser verbal (lenguaje hablado o escrito), visual (imágenes, símbolos), sonoro (música, tonos) o multimodal (combinación de varios). Su eficacia depende de que emisor y receptor compartan el mismo código o tengan la capacidad de interpretarlo correctamente.

R – Receptor
El receptor es el individuo o grupo que recibe el mensaje. Su papel es decodificarlo, interpretarlo y reaccionar en función de sus conocimientos, experiencias y condiciones personales. La recepción nunca es completamente pasiva: siempre implica un proceso de interpretación.

E – Emisor
El emisor u orador es el sujeto, institución o entidad que produce y transmite el mensaje. Su función principal es codificar la información de manera que pueda ser comprendida por el receptor. El emisor define la intención comunicativa y selecciona el canal más adecuado para lograr su objetivo.

C – Canal
El canal es el medio físico o tecnológico por el cual circula el mensaje. Puede ser oral, escrito, visual, audiovisual, digital o presencial directo. La elección del canal influye en la velocidad, alcance y calidad de la transmisión.

E – Escenario
El escenario es el espacio físico o situación concreta donde ocurre la comunicación. Incluye el lugar, el momento histórico, los actores presentes y las condiciones visibles de la interacción.

R – Ruido
El ruido son las interferencias que afectan la transmisión del mensaje. Puede ser físico (sonidos externos), técnico (fallas en el canal), semántico (uso de códigos no compartidos) o psicológico (distracciones, prejuicios). El ruido puede distorsionar o impedir la comprensión.

C – Contexto
El contexto son las condiciones externas que rodean la comunicación: políticas, económicas, sociales, culturales e históricas. El contexto explica por qué un mismo mensaje puede tener interpretaciones distintas según el entorno en el que se recibe.

O – Objetivo
El objetivo es el resultado esperado del proceso comunicativo. Puede ser informar, persuadir, entretener, educar o movilizar. El objetivo guía la forma en que se construye y transmite el mensaje.

M – Mensaje
El mensaje es el contenido transmitido de forma observable y medible. Puede ser verbal, visual, sonoro o multimodal. Representa la información, idea o emoción que el emisor desea compartir con el receptor.

Cuando se revisan a fondo estos elementos, surge el análisis del discurso, este se da con la reflexión de la interacción de todos los elementos y representa el producto concreto del proceso comunicativo, permite analizar a fondo el contenido simbólico y explicito que analiza los diferentes contextos sociales, culturales o políticos. El discurso constituye una práctica comunicativa fundamental en la vida pública, pues articula las relaciones entre poder, economía, autoridad y ciudadanía. Diversos autores como Van Dijk, 1999 han señalado la importancia del análisis del discurso. El mismo puede hacerse desde diferentes paradigmas.

La comunicación desde los paradigmas:

Los paradigmas son marcos de pensamiento o conjuntos de ideas, supuestos, valores, conceptos y métodos que orientan la manera en que las personas observan, explican e investigan un fenómeno. En otras palabras, un paradigma actúa como una “lente” que influye en cómo se hacen preguntas, qué se considera importante, qué métodos se utilizan y cómo se interpretan los resultados.

Desde el posititivismo el discurso se entiende como un proceso lineal, observable y medible que busca explicar cómo un mensaje es transmitido de un emisor hacia un receptor para generar un efecto determinado. Por ello, este enfoque responde preguntas como: ¿quién da el mensaje?, ¿a quién se dirige?, ¿qué dice?, ¿cómo lo transmite?, ¿cuándo ocurre?, ¿dónde sucede? y ¿qué efectos produce? En este sentido, el emisor u orador es quien produce y envía el mensaje; el receptor es quien lo recibe; el mensaje corresponde al contenido transmitido; el código es el sistema de signos compartidos que permite comprenderlo; y el canal es el medio utilizado para comunicarlo, ya sea oral, escrito, visual, digital o audiovisual. Asimismo, el paradigma positivista considera el escenario o lugar físico donde ocurre la comunicación y el contexto social, político, económico y cultural que rodea el proceso. También reconoce la existencia de ruidos o interferencias que pueden alterar la transmisión del mensaje. Finalmente, la comunicación posee un objetivo específico, entendido como el efecto o resultado que se espera producir en el receptor, lo cual puede ser estudiado y medido de manera científica.

Desde el paradigma estructural-funcionalista, el discurso se entiende como un sistema compuesto por elementos interrelacionados que cumplen funciones específicas para mantener el orden, la integración y el funcionamiento de la sociedad. Este enfoque analiza cómo cada componente de la comunicación aporta a la estabilidad de la estructura social, considerando que las sociedades están organizadas mediante normas, valores, instituciones y reglas formales e informales que orientan el comportamiento de los individuos. Además, este paradigma distingue entre sociedades con solidaridad mecánica, caracterizadas por relaciones más simples y homogéneas, y sociedades con solidaridad orgánica, más complejas y especializadas, donde los individuos dependen unos de otros a través de funciones diferenciadas.

En este marco, el emisor no es únicamente quien transmite el mensaje, sino un actor que ocupa un rol dentro de una estructura social determinada y que comunica según normas culturales, institucionales y sociales. El receptor, por su parte, cumple la función de interpretar y responder al mensaje dentro de los límites y expectativas establecidos por la sociedad. El código se comprende como un sistema de signos, símbolos y significados compartidos —materiales o inmateriales— que permite la comunicación y que existe gracias a reglas sociales formales e informales aprendidas colectivamente. El mensaje constituye el contenido que circula dentro del sistema y que contribuye a transmitir valores, información, normas o ideologías necesarias para la cohesión social.

El canal es el medio físico o tecnológico que permite la circulación del mensaje, ya sea oral, escrito, audiovisual, digital o presencial, y su función es conectar a los distintos actores del sistema social. El escenario corresponde al espacio físico o institucional donde ocurre la comunicación, como la escuela, la familia, los medios de comunicación o las redes digitales, espacios que también forman parte de la estructura social. El contexto incluye las condiciones políticas, económicas, sociales y culturales que rodean el proceso comunicativo y que influyen en el significado y función de los mensajes. Asimismo, el ruido representa las interferencias o alteraciones que dificultan el correcto funcionamiento de la comunicación y pueden afectar la estabilidad del sistema. Finalmente, el objetivo de la comunicación consiste en producir determinados efectos sociales, como informar, integrar, educar, persuadir o mantener el orden social, permitiendo así la continuidad y funcionamiento de la estructura colectiva.

Desde el paradigma comprensivo o interpretativo, el discurso no se entiende únicamente como una transmisión mecánica de mensajes, sino como un proceso de construcción de significados entre sujetos sociales. Se busca comprender las intenciones que las personas atribuyen a sus acciones comunicativas, especialmente desde el significado que el emisor y el receptor otorgan al proceso comunicativo dentro de su contexto cultural e histórico. En este paradigma, el emisor u orador es un sujeto social que actúa guiado por motivos, valores, emociones, intereses, creencias e intenciones. Busca comprender qué tipo de orador es, cuáles son los motivos que orientan su acción social y qué significado tiene para él el mensaje que comunica. De igual manera, el receptor es una persona que interpreta el mensaje desde sus propias experiencias, conocimientos, emociones y contexto social. Por ello, un mismo mensaje puede adquirir diferentes significados dependiendo de quién lo recibe.

El código se entiende como un conjunto de símbolos y significados compartidos culturalmente, cuyo sentido puede variar según la experiencia de los participantes. El mensaje deja de ser únicamente un contenido observable y medible, para convertirse en una construcción simbólica cargada de significados subjetivos. El canal y el escenario también son importantes porque influyen en la manera en que las personas interpretan la comunicación, mientras que el contexto social, cultural, político e histórico resulta fundamental para comprender por qué las personas comunican de determinada manera. Incluso el ruido puede interpretarse no solo como una interferencia técnica, sino también como diferencias culturales, emocionales o de interpretación que afectan la comprensión mutua. Finalmente, el objetivo de la comunicación, desde este paradigma, no se limita a producir un efecto medible, sino a generar comprensión, interacción y construcción compartida de significados entre los individuos.

Desde el paradigma crítico, el discurso es un proceso que cuestiona por relaciones de poder, dominación y desigualdad social. Este enfoque no solo busca comprender o describir la realidad, sino también transformarla mediante una metodología orientada al cambio social. Por ello, la comunicación es entendida como un espacio donde pueden reproducirse o cuestionarse formas de explotación material e inmaterial presentes en la sociedad. Entre las formas de explotación material se encuentra la apropiación desigual del trabajo, por ejemplo, cuando el salario pagado al trabajador es menor al valor que produce, o cuando las mercancías adquieren precios alejados de su valor real dentro del sistema capitalista. Asimismo, el paradigma crítico analiza formas de explotación inmaterial, como la alienación, entendida como el proceso mediante el cual las personas pierden control o sentido sobre su trabajo, sobre el producto que generan, sobre los demás y sobre sí mismas. También estudia fenómenos como el fetichismo de la mercancía, donde los productos parecen tener valor propio ocultando las relaciones sociales de explotación que los producen, y la religión entendida por algunos autores marxistas como “opio del pueblo”, al funcionar en ciertos contextos como mecanismo de resignación y legitimación del orden existente. Frente a ello, este paradigma propone desarrollar conciencia crítica o conciencia de clase para cuestionar y transformar las estructuras de dominación.

Desde esta perspectiva, los elementos de la comunicación adquieren un significado político y social. El emisor u orador puede actuar reproduciendo ideologías dominantes, legitimando desigualdades y promoviendo formas de explotación, o bien puede convertirse en un actor crítico que denuncie injusticias y fomente procesos de transformación social. El receptor no es visto únicamente como alguien que recibe información, sino como un sujeto capaz de desarrollar conciencia crítica frente a los mensajes y las estructuras de poder que estos representan. El mensaje puede contener ideologías, valores o discursos que mantengan la dominación social o, por el contrario, que impulsen resistencia y cambio social. El código y el lenguaje también son analizados críticamente, ya que pueden incluir símbolos, conceptos y narrativas que normalizan desigualdades o invisibilizan conflictos sociales.

El canal y los medios de comunicación son entendidos como espacios de disputa política y cultural, donde distintos grupos buscan influir en la opinión pública y en la construcción de la realidad social. El contexto político, económico, social y cultural es fundamental porque determina las relaciones de poder en las que ocurre la comunicación. Incluso el ruido puede interpretarse como censura, manipulación, desinformación o barreras ideológicas que dificultan el acceso a una comprensión crítica de la realidad. Finalmente, el objetivo de la comunicación, desde el paradigma crítico, no consiste únicamente en transmitir información, sino en promover reflexión, conciencia social, emancipación y transformación de las condiciones de desigualdad y dominación presentes en la sociedad.

Desde el paradigma conductista, se entiende como un proceso de estímulo (del orador) y respuesta (del receptor) en el que los comportamientos humanos pueden ser observados, medidos y modificados. Este enfoque se centra en las conductas visibles y en controlar los efectos que los mensajes producen en las personas, dejando en segundo plano los pensamientos internos o las interpretaciones subjetivas. Por ello,  la comunicacion es una herramienta capaz de influir, condicionar y moldear comportamientos mediante recompensas, castigos, repetición y asociación de estímulos.

Desde este paradigma, el emisor cumple la función de producir estímulos comunicativos diseñados para generar determinadas respuestas en el receptor. El receptor es entendido como un sujeto que reacciona ante los estímulos recibidos, pudiendo modificar su conducta según los refuerzos positivos o negativos asociados al mensaje. El mensaje se considera un estímulo observable que busca provocar efectos específicos, como persuadir, enseñar, motivar el consumo, cambiar hábitos o reforzar comportamientos sociales. El código corresponde al sistema de signos utilizado para que el estímulo sea comprendido correctamente por el receptor, mientras que el canal es el medio a través del cual se transmite el estímulo, ya sea oral, escrito, audiovisual, digital o presencial.

El escenario y el contexto son importantes porque las condiciones ambientales y sociales influyen en la respuesta conductual de las personas. Por ejemplo, la familia, la escuela, los medios de comunicación o las redes sociales pueden funcionar como espacios de aprendizaje y condicionamiento. Asimismo, el ruido representa cualquier interferencia que dificulte que el estímulo produzca la respuesta esperada. Desde esta perspectiva, el objetivo de la comunicación consiste en generar respuestas observables y medibles, modificando conductas individuales o colectivas mediante procesos de aprendizaje, repetición y condicionamiento. Por ello, el paradigma conductista ha influido en áreas como la publicidad, la propaganda, la educación y la comunicación política, donde se busca influir en el comportamiento de las personas a través de mensajes estratégicamente diseñados.

Teorías de la comunicación

Antes de estudiar las teorías en la ciencia de la comunicación, es importante comprender tres conceptos fundamentales del conocimiento científico: hipótesis, teoría y ley. Estos conceptos representan distintos niveles de explicación y comprensión de la realidad.

Una hipótesis es una idea, proposición o explicación provisional que busca responder una pregunta o explicar un fenómeno. Se formula a partir de observaciones y debe poder comprobarse mediante investigación, observación o experimentación. En otras palabras, la hipótesis es una posible respuesta que todavía no ha sido demostrada completamente. Por ejemplo, en comunicación podría plantearse la hipótesis de que “las personas jóvenes pasan más tiempo informándose por redes sociales que por televisión”.

Una teoría es un conjunto organizado de conceptos, ideas y explicaciones que interpreta cómo y por qué ocurre un fenómeno. Las teorías se construyen a partir de investigaciones, evidencias y observaciones acumuladas, y sirven para comprender, analizar y predecir ciertos procesos de la realidad. En comunicación, las teorías explican cómo circulan los mensajes, cómo influyen los medios o cómo las personas interpretan la información. A diferencia de una hipótesis, una teoría posee mayor respaldo científico y desarrollo conceptual.

Una ley científica es un principio general que describe relaciones constantes y repetitivas entre fenómenos observables. Las leyes suelen expresar regularidades que ocurren de manera consistente bajo determinadas condiciones. Generalmente buscan describir qué ocurre, mientras que las teorías intentan explicar por qué ocurre. En las ciencias naturales existen leyes muy conocidas, como la ley de gravedad. En las ciencias sociales y la comunicación es más difícil establecer leyes universales porque el comportamiento humano cambia según el contexto histórico, cultural y social.

Las teorías de la comunicación son conjuntos organizados de conceptos, ideas y explicaciones que buscan comprender, describir e interpretar cómo funciona la comunicación entre las personas, los grupos y las sociedades. Estas teorías analizan elementos como el emisor, el receptor, el mensaje, el canal, el contexto, los efectos de los medios y la construcción de significados, con el objetivo de explicar cómo circula la información y cómo influye la comunicación en la vida social.

Las teorías de la comunicación surgen porque la comunicación es un fenómeno complejo que puede estudiarse desde diferentes perspectivas. Algunas teorías se enfocan en los efectos de los medios sobre las personas; otras analizan cómo los individuos interpretan los mensajes; mientras que otras estudian las relaciones de poder, la cultura o la influencia social presentes en los procesos comunicativos. Algunos ejemplos son: Teoría de la aguja hipodérmica, teoría de los efectos limitados, teoría del two-step flow, teoría del multi-step flow, teoría de usos y gratificaciones, teoría de la agenda setting, teoría del framing, teoría de la espiral del silencio, etc.