viernes, 4 de septiembre de 2026

Estructural funcionalismo de Émile Durkheim: trabajo, empleo y mundo laboral

Émile Durkheim (1858–1917) es uno de los autores clásicos fundamentales de la sociología. Su obra permite comprender el trabajo no solo como una actividad económica destinada a obtener ingresos, sino también como un mecanismo de integración, regulación moral y cohesión social.

Desde una perspectiva estructural-funcionalista, la pregunta central no es únicamente por qué una persona obtiene o pierde un empleo, sino qué función cumplen el trabajo, las ocupaciones, las empresas, los contratos, los sindicatos, la educación y el Estado dentro del conjunto de la sociedad. En este sentido, el problema central puede formularse así:

¿Cómo se organiza el trabajo para que personas con ocupaciones, capacidades e intereses distintos puedan cooperar, mantener vínculos de interdependencia y sostener el orden social?

Durkheim entiende la sociedad como un sistema compuesto por partes interrelacionadas. De manera semejante a un organismo vivo, sus instituciones cumplen funciones específicas: la familia socializa; la escuela forma capacidades y transmite normas; el Estado regula derechos y obligaciones; y el sistema económico organiza la producción, la distribución, el empleo y el intercambio. En la sociedad moderna, el mundo laboral ocupa un lugar decisivo porque conecta a individuos, empresas, profesiones, instituciones públicas, mercados y consumidores.

La división del trabajo no es simplemente la repartición técnica de tareas. Para Durkheim, constituye una fuente de solidaridad: una persona depende del trabajo de muchas otras para alimentarse, transportarse, atender su salud, educarse, comunicarse o habitar una vivienda. Esa red de dependencias puede producir cohesión social cuando está acompañada por normas, derechos, responsabilidades y formas de regulación adecuadas.

1. El trabajo como hecho social

Para Durkheim, el trabajo y el empleo deben estudiarse como hechos sociales. Esto significa que no dependen exclusivamente de la voluntad, el talento o las decisiones individuales: están organizados por normas, instituciones y expectativas que existen antes de que una persona ingrese al mercado laboral.

Una persona no crea por sí sola las reglas de contratación, los títulos profesionales, los horarios, los salarios, los requisitos de experiencia, la jerarquía organizacional, las leyes laborales o las formas aceptadas de ejercer una ocupación. Al ingresar a una empresa, una institución pública, una universidad, un hospital o un comercio, encuentra un mundo laboral previamente organizado.

En el ámbito del trabajo, los hechos sociales incluyen:

  • Las ocupaciones y profesiones socialmente reconocidas.

  • La división entre trabajo manual, técnico, administrativo, profesional y directivo.

  • Los contratos de trabajo y las regulaciones laborales.

  • Las jornadas, horarios, permisos, vacaciones y mecanismos de evaluación.

  • Las normas sobre puntualidad, productividad, responsabilidad y disciplina.

  • Los salarios, prestaciones, sistemas de ascenso y jerarquías ocupacionales.

  • Los sindicatos, asociaciones profesionales, cámaras empresariales y gremios.

  • Las credenciales educativas requeridas para acceder a determinados puestos.

  • Los valores asociados al mérito, la eficiencia, la vocación, el emprendimiento o la estabilidad laboral.

Estas formas de organización son exteriores al individuo y ejercen influencia sobre él. Por ejemplo, una persona puede preferir trabajar sin horario fijo, pero una organización puede exigir asistencia a una hora determinada; puede querer desempeñar una tarea distinta, pero el puesto define funciones delimitadas; puede aspirar a un empleo profesional, pero el mercado laboral exige títulos, experiencia y certificaciones.

Característica del hecho socialExpresión en el mundo laboralEjemplo
ExterioridadLas reglas laborales existen antes de la llegada de cada trabajadorUn reglamento interno, una escala salarial o una jornada de trabajo ya están establecidos
CoerciónEl incumplimiento puede ocasionar consecuencias formales o informalesAmonestación, descuento salarial, suspensión, despido, crítica o pérdida de reputación
GeneralidadLas normas se aplican a grupos amplios de trabajadores u ocupacionesRequisitos de titulación, horarios institucionales, protocolos de seguridad o normas profesionales

Así, estudiar desde el estructural funcionalismo el empleo implica analizar las condiciones estructurales que delimitan las oportunidades y decisiones individuales: nivel educativo, clase social, género, territorio, redes sociales, estructura productiva, legislación, demanda de trabajo y reconocimiento social de las ocupaciones.

2. División del trabajo y solidaridad

La obra más importante de Durkheim para comprender el mundo laboral es La división del trabajo social. En ella analiza cómo las sociedades modernas se vuelven más complejas a medida que aumentan la especialización ocupacional y la interdependencia entre personas, grupos e instituciones.

En la solidaridad mecánica tiene poca especialización y tareas relativamente semejantes, sus miembros poseen similitud de creencias, costumbres, actividades y formas de vida. Por ejemplo, en una comunidad agrícola o artesanal donde muchas personas realizan actividades parecidas y comparten normas fuertes.

En la solidaridad orgánica la división del trabajo supone que diferentes individuos realizan tareas distintas: agricultores producen alimentos; transportistas los trasladan; comerciantes los distribuyen; trabajadores de salud atienden enfermedades; docentes forman capacidades; técnicos mantienen infraestructuras; personal administrativo coordina procesos; obreros fabrican bienes; y profesionales ofrecen servicios especializados.

Ninguna de estas actividades basta por sí sola para sostener la vida social. La cooperación entre ocupaciones permite que la sociedad funcione. Por ello, Durkheim afirmó que la división del trabajo puede ser una fuente de solidaridad: las personas se mantienen unidas no porque sean iguales, sino porque necesitan unas de otras.

Tipo de solidaridadOrganización del trabajoBase de la cohesiónEjemplo laboral
Solidaridad mecánicaPoca especialización y tareas relativamente semejantesSimilitud de creencias, costumbres, actividades y formas de vidaUna comunidad agrícola o artesanal donde muchas personas realizan actividades parecidas y comparten normas fuertes
Solidaridad orgánicaAlta especialización y diferenciación ocupacionalInterdependencia funcional entre actividades, profesiones e institucionesUna ciudad moderna donde trabajadores de distintos sectores dependen mutuamente para producir bienes y servicios

La solidaridad orgánica no significa que la sociedad sea necesariamente más justa, igualitaria o libre de conflicto. Significa que, en sociedades complejas, la cohesión depende crecientemente de la coordinación entre funciones diferentes.

Un médico, una trabajadora de limpieza, un conductor de transporte colectivo, un programador, una enfermera, un agricultor y un docente no realizan las mismas tareas. Sin embargo, sus actividades están conectadas dentro de una cadena de cooperación social. La interrupción prolongada de una de esas actividades puede afectar a muchas otras: una crisis en el transporte puede dificultar la asistencia al trabajo; un colapso en el abastecimiento puede afectar la alimentación; o la falta de personal de salud puede poner en riesgo la vida colectiva.

Durkheim relacionó la solidaridad orgánica con el desarrollo de una división del trabajo amplia. En su planteamiento, esta forma de cohesión surge cuando las personas desempeñan actividades diferenciadas que contribuyen a la vida de otras personas y grupos.

3. Normas del mundo laboral

El funcionamiento del trabajo moderno requiere reglas. No basta con que existan trabajadores y empleadores; deben existir normas que definan qué se espera de cada parte, cómo se distribuyen tareas, qué derechos posee cada quien y cómo se resuelven los conflictos.

Desde una lectura durkheimiana, las normas laborales cumplen una función de regulación social. Establecen límites frente al abuso, hacen previsible la relación de trabajo y permiten coordinar las expectativas entre empleadores, trabajadores, clientes, instituciones estatales y organizaciones profesionales.

Reglas formales

Las reglas formales están escritas y respaldadas por una institución. En el ámbito laboral pueden incluir:

  • Contratos individuales y colectivos de trabajo.

  • Leyes sobre salario, jornada laboral, seguridad ocupacional y prestaciones.

  • Reglamentos internos de empresas e instituciones.

  • Manuales de funciones y perfiles de puesto.

  • Procedimientos disciplinarios.

  • Protocolos de prevención de riesgos laborales.

  • Sistemas de evaluación del desempeño.

  • Convenios colectivos y mecanismos de negociación.

  • Códigos de ética profesional.

  • Requisitos para el ejercicio de una profesión.

Estas reglas establecen obligaciones para ambas partes. Por ejemplo, el trabajador debe cumplir funciones, respetar horarios y atender protocolos de seguridad; el empleador debe pagar el salario acordado, garantizar condiciones dignas de trabajo y respetar derechos laborales. Cuando una de las partes incumple, pueden activarse mecanismos de reclamo, inspección, conciliación, reparación o sanción.

Reglas informales

Las reglas informales no necesariamente están escritas. Se transmiten mediante la cultura laboral, la socialización profesional y la interacción cotidiana entre compañeros, jefaturas, clientes y comunidades ocupacionales.

Algunos ejemplos son:

  • Saludar al llegar al lugar de trabajo.

  • Respetar turnos de palabra en una reunión.

  • No apropiarse del mérito del trabajo ajeno.

  • Ayudar a un compañero que enfrenta una dificultad.

  • Compartir información relevante para el equipo.

  • Evitar prácticas que perjudiquen deliberadamente a colegas.

  • Vestir de determinada manera según el sector laboral.

  • Responder correos o mensajes dentro de tiempos considerados razonables.

  • Mantener reserva sobre información sensible.

  • Mostrar compromiso, puntualidad o disposición de cooperación.

Estas normas informales pueden favorecer la coordinación y la confianza. Pero también pueden consolidar jerarquías injustas, prácticas discriminatorias o exigencias excesivas que no están contenidas en un contrato. Por ejemplo, una cultura organizacional puede normalizar que las personas trabajen horas adicionales sin remuneración, respondan mensajes fuera de la jornada o guarden silencio ante decisiones arbitrarias. Una sociología del trabajo debe analizar tanto la función integradora de las normas como los conflictos y desigualdades que pueden ocultar.

4. Desviación y sanciones laborales

En el mundo laboral, la desviación no debe entenderse como una cualidad natural de una persona. Es una clasificación social que aparece cuando alguien incumple, cuestiona o se aparta de normas establecidas en una organización, profesión o relación de empleo.

Una misma conducta puede recibir interpretaciones distintas. Por ejemplo, un trabajador que reclama derechos puede ser reconocido como representante sindical, pero también puede ser etiquetado por una empresa como conflictivo o poco cooperativo. Un empleador que reduce costos mediante prácticas ilegales puede presentarse como eficiente, aunque legalmente incurra en vulneración de derechos laborales. Por ello, las clasificaciones laborales deben examinarse de forma crítica: expresan normas institucionales, pero también relaciones de poder.

Situación laboralNorma involucradaFigura que puede construirse como desviadaReacción formalReacción informal
Ausencias reiteradas sin justificaciónJornada y asistencia“Irresponsable” o “incumplidor”Llamado de atención, descuento, suspensión o despidoCrítica, pérdida de confianza, aislamiento dentro del equipo
Incumplimiento de medidas de seguridadProtocolos de seguridad y salud ocupacional“Imprudente”Capacitación obligatoria, amonestación o sanción disciplinariaReproches de colegas, temor a trabajar con esa persona
Fraude, apropiación de recursos o falsificaciónNormas legales y reglamentos institucionales“Deshonesto” o “delincuente”Investigación, despido, denuncia penal o proceso judicialEstigma, pérdida de reputación, exclusión
Incumplimiento salarial o de derechos laboralesContrato, legislación laboral y seguridad socialEmpleador infractor o abusivoInspección, demanda, pago de indemnización o multaPérdida de confianza, crítica pública, conflicto colectivo
Discriminación o acosoPolíticas institucionales y derechos fundamentalesAgresor, acosador o discriminadorInvestigación, sanción, despido o responsabilidad legalRechazo, denuncia colectiva, deterioro del clima laboral
Reclamo, protesta o sindicalizaciónLibertad de asociación y negociación colectiva“Conflictivo” o “agitador”, desde una mirada empresarial adversaNo debería ser sancionado si ejerce un derecho; en contextos autoritarios o precarios puede sufrir represaliasApoyo de colegas o estigmatización, según la cultura laboral


Las sanciones laborales pueden ser formales, cuando una empresa, institución o autoridad aplica un procedimiento reconocido, o informales, cuando el grupo reacciona mediante aprobación, desaprobación, confianza, rechazo o estigmatización.

5. Derecho represivo y restitutivo

Durkheim distinguió dos formas principales de derecho: el derecho represivo y el derecho restitutivo. Esta distinción es útil para comprender las respuestas frente a conflictos y transgresiones en el mundo laboral.

El derecho represivo busca castigar una conducta que se interpreta como una ofensa grave contra valores compartidos. La sanción supone una pérdida o sufrimiento para el infractor: multa punitiva, privación de derechos, despido disciplinario, pena de prisión o inhabilitación profesional, según la gravedad del hecho y el marco legal aplicable.

El derecho restitutivo busca reparar el daño y restablecer una relación social o contractual afectada. En una sociedad compleja, donde muchas personas y organizaciones dependen unas de otras, este tipo de respuesta resulta especialmente importante.

ActorPráctica punitivaPráctica restaurativa
Empleador → empleadoDespido por incumplimiento graveReunión para identificar el problema, acordar mejoras y dar una segunda oportunidad
Empleador → empleadoSuspensión sin goce de sueldoCapacitación para corregir el error
Empleador → empleadoAmonestación formalMediación entre trabajador y supervisor
Empleador → empleadoReducción de responsabilidades como castigoPlan de acompañamiento para recuperar el desempeño
Empleado → empleadorRenuncia colectiva como forma de presiónNegociación para resolver un conflicto laboral
Empleado → empleadorHuelga para ejercer presiónMesa de diálogo entre trabajadores y dirección
Empleado → empleadorBoicot o rechazo organizado de determinadas tareasAcuerdo colectivo sobre condiciones de trabajo
Empleado → empleadorDenuncia pública como mecanismo de presiónParticipación en comités de resolución de conflictos

Por ejemplo, si una empresa no paga un salario acordado, una respuesta restitutiva puede consistir en ordenar el pago de los salarios adeudados, intereses, prestaciones o indemnización correspondiente. El objetivo no es principalmente hacer sufrir al empleador, sino restablecer el derecho del trabajador y corregir la relación laboral dañada.

En cambio, si una persona comete un fraude grave, agrede a un compañero o incurre en corrupción, pueden aplicarse sanciones represivas porque se considera que la conducta no solo perjudica a una víctima concreta, sino que atenta contra normas fundamentales de confianza, seguridad y convivencia organizacional (a la estructura y a la función de todos en la misma).

En el análisis de Durkheim, las sanciones represivas predominan allí donde la transgresión afecta directamente la conciencia colectiva, mientras que las restitutivas son características de sociedades complejas con una extensa división del trabajo y múltiples relaciones contractuales.

6. Anomia y crisis laboral

Uno de los conceptos más relevantes de Durkheim para estudiar el empleo es la anomia. La anomia no debe reducirse a la ausencia total de leyes ni a la simple desobediencia individual. Se refiere a una situación de insuficiente regulación moral y social: las reglas que deberían orientar expectativas, aspiraciones, derechos y obligaciones son débiles, contradictorias, inexistentes o han perdido legitimidad.

En el mundo laboral, la anomia puede aparecer cuando la división del trabajo ya no genera cooperación equilibrada, sino desorientación, competencia destructiva, precariedad, conflicto o falta de límites frente a intereses económicos.

Durkheim sostuvo que la división del trabajo no produce solidaridad cuando las relaciones entre sus distintas partes no están adecuadamente reguladas; en esas condiciones, las relaciones sociales entran en un estado de anomia.egyankosh.ac+1

Expresiones posibles de anomia laboral

  • Empleos inestables y sin garantías mínimas.

  • Falta de reglas claras sobre jornada, salario, descansos o responsabilidades.

  • Contrataciones informales sin protección laboral.

  • Metas de productividad imposibles o contradictorias.

  • Competencia extrema entre trabajadores sin mecanismos de cooperación.

  • Desigualdad salarial percibida como arbitraria.

  • Ausencia de canales efectivos para denunciar acoso, abuso o discriminación.

  • Debilitamiento de sindicatos, gremios o asociaciones profesionales.

  • Desconexión entre formación educativa, oportunidades de empleo y necesidades sociales.

  • Normalización de prácticas como jornadas excesivas, disponibilidad permanente o trabajo no remunerado.

  • Falta de reconocimiento y sentido de pertenencia en el trabajo.

Un ejemplo: una persona puede tener empleo, pero vivir en una situación anómica si sus ingresos son inciertos, sus tareas cambian sin criterios claros, no conoce sus derechos, enfrenta exigencias ilimitadas y no dispone de mecanismos para negociar condiciones. En este caso, el problema no se explica únicamente por actitudes individuales; expresa una falla en la regulación social de la relación laboral.

Durkheim consideraba que las asociaciones profesionales y ocupacionales podían contribuir a enfrentar la anomia. Estos grupos —gremios, sindicatos, colegios profesionales o asociaciones de oficio— podían crear reglas éticas, fortalecer deberes de responsabilidad, representar intereses colectivos y vincular la actividad profesional con el bien común.uregina+1

7. Suicidio, integración y empleo

En El suicidio, Durkheim propuso que el suicidio debía analizarse como un hecho social. No negaba que cada muerte tuviera circunstancias personales, pero sostenía que las tasas de suicidio presentan regularidades colectivas relacionadas con los niveles de integración y regulación social.

Esta perspectiva permite pensar críticamente la relación entre trabajo, desempleo, precariedad, aislamiento y salud mental, sin reducir el sufrimiento de las personas a una sola causa. El empleo puede ofrecer ingresos, rutinas, reconocimiento, vínculos cotidianos y pertenencia; pero también puede producir presión, desgaste, subordinación, discriminación o aislamiento. Por ello, no es adecuado afirmar que el trabajo protege automáticamente la salud mental, ni que el desempleo explica por sí solo el sufrimiento psíquico.

La contribución durkheimiana consiste en plantear una pregunta sociológica: ¿qué condiciones de integración y regulación existen en la vida laboral y económica de las personas? Cuando esas condiciones se debilitan, aumentan la incertidumbre, la frustración y la pérdida de referencias colectivas.

El trabajo puede relacionarse con los cuatro tipos durkheimianos de suicidio cuando la inserción laboral falla por falta o exceso de integración y de regulación. No significa que una condición laboral produzca automáticamente suicidio: Durkheim formuló una explicación sociológica de tendencias colectivas, no una causa única para explicar un caso individual. La idea es que el empleo puede proporcionar pertenencia, reconocimiento y reglas, pero también puede aislar, desorientar, subordinar o absorber excesivamente a las personas.

Tipo de suicidio en DurkheimIntegración y regulaciónPosible expresión laboralRiesgo social que ayuda a comprender
EgoístaIntegración insuficienteAislamiento en el trabajo, falta de apoyo de colegas, desvinculación de organizaciones, desempleo prolongado o teletrabajo sin redes de contactoLa persona puede perder vínculos cotidianos, reconocimiento, pertenencia y apoyos colectivos
AltruistaIntegración excesivaOrganizaciones o profesiones donde la identidad grupal exige sacrificio absoluto, obediencia extrema o entrega total al deberEl valor del individuo queda subordinado a los objetivos, el honor o la supervivencia del grupo
AnómicoRegulación insuficienteEmpleo precario, despidos súbitos, crisis económica, salarios inestables, metas contradictorias, reglas laborales débiles o ausencia de protecciónLas expectativas y aspiraciones pierden límites claros; aumentan incertidumbre, frustración y desorientación
FatalistaRegulación excesivaTrabajo bajo control rígido, vigilancia permanente, disciplina humillante, imposibilidad de decidir, castigos arbitrarios o ausencia de futuro ocupacionalLa persona puede experimentar que su porvenir está bloqueado por una autoridad opresiva y sin alternativas

Es importante abordar el suicidio con rigor y cuidado. No es una consecuencia automática del desempleo, de una crisis económica o de una experiencia laboral difícil. Se trata de un fenómeno multicausal que requiere comprender dimensiones personales, familiares, comunitarias, institucionales y sociales.

8. Ideas clave para cerrar

Durkheim permite entender que el trabajo tiene una función social más amplia que producir bienes, servicios o ingresos. El empleo organiza tiempo, relaciones, obligaciones, identidades, expectativas y formas de reconocimiento. La división del trabajo puede crear solidaridad cuando las diferencias entre ocupaciones se articulan mediante cooperación, derechos y reglas legítimas.

En síntesis:

  • El trabajo, el empleo y las profesiones son hechos sociales porque están organizados por instituciones, normas y valores externos al individuo.

  • La división del trabajo produce interdependencia: cada ocupación depende de otras para sostener la vida social.

  • La solidaridad mecánica se basa en la semejanza; la solidaridad orgánica se basa en la diferencia funcional y la cooperación entre especialidades.

  • Las normas laborales formales regulan contratos, salarios, jornadas, seguridad y responsabilidades; las informales regulan la convivencia y la cultura organizacional.

  • Las sanciones laborales pueden ser represivas, cuando castigan una transgresión grave, o restitutivas, cuando reparan derechos y relaciones laborales afectadas.

  • La anomia laboral aparece cuando la organización del trabajo no cuenta con reglas legítimas y suficientes para orientar expectativas, proteger derechos y limitar abusos.

  • Los sindicatos, gremios y asociaciones profesionales pueden cumplir una función de regulación moral y representación colectiva, ayudando a que la división del trabajo produzca cooperación y no desorganización.

La pregunta final para estudiar el trabajo desde Durkheim no es solamente quién tiene empleo o cuánto gana una persona. También es necesario preguntar: ¿qué formas de regulación, reconocimiento, cooperación y solidaridad hacen posible que el trabajo integre a las personas en lugar de aislarlas o someterlas a relaciones laborales sin límites claros?

Tipos ideales para analizar la relación entre grupos sociales, religión, violencia y autoridad

La relación entre religión y grupos sociales no es única ni lineal. La religión puede legitimar repertorios violentos, proporcionar marcos éticos para la acción política, contribuir a la organización comunitaria o favorecer procesos de rehabilitación y desistencia. Por ello, es necesario distinguir entre terrorismo político-religioso, criminalidad territorial, movilización religiosa, movimientos políticos armados y organizaciones de reintegración social.

Esta tipología organiza casos según su finalidad principal, el papel que ocupa la religión y su relación con la violencia. No implica que todos los grupos incluidos en una misma categoría sean idénticos ni que las categorías sean mutuamente excluyentes. Una organización puede cambiar a lo largo del tiempo, combinar rasgos de más de un tipo o ser clasificada de manera diferente según el contexto histórico, jurídico y político

Tipo de grupo o procesoFinalidad predominantePapel de la religiónRelación con la violenciaEjemplos
Terrorismo político-religiosoImponer o promover un proyecto político-religioso; desafiar al Estado; intimidar poblaciones y proyectar una causa ideológicaLa religión funciona como fuente de legitimación, identidad, reclutamiento y justificación de la violenciaLa violencia estratégica es central: atentados, ataques a civiles, fuerzas de seguridad u objetivos simbólicosYihadismo en Rusia, ISIS-K, Al-Qaeda, Boko Haram, Al-Shabaab, 
Pandillas y gobernanza criminalControlar territorios, obtener rentas ilícitas, proteger la organización y regular coercitivamente a la población localPuede ofrecer símbolos, códigos morales o mecanismos de conversión y salida, pero no suele ser la finalidad organizativa centralViolencia instrumental: extorsión, amenazas, homicidios, control territorial y enfrentamiento con grupos rivales o autoridadesMS-13, Barrio 18, Primeiro Comando da Capital (PCC), Comando Vermelho, Tren de Aragua
Movimientos religiosos políticamente orientadosPromover transformación social, justicia, revolución, reforma política o defensa de grupos subordinados desde convicciones religiosasLa religión ofrece un lenguaje moral, una visión de justicia, redes de solidaridad y legitimidad para la acción políticaPuede ser no violenta; la cercanía con proyectos revolucionarios no implica que el grupo religioso sea una organización armadaCONIP en El Salvador, Grupo Golconda en Colombia, Cristianos por el Socialismo en Chile
Movimientos políticos radicalizados hacia la violenciaAlcanzar independencia, autonomía territorial, revolución social o transformación política mediante confrontación con el EstadoPuede ser central, secundaria o inexistente; la identidad nacional, étnica, política o ideológica suele ser decisivaLa violencia política se vuelve parte relevante del repertorio organizacional: atentados, guerrilla, asesinatos selectivos o ataques armadosIRA y Real IRA, ETA, Brigadas Rojas, RAF, EOKA, FLNC, LTTE, Sendero Luminoso, FARC durante su etapa armada
Organizaciones religiosas y comunitarias de desistenciaFavorecer la salida de pandillas, la reintegración social, el acompañamiento espiritual, la reducción de violencia y la reconstrucción de vínculosLa religión funciona como recurso de conversión, identidad alternativa, apoyo moral, comunidad y reinserciónOrientación explícitamente no violenta; busca disminuir o abandonar la participación en actividades delictivas y violentasHomies Unidos, Homeboy Industries, Azul Originario e Iglesia Elim, pastoral penitenciaria católica

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Silvia Federici: "Ya ni intentamos refinanciar la deuda porque es impagable":

 1. La deuda como mecanismo de "acumulación originaria" continua

Federici argumenta que el capitalismo no dejó atrás la acumulación por desposesión (los "cercamientos"), sino que la reactualiza constantemente. La deuda funciona hoy como un cercamiento moderno: en vez de expropiar tierras comunales, expropia ingresos futuros y capacidad de reproducción social. El caso argentino —donde las fintech prestan "en minutos" a tasas de hasta 1.500%— ilustra esto: no es acumulación productiva, es extracción directa de la subsistencia de los hogares.

2. El trabajo reproductivo no remunerado y la crisis del cuidado
Su obra central plantea que el capitalismo depende del trabajo reproductivo (cuidar, alimentar, sostener la vida) que históricamente no se paga. El dato de que el 90% del atraso en tarjetas de crédito es para comprar alimentos es clave aquí: la deuda no financia consumo suntuario, financia la reproducción básica de la vida cotidiana que el salario ya no alcanza a cubrir. Eliana dejando su medicina prepaga, su diagnóstico de cáncer, la pérdida de embarazo de la esposa de Iván con licencia psiquiátrica: todo esto es reproducción social colapsando y siendo parchada con deuda.

3. La "mujer endeudada" y la feminización de la precariedad
En textos más recientes ("Is It Illegal to Feed the Poor?"), Federici analiza específicamente cómo la deuda de consumo recae de forma diferenciada sobre las mujeres, encargadas de sostener el hogar día a día. El caso de Eliana —quien deja su trabajo por agotamiento físico, absorbe la crisis de ingresos de su pareja, y termina endeudada y enferma— es un ejemplo casi de manual.

4. Culpa, vergüenza y despolitización de la deuda
Moyano dice que al principio pensaba que su deuda era "un fracaso mío personal". Federici insiste en que el sistema de deuda funciona precisamente individualizando fallas estructurales: convierte un problema colectivo (salarios que no alcanzan, informalidad, tarifas dolarizadas) en una culpa moral privada. Las declaraciones de Milei ("¿les pusieron una pistola en la cabeza?") son un ejemplo textual de esa moralización individualizante que ella critica.

5. Retirada del Estado de la reproducción social
La postura de Caputo/Milei ("un tema entre privados", "no hay que confundir la empatía con las políticas públicas") encaja con la crítica de Federici al neoliberalismo: el Estado se retira de garantizar condiciones de reproducción social (salud, servicios, salarios dignos) y delega esa función al mercado financiero, que la explota como negocio.

6. Organización colectiva como resistencia (lo positivo)
Federici también valora las respuestas colectivas —comunes, redes de apoyo mutuo— frente a la individualización de la crisis. El grupo Endeudadxs Organizados, surgido del "acercamiento espontáneo entre personas con deudas", sería para ella un ejemplo alentador de politización colectiva de algo que el sistema busca mantener como vergüenza privada (comparable a movimientos como Strike Debt en EE.UU., que ella ha comentado).

viernes, 21 de agosto de 2026

Federici: trabajo reproductivo, género y acumulación.

Este tema examina cómo la transición del feudalismo al capitalismo no implicó únicamente cambios económicos, sino una profunda reorganización de la tierra, el trabajo, los cuerpos y las relaciones de género. A partir de Marx, se analizará la acumulación originaria como un proceso violento de expropiación de tierras comunales y de separación de campesinos y artesanos respecto de sus medios de subsistencia, que permitió formar una población obligada a vender su fuerza de trabajo.

A partir de Silvia Federici, se ampliará esta lectura para comprender que la acumulación originaria también supuso una reorganización de la división sexual del trabajo. El control sobre la sexualidad, la maternidad, los saberes comunitarios y el trabajo reproductivo de las mujeres fue fundamental para sostener la nueva organización capitalista del trabajo. En este marco, la caza de brujas y la colonización no aparecen como procesos secundarios o aislados, sino como mecanismos de disciplinamiento, expropiación y subordinación de cuerpos y poblaciones 

De Marx a Federici: de la tierra al cuerpo

Contenidos

  • De los movimientos campesinos y urbanos a la formación del Estado moderno y la acumulación originaria (cercamiento de tierras comunales, colonización, comercio de esclavos).
  • Nueva división sexual del trabajo: confinamiento de las mujeres al trabajo reproductivo y doméstico, subordinación de los hombres en el espacio doméstico y disciplinamiento de la fuerza de trabajo.
  • Caza de brujas como dispositivo central del capitalismo temprano: persecución, tortura y asesinato de miles de mujeres para controlar cuerpo, sexualidad y reproducción.
  • Construcción de la mujer como sujeto domesticado: de vida colectiva y cooperativa a identidad obediente, silenciosa, asexuada y peligrosamente “rebelde” si desborda esos límites.
  • Articulación entre colonización, expropiación campesina y persecución de brujas como procesos equivalentes e indispensables para el capitalismo.

Conceptos clave

  • Materialismo histórico (Marx leído desde Federici)
  • División sexual del trabajo y trabajo reproductivo.
  • Caza de brujas y control del cuerpo femenino.
  • Comunes (tierras, formas de vida y saberes comunales).
  • Subalternidad: Calibán (lo indígena/colonial) y la bruja (las mujeres perseguidas).

Autores / lecturas

  • Silvia Federici, Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (capítulos iniciales sobre transición feudalismo‑capitalismo, acumulación originaria y caza de brujas).
  • Marx, El Capital, tomo I, apartado sobre acumulación primitiva, como texto de referencia que Federici reelabora.

Introducción

La acumulación originaria, en Marx, nombra el proceso histórico y violento mediante el cual se destruyeron formas previas de subsistencia y se separó a campesinos y artesanos de sus tierras, herramientas y bienes comunales. Los cercamientos no solo privatizaron territorios: produjeron una población desposeída que, al no contar ya con medios propios para vivir, se vio obligada a vender su fuerza de trabajo en el mercado. Así se crean las condiciones sociales básicas de la relación capitalista entre propietarios de medios de producción y trabajadores asalariados

Silvia Federici retoma esta explicación, pero desplaza la mirada de la tierra al cuerpo. Su aporte consiste en mostrar que la acumulación originaria no implicó únicamente la expropiación de los comunes materiales; también requirió controlar la sexualidad, la maternidad, los saberes sobre el cuerpo y el trabajo reproductivo de las mujeres. De este modo, el capitalismo no solo produjo trabajadores “libres” para ser explotados en fábricas, talleres o campos, sino que organizó un trabajo doméstico y de cuidados generalmente no remunerado, indispensable para sostener y reproducir esa fuerza de trabajo.

Desde esta perspectiva, la transición al capitalismo debe entenderse como una doble expropiación: el cercamiento de la tierra y el cercamiento de los cuerpos.

1. Acumulación originaria como guerra contra los cuerpos

Desde Marx 

La acumulación originaria es expropiación de tierras comunales y conversión de campesinos en proletarios obligados a vender su fuerza de trabajo.  Para Marx, el capitalismo no comienza simplemente porque aparezcan mercados o porque algunas personas decidan convertirse en empresarios. Se necesita una condición fundamental: que existan, por un lado, personas que poseen los medios de producción y, por otro, personas que no poseen esos medios y solamente pueden vender su fuerza de trabajo. Por eso Marx habla de la acumulación originaria. Antes de convertirse en proletario, el campesino podía tener acceso a tierras, bosques, pastos, agua u otros medios de subsistencia. No necesariamente era propietario individual de todo, pero podía tener derechos de uso sobre tierras comunales.

Los cercamientos (enclosures) modificaron esta situación. Las tierras comunales fueron progresivamente apropiadas, cercadas y convertidas en propiedad privada. Muchos campesinos perdieron el acceso a los recursos que les permitían reproducir su vida. La acumulación originaria no solamente expropió tierras; también reorganizó los cuerpos y las capacidades reproductivas de las mujeres. Para Marx el capitalismo destruye formas colectivas de propiedad y trabajo (comunes, gremios, aldeas) para imponer relaciones individuales de mercado.

Con Federici 

Se retoma este análisis, pero afirma que resulta insuficiente si se concentra únicamente en la expropiación de tierras y en la formación del trabajador asalariado masculino. Su pregunta es: ¿quién reproduce cotidianamente a ese trabajador?, ¿quién gesta, cuida, alimenta, cura y sostiene a la futura fuerza de trabajo?, ¿bajo qué relaciones de poder se organiza esa reproducción? Su respuesta es que el capitalismo necesitó reorganizar radicalmente el trabajo de las mujeres y someter sus cuerpos a nuevas formas de control.

El capitalismo buscó devaluar y naturalizar el trabajo doméstico y de cuidados, presentándolo como “amor”, deber femenino o vocación, en vez de trabajo socialmente indispensable. Esto incluía el reforzar una división sexual del trabajo que asignara a los hombres, de manera tendencial, el empleo asalariado y a las mujeres el trabajo reproductivo no remunerado. Además de limitar la autonomía de las mujeres sobre la sexualidad, la maternidad, los saberes curativos y las redes comunales de apoyo.

Esa expropiación es también una guerra contra los cuerpos subalternos (especialmente de las mujeres), que se disciplinan mediante terror, ley y moral para convertirlos en soporte de la explotación.  Cuando Federici habla de una “guerra contra las mujeres”, no se refiere solo a agresiones individuales. Señala un proceso estructural: la construcción de un orden patriarcal funcional a la acumulación capitalista, en el cual los cuerpos de las mujeres, su trabajo y sus capacidades reproductivas quedan subordinados a la reproducción de la fuerza de trabajo.

Ejemplo Aplicado: una comunidad campesina antes de los cercamientos. Una familia puede cultivar una parcela, usar el bosque para obtener leña, alimentar algunos animales en pastos comunes, recolectar plantas medicinales y apoyarse en redes vecinales. Las mujeres no solo realizan tareas domésticas: pueden participar en la producción agrícola, intercambiar saberes, curar, asistir partos y sostener formas comunitarias de cooperación.

Con los cercamientos, la comunidad pierde el acceso a esos medios colectivos. El hombre puede verse obligado a migrar o a aceptar empleo asalariado. Pero la mujer no queda simplemente “afuera” de la economía: su trabajo se vuelve aún más necesario para compensar la pérdida de recursos. Debe asegurar comida, cuidado, crianza y sobrevivencia del hogar con menos medios y, con frecuencia, sin remuneración.

En Federici la proletarización no afecta del mismo modo a hombres y mujeres. Mientras el trabajador asalariado es incorporado directamente a la fábrica, el taller o el campo capitalista, muchas mujeres son confinadas o subordinadas al hogar como espacio de reproducción no pagada. El salario masculino puede aparecer como ingreso familiar, pero también organiza una relación de dependencia: el hombre recibe el salario y la mujer queda asociada al trabajo doméstico, reproductivo y de cuidados. La destrucción de los comunes implica también la ruptura de redes femeninas de apoyo, cuidado y subsistencia compartida, desarmando formas de trabajo colectivo no capitalistas.

2. Degradación del trabajo reproductivo

Desde Marx

El análisis de Marx se concentra en la producción capitalista y, especialmente, en la extracción de plusvalor. El capitalista compra fuerza de trabajo por un salario y, durante la jornada laboral, obtiene del trabajador un valor mayor que el que paga. Esa diferencia es el plusvalor, fuente de la ganancia capitalista. Que de igual forma se obtiene al vender la mercancía más caro de lo que realmente cuesta.

Por ello, el lugar privilegiado del análisis marxiano es la fábrica, el taller, la mina o el campo capitalista espacios en los que el trabajo asalariado produce mercancías para el mercado. Marx sí reconoce que la fuerza de trabajo debe renovarse diariamente y reproducirse generacionalmente, pero no desarrolla de manera sistemática quién realiza esa reproducción ni bajo qué relaciones de poder. El problema aparece cuando se da por supuesto que el trabajador llega cada mañana alimentado, vestido, cuidado, descansado y disponible para trabajar. La reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo queda en el trasfondo de la teoría económica.

Con Federici

Federici coloca ese trasfondo en el centro. Sostiene que criar hijos e hijas, alimentar, limpiar, cuidar enfermos, acompañar a personas mayores, sostener afectivamente a la familia y organizar la vida cotidiana no son actividades “naturales” ni privadas: son trabajo reproductivo. Este trabajo es indispensable para el capitalismo porque produce y mantiene aquello que el capital compra en el mercado: la fuerza de trabajo. Sin alimentación, vivienda, descanso, crianza, cuidados y reposición generacional, no existirían trabajadores disponibles para la producción de mercancías.

La operación ideológica fundamental consiste en presentar este trabajo como una extensión espontánea de la feminidad. Se dice que las mujeres cuidan por amor, instinto, deber materno o vocación doméstica. Al llamarlo “amor” o “deber”, se oculta su carácter laboral y se evita reconocerlo, remunerarlo y redistribuirlo.

Federici vincula esta desvalorización con la consolidación de un orden en el cual el salario masculino funciona como mediación de dependencia. El trabajador recibe un salario, mientras la mujer queda asociada al trabajo doméstico no remunerado que sostiene tanto al trabajador como a la futura generación de trabajadores.

Ejemplo: la ama de casa moderna

La figura de la “ama de casa” no debe entenderse como una persona económicamente inactiva. Ella trabaja produciendo condiciones de vida: prepara alimentos, administra recursos escasos, cuida niños y niñas, atiende enfermedades, limpia, organiza horarios y sostiene vínculos afectivos.

Sin embargo, como su trabajo no aparece como una mercancía vendida en el mercado ni recibe regularmente un salario, se clasifica como “no trabajo”. La contradicción es que el capitalismo depende de ese trabajo para disponer de fuerza laboral, pero procura que su costo recaiga principalmente en los hogares y, dentro de ellos, en las mujeres.

3. Caza de brujas como disciplina laboral

Desde Marx

Marx analiza la disciplina de la fuerza de trabajo como una dimensión necesaria de la acumulación originaria. El cercamiento de tierras comunales expulsa a campesinos y campesinas de sus condiciones de subsistencia, pero esa expulsión no garantiza automáticamente que acepten trabajar bajo las nuevas condiciones salariales.

Por ello, el Estado interviene mediante la llamada “legislación sanguinaria” contra las personas expropiadas. Las leyes contra la vagancia, la mendicidad y el desplazamiento castigaban a quienes no podían o no querían incorporarse al trabajo asalariado. Azotes, marcas corporales, encarcelamiento, trabajo forzado e incluso pena de muerte fueron instrumentos para disciplinar a una población desposeída.  En esta lectura, la violencia estatal no es un residuo feudal que desaparece con el mercado. Es una condición histórica que obliga a los expropiados a aceptar la nueva disciplina laboral.

Con Federici

Federici coincide en que el capitalismo necesitó disciplinar a la población desposeída, pero insiste en que esta disciplina tuvo una dimensión específicamente sexualizada. La caza de brujas fue, en su interpretación, una campaña de terror dirigida de forma desproporcionada contra mujeres pobres, ancianas, viudas, curanderas, parteras, mendigas y mujeres consideradas insumisas.

No se trató solamente de una persecución religiosa ni de un episodio de superstición medieval. Para Federici, la caza de brujas acompañó la transición al capitalismo porque ayudó a quebrar solidaridades comunales, reducir la autonomía femenina y reordenar el trabajo de las mujeres hacia el hogar, la maternidad y el cuidado.

La figura de la bruja condensaba múltiples amenazas para el nuevo orden: una mujer que conocía el cuerpo, manejaba remedios, intervenía en partos, podía controlar la natalidad, vivía sin tutela masculina, cuestionaba autoridades o participaba en conflictos comunitarios. La persecución transformó esas capacidades y formas de autonomía en delitos o signos de peligrosidad social.

Ejemplo: parteras y curanderas

Las parteras, curanderas y mujeres conocedoras de prácticas anticonceptivas o abortivas podían tener una autoridad importante en sus comunidades. Sus saberes les permitían intervenir en la reproducción, aliviar enfermedades y sostener formas de cuidado relativamente autónomas de instituciones estatales, eclesiásticas o médicas.

En el marco analizado por Federici, la criminalización de esas prácticas no solo persigue una creencia religiosa considerada desviada. También disputa quién controla la reproducción, quién define los usos legítimos del cuerpo y quién posee autoridad sobre la salud y la sexualidad de las mujeres.

4. Control de la reproducción como control del trabajo

Desde Marx

Para Marx, la fuerza de trabajo es una mercancía especial: a diferencia de una máquina o una materia prima, tiene la capacidad de crear nuevo valor. El capitalista la compra por un tiempo determinado, pero durante ese tiempo obtiene de ella una cantidad de trabajo superior al valor pagado mediante el salario. La fuerza de trabajo, sin embargo, debe existir y renovarse. Debe haber personas capaces de trabajar hoy y nuevas generaciones que reemplacen a quienes envejecen, enferman o mueren. Marx reconoce que el salario se vincula con la reproducción del trabajador y de su familia, pero no convierte el control sobre la sexualidad, la maternidad y la natalidad en un eje central de su explicación.

Con Federici

Federici afirma que la reproducción humana debe ser entendida como un terreno de lucha política y económica. Si el capitalismo necesita fuerza de trabajo, controlar la capacidad de procrear, criar y sostener cuerpos trabajadores es una forma de controlar una condición básica de la acumulación.

Desde esta perspectiva, la sexualidad y la maternidad no son asuntos estrictamente privados. Las normas sobre matrimonio, aborto, infanticidio, anticoncepción, moral sexual y conducta femenina forman parte de dispositivos que regulan la reproducción de la población trabajadora.

Federici subraya que, durante la transición al capitalismo, se reforzaron controles legales, religiosos y morales sobre las mujeres. La persecución de prácticas anticonceptivas y abortivas, así como la criminalización de formas de sexualidad no orientadas a la reproducción legítima, redujeron la capacidad femenina de decidir sobre sus cuerpos.

Ejemplo: aborto, infanticidio y sexualidad no reproductiva

La criminalización del aborto y del infanticidio en la Europa moderna debe leerse, en este marco, más allá de una simple condena moral. Es una intervención sobre la capacidad de las mujeres para decidir si tener hijos, cuándo tenerlos y bajo qué condiciones. Federici no plantea que todas estas medidas respondieran mecánicamente a una necesidad demográfica. Su punto es más amplio: el Estado y la Iglesia construyeron un orden en el que la capacidad reproductiva femenina pasó a ser objeto de vigilancia, regulación y castigo. De esta manera, la reproducción de la fuerza de trabajo se subordinó progresivamente a intereses estatales, patriarcales y capitalistas.

5. División sexual del trabajo

Desde Marx

El análisis clásico de Marx sobre la gran industria destaca la incorporación de mujeres y niños al trabajo fabril. Esto permite ver que el capitalismo puede emplear a toda la familia trabajadora, rebajar salarios y aumentar la disponibilidad de mano de obra. Sin embargo, la figura predominante en gran parte de su exposición sigue siendo la del obrero asalariado masculino. La división entre trabajo productivo remunerado y trabajo doméstico reproductivo no recibe el mismo desarrollo teórico que la explotación dentro de la fábrica.

El riesgo de esta centralidad es considerar que el proletariado se constituye principalmente en el espacio laboral formal, dejando en segundo plano los hogares, los cuidados y las relaciones de género que hacen posible la participación cotidiana en el empleo asalariado.

Con Federici

Federici sostiene que la división sexual del trabajo no es una distribución neutral o natural de tareas. Es una construcción histórica que asigna posiciones desiguales dentro de la reproducción capitalista.

La consolidación del capitalismo separó de forma creciente el espacio del trabajo asalariado visible y el espacio del trabajo doméstico invisibilizado. De manera tendencial, el hombre fue ubicado como proveedor salarial y la mujer como esposa, madre, cuidadora y responsable del hogar. No significa que las mujeres dejaran de trabajar en actividades productivas; muchas siguieron haciéndolo en el campo, talleres, comercio, servicio doméstico o manufactura. Significa que su trabajo fue degradado, peor remunerado y definido socialmente como secundario respecto del salario masculino.

Esta reorganización permitió presentar el hogar como una esfera privada y no económica, aunque allí se produjera diariamente la fuerza de trabajo requerida por el capital. Federici describe esta operación como una nueva división sexual del trabajo que subordina la labor y la función reproductiva de las mujeres a la reproducción de la fuerza laboral.

Ejemplo: expulsión y confinamiento

El proceso no debe imaginarse como una expulsión absoluta y uniforme de las mujeres de todos los oficios. Más bien, muchas perdieron acceso a ocupaciones, gremios, recursos comunales o formas autónomas de subsistencia; otras fueron desplazadas hacia empleos peor pagados, informales o subordinados.

Al mismo tiempo, la ideología de la domesticidad convirtió el hogar en el lugar “natural” de las mujeres. Así, el hombre aparece como trabajador pleno y proveedor, mientras el trabajo femenino queda fragmentado entre labores domésticas no pagadas y ocupaciones precarias o complementarias.

6. Articulación entre colonización y trabajo

Desde Marx

Marx incorpora la conquista de América, el saqueo colonial, la esclavización y el comercio transatlántico como dimensiones decisivas de la acumulación originaria. La riqueza obtenida mediante despojo, extracción de metales, apropiación de tierras y explotación de poblaciones colonizadas contribuyó a concentrar capital en Europa. La acumulación originaria, por tanto, no es únicamente una historia nacional inglesa de cercamientos. Es también una historia mundial de conquista, violencia racial, extracción colonial y esclavitud. El capitalismo europeo se nutre de relaciones de dominación que atraviesan continentes.

Con Federici

Federici profundiza esa conexión y sostiene que la organización del trabajo en Europa no puede separarse de la organización colonial del trabajo. La expropiación de campesinos europeos, la subordinación de las mujeres, la esclavización de poblaciones africanas y la conquista de pueblos indígenas son procesos vinculados, aunque no idénticos.

La figura de Calibán remite al sujeto colonizado: racializado, deshumanizado y presentado como inferior, salvaje o naturalmente disponible para la explotación. La figura de la bruja remite a la mujer demonizada por su autonomía, sus saberes y su resistencia. Ambas figuras permiten pensar cómo el capitalismo construyó poblaciones que podían ser explotadas y violentadas con mayor intensidad.

En esta perspectiva, colonia y metrópoli no son escenarios aislados. Las técnicas de control, los discursos de inferiorización y las jerarquías laborales circulan entre ambos espacios. Federici vincula explícitamente la división entre colonia y metrópoli, la jerarquía racial y el disciplinamiento de los cuerpos femeninos con la formación del orden capitalista global.

Ejemplo: minas, talleres y violencia colonial

En territorios coloniales, los pueblos indígenas fueron forzados a trabajar en minas, plantaciones, obrajes y otras actividades extractivas mediante tributos, repartimientos, violencia militar y coerción legal. Esta explotación no fue una desviación del capitalismo europeo: fue una de sus condiciones históricas de enriquecimiento.

Al mismo tiempo, las mujeres indígenas padecieron una subordinación articulada por género, raza y colonialidad. Podían ser explotadas como trabajadoras, cuidadoras, productoras agrícolas, servidoras domésticas o reproductoras de población; además, sus prácticas rituales, médicas y comunitarias podían ser perseguidas como idolatría, hechicería o brujería. El objetivo era también desestructurar formas colectivas de autonomía.

7. Racismo y sexismo como tecnologías del trabajo

Desde Marx

Marx explica la explotación capitalista a partir de la relación entre capital y trabajo asalariado: quienes poseen los medios de producción compran fuerza de trabajo a quienes han sido desposeídos de ellos. La clase constituye, por tanto, una categoría central para comprender el funcionamiento del capital.

No obstante, su marco puede resultar limitado si raza y género se tratan solo como desigualdades añadidas a una explotación de clase considerada homogénea. La experiencia de una mujer indígena, una mujer afrodescendiente, un trabajador esclavizado o un obrero blanco europeo no está determinada únicamente por una posición abstracta dentro del mercado laboral.

Con Federici

Federici sostiene que racismo y sexismo son tecnologías de organización del trabajo. No son simples prejuicios culturales que sobreviven accidentalmente dentro del capitalismo; ayudan a clasificar poblaciones, justificar despojos y distribuir de manera desigual las cargas laborales, los derechos, los salarios y la exposición a la violencia. El racismo produce poblaciones consideradas naturalmente aptas para el trabajo forzado, servil, doméstico, peligroso o mal remunerado. El sexismo presenta el trabajo de las mujeres como una obligación moral, una cualidad natural o una ayuda secundaria. Juntos, ambos mecanismos fragmentan a las clases subalternas y dificultan la solidaridad entre quienes comparten condiciones de explotación.

La desigualdad no funciona solamente pagando menos por el mismo trabajo. También opera definiendo qué trabajos merecen salario, cuáles son invisibles, quién puede reclamar derechos y quién puede ser tratado como reemplazable. Federici plantea que el capitalismo se compromete estructuralmente con el racismo y el sexismo porque necesita justificar la coerción y la desigualdad que atraviesan sus relaciones sociales.

Ejemplo: trabajo doméstico y de cuidados racializado

Las mujeres indígenas, afrodescendientes, migrantes o empobrecidas suelen concentrarse de manera desproporcionada en el servicio doméstico, los cuidados, la limpieza, el trabajo informal y los empleos de menor protección social. No se trata solo de una decisión individual de ocupación.

Esta concentración resulta de herencias coloniales, desigualdades educativas, segmentación laboral, discriminación salarial, estereotipos de género y raza, y menor acceso a propiedad, seguridad social y protección estatal. Así, el capitalismo organiza una jerarquía donde ciertos cuerpos son asociados socialmente con el servicio y el cuidado de otros.

8. Silenciamiento de saberes sobre el cuerpo

Desde Marx

Marx presta especial atención a las transformaciones técnicas de la producción: maquinaria, división del trabajo, cooperación, gran industria y subordinación del obrero al ritmo de la fábrica. Su interés está en cómo el capital reorganiza los conocimientos y las destrezas productivas, concentrándolos en la maquinaria, la administración y la propiedad capitalista.

Sin embargo, los saberes populares sobre el cuerpo, la salud, la fertilidad, las plantas, los ciclos naturales y el cuidado colectivo no ocupan un lugar equivalente en su explicación de la acumulación originaria.

Con Federici

Federici amplía el campo de análisis al plantear que los saberes populares podían sostener formas de autonomía material. Conocer plantas medicinales, asistir partos, regular la fertilidad, compartir prácticas de cuidado, mantener rituales comunitarios o preservar vínculos con la tierra permitía a las comunidades depender menos del Estado, de la Iglesia, de los terratenientes o del mercado.

Por ello, la persecución de esos saberes no debe leerse solo como intolerancia religiosa. También puede entenderse como una disputa por el control de los cuerpos y por la autoridad para definir qué conocimientos son legítimos. La medicina institucional, la autoridad eclesiástica y el poder colonial se atribuyen el monopolio de la verdad sobre la salud, la sexualidad y la naturaleza, mientras saberes comunitarios son relegados a superstición, magia, idolatría o brujería.

La caza de brujas opera entonces como una política de deslegitimación: transforma conocimientos de cuidado y autonomía en signos de peligro, desviación o delito.

Ejemplo: destrucción de huacas y persecución de prácticas comunitarias

En América colonial, la destrucción de huacas y la persecución de ritos indígenas buscaban mucho más que imponer una doctrina religiosa. Las huacas, los rituales y las prácticas colectivas podían estructurar memorias, autoridades, formas de relación con el territorio y redes de solidaridad comunitaria.

Asimismo, las prácticas de sanación, los conocimientos herbolarios y las formas colectivas de cuidado podían ser perseguidas como idolatría, hechicería o superstición. Al desautorizar estos saberes, el orden colonial debilitaba fuentes comunitarias de autonomía y reforzaba su poder sobre cuerpos, territorios y trabajo.

9. Resistencia de mujeres y clases populares

Desde Marx

Para Marx, la historia del capitalismo no es solo la historia de la dominación burguesa. También es la historia de la resistencia de campesinos expropiados, artesanos desplazados, trabajadores fabriles, comunidades despojadas y organizaciones obreras.

La lucha de clases expresa que la explotación nunca se instala sin conflicto. Huelgas, rebeliones, destrucción de máquinas, organización sindical y levantamientos campesinos son respuestas a la subordinación al capital.

Con Federici

Federici amplía quiénes cuentan como sujetos de resistencia. Las luchas de mujeres por defender los comunes, el control sobre sus cuerpos, los saberes de cuidado, la autonomía sexual, la reproducción comunitaria y las redes de solidaridad forman parte de la historia de resistencia contra el capitalismo.

Esta perspectiva cuestiona la idea de que solo hay lucha política cuando existe una organización obrera formal o una demanda salarial explícita. Defender una fuente de agua, sostener una red comunitaria de alimentos, resistir el despojo territorial, preservar conocimientos de salud, oponerse a la violencia sexual o negarse a una maternidad impuesta puede ser también una lucha contra las condiciones de acumulación.

La caza de brujas es relevante porque persiguió no únicamente a mujeres aisladas, sino a posibles nodos de apoyo y resistencia comunitaria. Al demonizarlas como brujas, seductoras, corruptoras o enemigas del orden, se buscaba aislarlas socialmente y quebrar los vínculos colectivos que podían sostener una oposición al nuevo régimen de trabajo.

Ejemplo: mujeres en luchas campesinas y anticoloniales

Las mujeres han participado activamente en rebeliones campesinas, resistencias indígenas, luchas anticoloniales, movimientos por la tierra, huelgas, redes de alimentación y formas comunitarias de sobrevivencia. Sin embargo, los relatos oficiales suelen reducirlas a víctimas pasivas o las representan como amenazas morales cuando ocupan un lugar de liderazgo.

En la lectura de Federici, la demonización de mujeres rebeldes cumple una función política: desacreditar su palabra, asociar su autonomía con el desorden y advertir a otras mujeres sobre los costos de desafiar la autoridad masculina, colonial, eclesiástica o estatal. Recuperar estas resistencias permite entender que el trabajo reproductivo no es solo un terreno de explotación: también es un espacio desde el cual se organizan cuidados, solidaridades y alternativas de vida.