viernes, 21 de agosto de 2026

Federici: trabajo reproductivo, género y acumulación.

Este tema examina cómo la transición del feudalismo al capitalismo no implicó únicamente cambios económicos, sino una profunda reorganización de la tierra, el trabajo, los cuerpos y las relaciones de género. A partir de Marx, se analizará la acumulación originaria como un proceso violento de expropiación de tierras comunales y de separación de campesinos y artesanos respecto de sus medios de subsistencia, que permitió formar una población obligada a vender su fuerza de trabajo.

A partir de Silvia Federici, se ampliará esta lectura para comprender que la acumulación originaria también supuso una reorganización de la división sexual del trabajo. El control sobre la sexualidad, la maternidad, los saberes comunitarios y el trabajo reproductivo de las mujeres fue fundamental para sostener la nueva organización capitalista del trabajo. En este marco, la caza de brujas y la colonización no aparecen como procesos secundarios o aislados, sino como mecanismos de disciplinamiento, expropiación y subordinación de cuerpos y poblaciones 

De Marx a Federici: de la tierra al cuerpo

Contenidos

  • De los movimientos campesinos y urbanos a la formación del Estado moderno y la acumulación originaria (cercamiento de tierras comunales, colonización, comercio de esclavos).
  • Nueva división sexual del trabajo: confinamiento de las mujeres al trabajo reproductivo y doméstico, subordinación de los hombres en el espacio doméstico y disciplinamiento de la fuerza de trabajo.
  • Caza de brujas como dispositivo central del capitalismo temprano: persecución, tortura y asesinato de miles de mujeres para controlar cuerpo, sexualidad y reproducción.
  • Construcción de la mujer como sujeto domesticado: de vida colectiva y cooperativa a identidad obediente, silenciosa, asexuada y peligrosamente “rebelde” si desborda esos límites.
  • Articulación entre colonización, expropiación campesina y persecución de brujas como procesos equivalentes e indispensables para el capitalismo.

Conceptos clave

  • Materialismo histórico (Marx leído desde Federici)
  • División sexual del trabajo y trabajo reproductivo.
  • Caza de brujas y control del cuerpo femenino.
  • Comunes (tierras, formas de vida y saberes comunales).
  • Subalternidad: Calibán (lo indígena/colonial) y la bruja (las mujeres perseguidas).

Autores / lecturas

  • Silvia Federici, Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria (capítulos iniciales sobre transición feudalismo‑capitalismo, acumulación originaria y caza de brujas).
  • Marx, El Capital, tomo I, apartado sobre acumulación primitiva, como texto de referencia que Federici reelabora.

Introducción

La acumulación originaria, en Marx, nombra el proceso histórico y violento mediante el cual se destruyeron formas previas de subsistencia y se separó a campesinos y artesanos de sus tierras, herramientas y bienes comunales. Los cercamientos no solo privatizaron territorios: produjeron una población desposeída que, al no contar ya con medios propios para vivir, se vio obligada a vender su fuerza de trabajo en el mercado. Así se crean las condiciones sociales básicas de la relación capitalista entre propietarios de medios de producción y trabajadores asalariados

Silvia Federici retoma esta explicación, pero desplaza la mirada de la tierra al cuerpo. Su aporte consiste en mostrar que la acumulación originaria no implicó únicamente la expropiación de los comunes materiales; también requirió controlar la sexualidad, la maternidad, los saberes sobre el cuerpo y el trabajo reproductivo de las mujeres. De este modo, el capitalismo no solo produjo trabajadores “libres” para ser explotados en fábricas, talleres o campos, sino que organizó un trabajo doméstico y de cuidados generalmente no remunerado, indispensable para sostener y reproducir esa fuerza de trabajo.

Desde esta perspectiva, la transición al capitalismo debe entenderse como una doble expropiación: el cercamiento de la tierra y el cercamiento de los cuerpos.

1. Acumulación originaria como guerra contra los cuerpos

Desde Marx 

La acumulación originaria es expropiación de tierras comunales y conversión de campesinos en proletarios obligados a vender su fuerza de trabajo.  Para Marx, el capitalismo no comienza simplemente porque aparezcan mercados o porque algunas personas decidan convertirse en empresarios. Se necesita una condición fundamental: que existan, por un lado, personas que poseen los medios de producción y, por otro, personas que no poseen esos medios y solamente pueden vender su fuerza de trabajo. Por eso Marx habla de la acumulación originaria. Antes de convertirse en proletario, el campesino podía tener acceso a tierras, bosques, pastos, agua u otros medios de subsistencia. No necesariamente era propietario individual de todo, pero podía tener derechos de uso sobre tierras comunales.

Los cercamientos (enclosures) modificaron esta situación. Las tierras comunales fueron progresivamente apropiadas, cercadas y convertidas en propiedad privada. Muchos campesinos perdieron el acceso a los recursos que les permitían reproducir su vida. La acumulación originaria no solamente expropió tierras; también reorganizó los cuerpos y las capacidades reproductivas de las mujeres. Para Marx el capitalismo destruye formas colectivas de propiedad y trabajo (comunes, gremios, aldeas) para imponer relaciones individuales de mercado.

Con Federici 

Se retoma este análisis, pero afirma que resulta insuficiente si se concentra únicamente en la expropiación de tierras y en la formación del trabajador asalariado masculino. Su pregunta es: ¿quién reproduce cotidianamente a ese trabajador?, ¿quién gesta, cuida, alimenta, cura y sostiene a la futura fuerza de trabajo?, ¿bajo qué relaciones de poder se organiza esa reproducción? Su respuesta es que el capitalismo necesitó reorganizar radicalmente el trabajo de las mujeres y someter sus cuerpos a nuevas formas de control.

El capitalismo buscó devaluar y naturalizar el trabajo doméstico y de cuidados, presentándolo como “amor”, deber femenino o vocación, en vez de trabajo socialmente indispensable. Esto incluía el reforzar una división sexual del trabajo que asignara a los hombres, de manera tendencial, el empleo asalariado y a las mujeres el trabajo reproductivo no remunerado. Además de limitar la autonomía de las mujeres sobre la sexualidad, la maternidad, los saberes curativos y las redes comunales de apoyo.

Esa expropiación es también una guerra contra los cuerpos subalternos (especialmente de las mujeres), que se disciplinan mediante terror, ley y moral para convertirlos en soporte de la explotación.  Cuando Federici habla de una “guerra contra las mujeres”, no se refiere solo a agresiones individuales. Señala un proceso estructural: la construcción de un orden patriarcal funcional a la acumulación capitalista, en el cual los cuerpos de las mujeres, su trabajo y sus capacidades reproductivas quedan subordinados a la reproducción de la fuerza de trabajo.

Ejemplo Aplicado: una comunidad campesina antes de los cercamientos. Una familia puede cultivar una parcela, usar el bosque para obtener leña, alimentar algunos animales en pastos comunes, recolectar plantas medicinales y apoyarse en redes vecinales. Las mujeres no solo realizan tareas domésticas: pueden participar en la producción agrícola, intercambiar saberes, curar, asistir partos y sostener formas comunitarias de cooperación.

Con los cercamientos, la comunidad pierde el acceso a esos medios colectivos. El hombre puede verse obligado a migrar o a aceptar empleo asalariado. Pero la mujer no queda simplemente “afuera” de la economía: su trabajo se vuelve aún más necesario para compensar la pérdida de recursos. Debe asegurar comida, cuidado, crianza y sobrevivencia del hogar con menos medios y, con frecuencia, sin remuneración.

En Federici la proletarización no afecta del mismo modo a hombres y mujeres. Mientras el trabajador asalariado es incorporado directamente a la fábrica, el taller o el campo capitalista, muchas mujeres son confinadas o subordinadas al hogar como espacio de reproducción no pagada. El salario masculino puede aparecer como ingreso familiar, pero también organiza una relación de dependencia: el hombre recibe el salario y la mujer queda asociada al trabajo doméstico, reproductivo y de cuidados. La destrucción de los comunes implica también la ruptura de redes femeninas de apoyo, cuidado y subsistencia compartida, desarmando formas de trabajo colectivo no capitalistas.

2. Degradación del trabajo reproductivo

Desde Marx

El análisis de Marx se concentra en la producción capitalista y, especialmente, en la extracción de plusvalor. El capitalista compra fuerza de trabajo por un salario y, durante la jornada laboral, obtiene del trabajador un valor mayor que el que paga. Esa diferencia es el plusvalor, fuente de la ganancia capitalista. Que de igual forma se obtiene al vender la mercancía más caro de lo que realmente cuesta.

Por ello, el lugar privilegiado del análisis marxiano es la fábrica, el taller, la mina o el campo capitalista espacios en los que el trabajo asalariado produce mercancías para el mercado. Marx sí reconoce que la fuerza de trabajo debe renovarse diariamente y reproducirse generacionalmente, pero no desarrolla de manera sistemática quién realiza esa reproducción ni bajo qué relaciones de poder. El problema aparece cuando se da por supuesto que el trabajador llega cada mañana alimentado, vestido, cuidado, descansado y disponible para trabajar. La reproducción cotidiana de la fuerza de trabajo queda en el trasfondo de la teoría económica.

Con Federici

Federici coloca ese trasfondo en el centro. Sostiene que criar hijos e hijas, alimentar, limpiar, cuidar enfermos, acompañar a personas mayores, sostener afectivamente a la familia y organizar la vida cotidiana no son actividades “naturales” ni privadas: son trabajo reproductivo. Este trabajo es indispensable para el capitalismo porque produce y mantiene aquello que el capital compra en el mercado: la fuerza de trabajo. Sin alimentación, vivienda, descanso, crianza, cuidados y reposición generacional, no existirían trabajadores disponibles para la producción de mercancías.

La operación ideológica fundamental consiste en presentar este trabajo como una extensión espontánea de la feminidad. Se dice que las mujeres cuidan por amor, instinto, deber materno o vocación doméstica. Al llamarlo “amor” o “deber”, se oculta su carácter laboral y se evita reconocerlo, remunerarlo y redistribuirlo.

Federici vincula esta desvalorización con la consolidación de un orden en el cual el salario masculino funciona como mediación de dependencia. El trabajador recibe un salario, mientras la mujer queda asociada al trabajo doméstico no remunerado que sostiene tanto al trabajador como a la futura generación de trabajadores.

Ejemplo: la ama de casa moderna

La figura de la “ama de casa” no debe entenderse como una persona económicamente inactiva. Ella trabaja produciendo condiciones de vida: prepara alimentos, administra recursos escasos, cuida niños y niñas, atiende enfermedades, limpia, organiza horarios y sostiene vínculos afectivos.

Sin embargo, como su trabajo no aparece como una mercancía vendida en el mercado ni recibe regularmente un salario, se clasifica como “no trabajo”. La contradicción es que el capitalismo depende de ese trabajo para disponer de fuerza laboral, pero procura que su costo recaiga principalmente en los hogares y, dentro de ellos, en las mujeres.

3. Caza de brujas como disciplina laboral

Desde Marx

Marx analiza la disciplina de la fuerza de trabajo como una dimensión necesaria de la acumulación originaria. El cercamiento de tierras comunales expulsa a campesinos y campesinas de sus condiciones de subsistencia, pero esa expulsión no garantiza automáticamente que acepten trabajar bajo las nuevas condiciones salariales.

Por ello, el Estado interviene mediante la llamada “legislación sanguinaria” contra las personas expropiadas. Las leyes contra la vagancia, la mendicidad y el desplazamiento castigaban a quienes no podían o no querían incorporarse al trabajo asalariado. Azotes, marcas corporales, encarcelamiento, trabajo forzado e incluso pena de muerte fueron instrumentos para disciplinar a una población desposeída.  En esta lectura, la violencia estatal no es un residuo feudal que desaparece con el mercado. Es una condición histórica que obliga a los expropiados a aceptar la nueva disciplina laboral.

Con Federici

Federici coincide en que el capitalismo necesitó disciplinar a la población desposeída, pero insiste en que esta disciplina tuvo una dimensión específicamente sexualizada. La caza de brujas fue, en su interpretación, una campaña de terror dirigida de forma desproporcionada contra mujeres pobres, ancianas, viudas, curanderas, parteras, mendigas y mujeres consideradas insumisas.

No se trató solamente de una persecución religiosa ni de un episodio de superstición medieval. Para Federici, la caza de brujas acompañó la transición al capitalismo porque ayudó a quebrar solidaridades comunales, reducir la autonomía femenina y reordenar el trabajo de las mujeres hacia el hogar, la maternidad y el cuidado.

La figura de la bruja condensaba múltiples amenazas para el nuevo orden: una mujer que conocía el cuerpo, manejaba remedios, intervenía en partos, podía controlar la natalidad, vivía sin tutela masculina, cuestionaba autoridades o participaba en conflictos comunitarios. La persecución transformó esas capacidades y formas de autonomía en delitos o signos de peligrosidad social.

Ejemplo: parteras y curanderas

Las parteras, curanderas y mujeres conocedoras de prácticas anticonceptivas o abortivas podían tener una autoridad importante en sus comunidades. Sus saberes les permitían intervenir en la reproducción, aliviar enfermedades y sostener formas de cuidado relativamente autónomas de instituciones estatales, eclesiásticas o médicas.

En el marco analizado por Federici, la criminalización de esas prácticas no solo persigue una creencia religiosa considerada desviada. También disputa quién controla la reproducción, quién define los usos legítimos del cuerpo y quién posee autoridad sobre la salud y la sexualidad de las mujeres.

4. Control de la reproducción como control del trabajo

Desde Marx

Para Marx, la fuerza de trabajo es una mercancía especial: a diferencia de una máquina o una materia prima, tiene la capacidad de crear nuevo valor. El capitalista la compra por un tiempo determinado, pero durante ese tiempo obtiene de ella una cantidad de trabajo superior al valor pagado mediante el salario. La fuerza de trabajo, sin embargo, debe existir y renovarse. Debe haber personas capaces de trabajar hoy y nuevas generaciones que reemplacen a quienes envejecen, enferman o mueren. Marx reconoce que el salario se vincula con la reproducción del trabajador y de su familia, pero no convierte el control sobre la sexualidad, la maternidad y la natalidad en un eje central de su explicación.

Con Federici

Federici afirma que la reproducción humana debe ser entendida como un terreno de lucha política y económica. Si el capitalismo necesita fuerza de trabajo, controlar la capacidad de procrear, criar y sostener cuerpos trabajadores es una forma de controlar una condición básica de la acumulación.

Desde esta perspectiva, la sexualidad y la maternidad no son asuntos estrictamente privados. Las normas sobre matrimonio, aborto, infanticidio, anticoncepción, moral sexual y conducta femenina forman parte de dispositivos que regulan la reproducción de la población trabajadora.

Federici subraya que, durante la transición al capitalismo, se reforzaron controles legales, religiosos y morales sobre las mujeres. La persecución de prácticas anticonceptivas y abortivas, así como la criminalización de formas de sexualidad no orientadas a la reproducción legítima, redujeron la capacidad femenina de decidir sobre sus cuerpos.

Ejemplo: aborto, infanticidio y sexualidad no reproductiva

La criminalización del aborto y del infanticidio en la Europa moderna debe leerse, en este marco, más allá de una simple condena moral. Es una intervención sobre la capacidad de las mujeres para decidir si tener hijos, cuándo tenerlos y bajo qué condiciones. Federici no plantea que todas estas medidas respondieran mecánicamente a una necesidad demográfica. Su punto es más amplio: el Estado y la Iglesia construyeron un orden en el que la capacidad reproductiva femenina pasó a ser objeto de vigilancia, regulación y castigo. De esta manera, la reproducción de la fuerza de trabajo se subordinó progresivamente a intereses estatales, patriarcales y capitalistas.

5. División sexual del trabajo

Desde Marx

El análisis clásico de Marx sobre la gran industria destaca la incorporación de mujeres y niños al trabajo fabril. Esto permite ver que el capitalismo puede emplear a toda la familia trabajadora, rebajar salarios y aumentar la disponibilidad de mano de obra. Sin embargo, la figura predominante en gran parte de su exposición sigue siendo la del obrero asalariado masculino. La división entre trabajo productivo remunerado y trabajo doméstico reproductivo no recibe el mismo desarrollo teórico que la explotación dentro de la fábrica.

El riesgo de esta centralidad es considerar que el proletariado se constituye principalmente en el espacio laboral formal, dejando en segundo plano los hogares, los cuidados y las relaciones de género que hacen posible la participación cotidiana en el empleo asalariado.

Con Federici

Federici sostiene que la división sexual del trabajo no es una distribución neutral o natural de tareas. Es una construcción histórica que asigna posiciones desiguales dentro de la reproducción capitalista.

La consolidación del capitalismo separó de forma creciente el espacio del trabajo asalariado visible y el espacio del trabajo doméstico invisibilizado. De manera tendencial, el hombre fue ubicado como proveedor salarial y la mujer como esposa, madre, cuidadora y responsable del hogar. No significa que las mujeres dejaran de trabajar en actividades productivas; muchas siguieron haciéndolo en el campo, talleres, comercio, servicio doméstico o manufactura. Significa que su trabajo fue degradado, peor remunerado y definido socialmente como secundario respecto del salario masculino.

Esta reorganización permitió presentar el hogar como una esfera privada y no económica, aunque allí se produjera diariamente la fuerza de trabajo requerida por el capital. Federici describe esta operación como una nueva división sexual del trabajo que subordina la labor y la función reproductiva de las mujeres a la reproducción de la fuerza laboral.

Ejemplo: expulsión y confinamiento

El proceso no debe imaginarse como una expulsión absoluta y uniforme de las mujeres de todos los oficios. Más bien, muchas perdieron acceso a ocupaciones, gremios, recursos comunales o formas autónomas de subsistencia; otras fueron desplazadas hacia empleos peor pagados, informales o subordinados.

Al mismo tiempo, la ideología de la domesticidad convirtió el hogar en el lugar “natural” de las mujeres. Así, el hombre aparece como trabajador pleno y proveedor, mientras el trabajo femenino queda fragmentado entre labores domésticas no pagadas y ocupaciones precarias o complementarias.

6. Articulación entre colonización y trabajo

Desde Marx

Marx incorpora la conquista de América, el saqueo colonial, la esclavización y el comercio transatlántico como dimensiones decisivas de la acumulación originaria. La riqueza obtenida mediante despojo, extracción de metales, apropiación de tierras y explotación de poblaciones colonizadas contribuyó a concentrar capital en Europa. La acumulación originaria, por tanto, no es únicamente una historia nacional inglesa de cercamientos. Es también una historia mundial de conquista, violencia racial, extracción colonial y esclavitud. El capitalismo europeo se nutre de relaciones de dominación que atraviesan continentes.

Con Federici

Federici profundiza esa conexión y sostiene que la organización del trabajo en Europa no puede separarse de la organización colonial del trabajo. La expropiación de campesinos europeos, la subordinación de las mujeres, la esclavización de poblaciones africanas y la conquista de pueblos indígenas son procesos vinculados, aunque no idénticos.

La figura de Calibán remite al sujeto colonizado: racializado, deshumanizado y presentado como inferior, salvaje o naturalmente disponible para la explotación. La figura de la bruja remite a la mujer demonizada por su autonomía, sus saberes y su resistencia. Ambas figuras permiten pensar cómo el capitalismo construyó poblaciones que podían ser explotadas y violentadas con mayor intensidad.

En esta perspectiva, colonia y metrópoli no son escenarios aislados. Las técnicas de control, los discursos de inferiorización y las jerarquías laborales circulan entre ambos espacios. Federici vincula explícitamente la división entre colonia y metrópoli, la jerarquía racial y el disciplinamiento de los cuerpos femeninos con la formación del orden capitalista global.

Ejemplo: minas, talleres y violencia colonial

En territorios coloniales, los pueblos indígenas fueron forzados a trabajar en minas, plantaciones, obrajes y otras actividades extractivas mediante tributos, repartimientos, violencia militar y coerción legal. Esta explotación no fue una desviación del capitalismo europeo: fue una de sus condiciones históricas de enriquecimiento.

Al mismo tiempo, las mujeres indígenas padecieron una subordinación articulada por género, raza y colonialidad. Podían ser explotadas como trabajadoras, cuidadoras, productoras agrícolas, servidoras domésticas o reproductoras de población; además, sus prácticas rituales, médicas y comunitarias podían ser perseguidas como idolatría, hechicería o brujería. El objetivo era también desestructurar formas colectivas de autonomía.

7. Racismo y sexismo como tecnologías del trabajo

Desde Marx

Marx explica la explotación capitalista a partir de la relación entre capital y trabajo asalariado: quienes poseen los medios de producción compran fuerza de trabajo a quienes han sido desposeídos de ellos. La clase constituye, por tanto, una categoría central para comprender el funcionamiento del capital.

No obstante, su marco puede resultar limitado si raza y género se tratan solo como desigualdades añadidas a una explotación de clase considerada homogénea. La experiencia de una mujer indígena, una mujer afrodescendiente, un trabajador esclavizado o un obrero blanco europeo no está determinada únicamente por una posición abstracta dentro del mercado laboral.

Con Federici

Federici sostiene que racismo y sexismo son tecnologías de organización del trabajo. No son simples prejuicios culturales que sobreviven accidentalmente dentro del capitalismo; ayudan a clasificar poblaciones, justificar despojos y distribuir de manera desigual las cargas laborales, los derechos, los salarios y la exposición a la violencia. El racismo produce poblaciones consideradas naturalmente aptas para el trabajo forzado, servil, doméstico, peligroso o mal remunerado. El sexismo presenta el trabajo de las mujeres como una obligación moral, una cualidad natural o una ayuda secundaria. Juntos, ambos mecanismos fragmentan a las clases subalternas y dificultan la solidaridad entre quienes comparten condiciones de explotación.

La desigualdad no funciona solamente pagando menos por el mismo trabajo. También opera definiendo qué trabajos merecen salario, cuáles son invisibles, quién puede reclamar derechos y quién puede ser tratado como reemplazable. Federici plantea que el capitalismo se compromete estructuralmente con el racismo y el sexismo porque necesita justificar la coerción y la desigualdad que atraviesan sus relaciones sociales.

Ejemplo: trabajo doméstico y de cuidados racializado

Las mujeres indígenas, afrodescendientes, migrantes o empobrecidas suelen concentrarse de manera desproporcionada en el servicio doméstico, los cuidados, la limpieza, el trabajo informal y los empleos de menor protección social. No se trata solo de una decisión individual de ocupación.

Esta concentración resulta de herencias coloniales, desigualdades educativas, segmentación laboral, discriminación salarial, estereotipos de género y raza, y menor acceso a propiedad, seguridad social y protección estatal. Así, el capitalismo organiza una jerarquía donde ciertos cuerpos son asociados socialmente con el servicio y el cuidado de otros.

8. Silenciamiento de saberes sobre el cuerpo

Desde Marx

Marx presta especial atención a las transformaciones técnicas de la producción: maquinaria, división del trabajo, cooperación, gran industria y subordinación del obrero al ritmo de la fábrica. Su interés está en cómo el capital reorganiza los conocimientos y las destrezas productivas, concentrándolos en la maquinaria, la administración y la propiedad capitalista.

Sin embargo, los saberes populares sobre el cuerpo, la salud, la fertilidad, las plantas, los ciclos naturales y el cuidado colectivo no ocupan un lugar equivalente en su explicación de la acumulación originaria.

Con Federici

Federici amplía el campo de análisis al plantear que los saberes populares podían sostener formas de autonomía material. Conocer plantas medicinales, asistir partos, regular la fertilidad, compartir prácticas de cuidado, mantener rituales comunitarios o preservar vínculos con la tierra permitía a las comunidades depender menos del Estado, de la Iglesia, de los terratenientes o del mercado.

Por ello, la persecución de esos saberes no debe leerse solo como intolerancia religiosa. También puede entenderse como una disputa por el control de los cuerpos y por la autoridad para definir qué conocimientos son legítimos. La medicina institucional, la autoridad eclesiástica y el poder colonial se atribuyen el monopolio de la verdad sobre la salud, la sexualidad y la naturaleza, mientras saberes comunitarios son relegados a superstición, magia, idolatría o brujería.

La caza de brujas opera entonces como una política de deslegitimación: transforma conocimientos de cuidado y autonomía en signos de peligro, desviación o delito.

Ejemplo: destrucción de huacas y persecución de prácticas comunitarias

En América colonial, la destrucción de huacas y la persecución de ritos indígenas buscaban mucho más que imponer una doctrina religiosa. Las huacas, los rituales y las prácticas colectivas podían estructurar memorias, autoridades, formas de relación con el territorio y redes de solidaridad comunitaria.

Asimismo, las prácticas de sanación, los conocimientos herbolarios y las formas colectivas de cuidado podían ser perseguidas como idolatría, hechicería o superstición. Al desautorizar estos saberes, el orden colonial debilitaba fuentes comunitarias de autonomía y reforzaba su poder sobre cuerpos, territorios y trabajo.

9. Resistencia de mujeres y clases populares

Desde Marx

Para Marx, la historia del capitalismo no es solo la historia de la dominación burguesa. También es la historia de la resistencia de campesinos expropiados, artesanos desplazados, trabajadores fabriles, comunidades despojadas y organizaciones obreras.

La lucha de clases expresa que la explotación nunca se instala sin conflicto. Huelgas, rebeliones, destrucción de máquinas, organización sindical y levantamientos campesinos son respuestas a la subordinación al capital.

Con Federici

Federici amplía quiénes cuentan como sujetos de resistencia. Las luchas de mujeres por defender los comunes, el control sobre sus cuerpos, los saberes de cuidado, la autonomía sexual, la reproducción comunitaria y las redes de solidaridad forman parte de la historia de resistencia contra el capitalismo.

Esta perspectiva cuestiona la idea de que solo hay lucha política cuando existe una organización obrera formal o una demanda salarial explícita. Defender una fuente de agua, sostener una red comunitaria de alimentos, resistir el despojo territorial, preservar conocimientos de salud, oponerse a la violencia sexual o negarse a una maternidad impuesta puede ser también una lucha contra las condiciones de acumulación.

La caza de brujas es relevante porque persiguió no únicamente a mujeres aisladas, sino a posibles nodos de apoyo y resistencia comunitaria. Al demonizarlas como brujas, seductoras, corruptoras o enemigas del orden, se buscaba aislarlas socialmente y quebrar los vínculos colectivos que podían sostener una oposición al nuevo régimen de trabajo.

Ejemplo: mujeres en luchas campesinas y anticoloniales

Las mujeres han participado activamente en rebeliones campesinas, resistencias indígenas, luchas anticoloniales, movimientos por la tierra, huelgas, redes de alimentación y formas comunitarias de sobrevivencia. Sin embargo, los relatos oficiales suelen reducirlas a víctimas pasivas o las representan como amenazas morales cuando ocupan un lugar de liderazgo.

En la lectura de Federici, la demonización de mujeres rebeldes cumple una función política: desacreditar su palabra, asociar su autonomía con el desorden y advertir a otras mujeres sobre los costos de desafiar la autoridad masculina, colonial, eclesiástica o estatal. Recuperar estas resistencias permite entender que el trabajo reproductivo no es solo un terreno de explotación: también es un espacio desde el cual se organizan cuidados, solidaridades y alternativas de vida.


martes, 18 de agosto de 2026

Introducción: el origen de la ciencia

Todas las personas producimos conocimiento. Desde nuestra vida cotidiana observamos, experimentamos, recordamos, comparamos y sacamos conclusiones sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Por eso, el conocimiento no pertenece exclusivamente a la ciencia. Existen diferentes formas de conocimiento, entre ellas el conocimiento cotidiano, técnico, científico, filosófico y teológico.

Sin embargo, no todo conocimiento es conocimiento científico. Tampoco todo aquello que parece lógico es necesariamente científico.

En la vida cotidiana utilizamos constantemente razonamientos basados en la experiencia. Por ejemplo, si una persona toma una pastilla y después desaparece su dolor de cabeza, puede concluir: “La pastilla me quitó el dolor de cabeza”. La conclusión parece razonable porque existe una secuencia: dolor → pastilla → desaparición del dolor.

Pero la ciencia introduce una pregunta adicional: ¿realmente fue la pastilla la causa de que desapareciera el dolor? Para responderla necesitamos comprobar la relación, comparar casos, establecer condiciones, observar resultados y determinar si la explicación puede sostenerse frente a otras posibilidades.

Por eso, la ciencia no consiste simplemente en pensar lógicamente. Es una forma de producir conocimiento mediante procedimientos sistemáticos de observación, formulación de preguntas, construcción de explicaciones, contrastación de evidencias, argumentación y revisión crítica.

El conocimiento científico tampoco aparece de la nada. Los seres humanos produjeron conocimiento durante miles de años antes de que existiera la ciencia moderna. Aprendieron a utilizar el fuego, fabricar herramientas, cultivar la tierra, domesticar animales, orientarse, observar los astros y utilizar plantas con fines medicinales. La diferencia es que, con el tiempo, algunas formas de conocimiento comenzaron a adquirir mayor especialización, sistematicidad y capacidad de explicación.

Por eso, la ciencia moderna debe entenderse como el resultado de un proceso histórico. No fue inventada por una sola persona ni apareció en un momento determinado. Se construyó progresivamente a partir de conocimientos anteriores y de profundas transformaciones sociales, económicas, políticas y culturales.

En este recorrido analizaremos cómo las diferentes formas de organizar la sociedad fueron creando condiciones para transformar las maneras de producir conocimiento: desde el conocimiento empírico de las primeras comunidades humanas, pasando por la especialización y racionalización del conocimiento en la Antigüedad, la influencia de la religión durante el feudalismo, el Renacimiento y la Revolución Científica, hasta la relación cada vez más estrecha entre ciencia, tecnología y capitalismo.

I. Comunidad primitiva: conocimiento empírico y técnico

En las primeras comunidades humanas ya existía conocimiento, aunque todavía no existía la ciencia como la conocemos actualmente.

Las personas dependían directamente de la naturaleza para sobrevivir. Necesitaban encontrar agua y alimentos, protegerse de los animales, fabricar herramientas, utilizar el fuego y reconocer los ciclos de la naturaleza. El trabajo y la producción tenían principalmente un carácter comunitario, y el conocimiento estaba estrechamente relacionado con las necesidades inmediatas de la vida.

Por eso se desarrolló principalmente un conocimiento empírico y técnico, basado en la experiencia y en la práctica.

Las personas aprendieron, por ejemplo:

  • qué plantas podían consumir y cuáles eran peligrosas;
  • dónde encontrar agua;
  • cuándo y dónde cazar;
  • cómo utilizar el fuego;
  • cómo fabricar herramientas;
  • cómo trabajar la piedra y la madera;
  • cómo reconocer los ciclos de la naturaleza;
  • cómo transmitir esos conocimientos a las nuevas generaciones.

Podemos representar este proceso de manera sencilla:

Observar → experimentar → aprender → transmitir.

Una persona podía descubrir que determinada planta ayudaba a aliviar un dolor porque la había utilizado varias veces y había observado sus efectos. Ese conocimiento podía ser válido y útil, pero todavía no constituía conocimiento científico.

La diferencia aparece cuando hacemos preguntas que van más allá de la experiencia inmediata:

¿Por qué funciona? ¿Cómo podemos comprobarlo? ¿Siempre funciona? ¿En qué condiciones funciona?

El conocimiento empírico no desaparece con la ciencia. Continúa existiendo y puede incluso convertirse en un punto de partida para una investigación científica. La diferencia es que la ciencia busca explicar y comprobar sistemáticamente las relaciones que encuentra.

Por tanto, los seres humanos produjeron conocimiento mucho antes de que existiera la ciencia. El desarrollo de herramientas, la agricultura, el pastoreo y otras técnicas permitió ampliar progresivamente la capacidad humana para conocer y transformar la naturaleza.

Estos cambios también transformaron la organización de las sociedades.

II. Esclavismo: especialización y racionalización del conocimiento

Con el desarrollo de las sociedades esclavistas cambió profundamente la organización social y también cambiaron las condiciones en las que se producía el conocimiento.

Aparecieron formas más desarrolladas de división social del trabajo, junto con la propiedad privada y sociedades organizadas en clases. En diferentes sociedades antiguas, una parte de la población pudo dedicarse de manera más especializada a actividades políticas, administrativas, religiosas, filosóficas, matemáticas y técnicas.

Esto permitió que algunas formas de conocimiento se separaran progresivamente de las necesidades productivas inmediatas y adquirieran un carácter más especializado, racional y sistemático.

En las sociedades antiguas se desarrollaron importantes conocimientos en:

  • Matemáticas: cálculo, medición y geometría.
  • Astronomía: observación y registro de los astros.
  • Medicina: observación del cuerpo y las enfermedades.
  • Filosofía: reflexión sobre la realidad, el conocimiento y la sociedad.
  • Política: reflexión sobre el gobierno y la organización social.

Aquí encontramos un cambio importante respecto al conocimiento predominantemente empírico:

“Lo sé porque lo he experimentado y funciona.”

comienza a complementarse con:

“Quiero saber por qué ocurre y puedo utilizar la razón para explicarlo.”

Esto no significa que la ciencia moderna ya existiera. Significa que aparecieron algunas de las condiciones intelectuales que posteriormente serían fundamentales para su desarrollo: observación, clasificación, medición, razonamiento, argumentación y construcción de explicaciones sistemáticas.

Un ejemplo: Ptolomeo

Un ejemplo importante es Claudio Ptolomeo, quien vivió en el siglo II d. C., durante el Imperio romano. Ptolomeo trabajó en astronomía y matemáticas. A partir de observaciones y conocimientos astronómicos anteriores, construyó modelos matemáticos para explicar los movimientos aparentes de los astros.

Su trabajo muestra que en la Antigüedad el conocimiento podía alcanzar un alto grado de sistematicidad y racionalización.

Sin embargo, su modelo geocéntrico todavía pertenecía a una concepción del universo diferente de la que posteriormente desarrollaría la ciencia moderna. Siglos después, Nicolás Copérnico, Johannes Kepler y Galileo Galilei, entre otros, cuestionarían y transformarían esa concepción.

La historia de Ptolomeo muestra algo importante: la ciencia moderna no surge negando todo el conocimiento anterior, sino también heredándolo, transformándolo y cuestionándolo.

La crisis del mundo antiguo

Con el tiempo, las sociedades esclavistas experimentaron importantes transformaciones económicas, políticas y militares. El Imperio romano atravesó una profunda crisis y, finalmente, el Imperio romano de Occidente se desintegró en el siglo V.

La transformación de las relaciones sociales no modificó únicamente la economía y la política. También cambió las instituciones encargadas de conservar, transmitir y producir conocimiento.

En Europa occidental se desarrolló una nueva organización social: el feudalismo.

III. Feudalismo: religión, autoridad y conservación del conocimiento

Durante el feudalismo, la tierra se convirtió en el principal medio de producción. La sociedad europea se organizó alrededor de relaciones entre señores feudales y campesinos.

El siervo no era un esclavo. No era propiedad personal del señor, pero estaba ligado a la tierra y tenía obligaciones económicas y laborales. El señor controlaba el territorio y ejercía determinadas funciones políticas y militares, mientras los campesinos trabajaban la tierra y entregaban parte de su producción o de su trabajo.

La sociedad era principalmente agraria, rural y jerárquica.

En este contexto, la sociedad medieval europea estuvo profundamente marcada por una visión teocéntrica. Dios ocupaba un lugar central en la interpretación de la realidad y la Iglesia tenía una enorme influencia sobre la educación, la cultura y la producción intelectual.

Esto no significa que durante la Edad Media no existiera conocimiento científico o técnico. Sería incorrecto afirmar que:

“En la Edad Media no hubo ciencia.”

Es más preciso señalar que durante buena parte del período medieval las explicaciones sobre la naturaleza estuvieron fuertemente condicionadas por la religión, la tradición y la autoridad.

Existieron diferentes formas de conocimiento:

  • Teológico: explicación de la realidad desde la fe y la doctrina religiosa.
  • Filosófico: reflexión racional sobre el ser, Dios, el conocimiento y la realidad.
  • Técnico y empírico: conocimientos relacionados con agricultura, construcción, navegación, metalurgia y medicina.
  • Matemático y astronómico: desarrollo de cálculos, calendarios y observaciones de los astros.

Además, los monasterios, las escuelas y posteriormente las universidades medievales desempeñaron un papel fundamental en la conservación, copia, enseñanza y transmisión de conocimientos.

También fue fundamental el contacto entre Europa y el mundo islámico. A través de diferentes intercambios circularon conocimientos de matemáticas, medicina, astronomía y filosofía que habían sido conservados, desarrollados y transmitidos por distintas culturas.

Por tanto, la Edad Media no fue simplemente un período de ausencia de conocimiento. Fue un período en el que se conservaron y desarrollaron saberes que posteriormente serían fundamentales para la ciencia moderna.

Sin embargo, hacia el final de la Edad Media comenzaron a producirse transformaciones económicas, sociales, culturales e intelectuales que modificarían profundamente la forma de entender el mundo.

IV. Renacimiento, imprenta y Revolución Científica: el nacimiento de la ciencia moderna

El Renacimiento significó una transformación cultural importante. El humanismo recuperó y estudió textos de la Antigüedad y colocó una mayor atención en las capacidades humanas, la observación y el estudio de la naturaleza.

Un cambio fundamental fue la expansión de la imprenta de tipos móviles, asociada a Johannes Gutenberg en el siglo XV.

La imprenta permitió reproducir y distribuir textos de manera mucho más rápida y amplia que antes. Esto facilitó la circulación de libros, ideas y conocimientos, y contribuyó a transformar la relación de las personas con la información y la autoridad intelectual.

En este contexto también se produjo la Reforma Protestante, iniciada en el siglo XVI con figuras como Martín Lutero.

La Reforma cuestionó la autoridad de la Iglesia católica y rompió la unidad religiosa de Europa occidental. También favoreció una mayor importancia de la lectura y de la educación religiosa y contribuyó a crear un contexto en el que algunas autoridades tradicionales podían ser cuestionadas.

Esto no significa que la Reforma haya creado directamente la ciencia. La relación es más indirecta: formó parte de un proceso más amplio de transformación de las autoridades religiosas, culturales e intelectuales de Europa.

La Revolución Científica

Durante los siglos XVI y XVII se produjo una transformación decisiva: la Revolución Científica.

Nicolás Copérnico propuso que la Tierra no ocupaba el centro del universo y que los planetas giraban alrededor del Sol.

Posteriormente, Johannes Kepler utilizó las matemáticas para formular leyes sobre el movimiento de los planetas.

Galileo Galilei combinó la observación, el uso del telescopio, la experimentación y las matemáticas para estudiar la naturaleza. Sus trabajos cuestionaron importantes aspectos de la concepción tradicional del universo.

Posteriormente, Isaac Newton integró diferentes conocimientos sobre movimiento, matemáticas y astronomía en una explicación general de la naturaleza.

Lo importante no es solamente lo que descubrió cada científico, sino el cambio en la manera de producir conocimiento.

Se fortaleció una nueva relación:

Observación → medición → experimentación → matematización → formulación de leyes → contrastación.

La autoridad de la tradición comenzó a ser cuestionada por la necesidad de observar, demostrar y comprobar.

Aquí encontramos uno de los momentos fundamentales en la construcción de la ciencia moderna.

V. La transición del feudalismo al capitalismo

La ciencia moderna no se desarrolló aislada de las transformaciones sociales. Durante los siglos XVI al XVIII Europa experimentó profundos cambios económicos, políticos y culturales que debilitaron progresivamente las estructuras del orden feudal y contribuyeron al desarrollo del capitalismo.

Entre estos procesos destacan la expansión comercial, el crecimiento de las ciudades, el fortalecimiento de la burguesía, la expansión de los mercados y diferentes transformaciones políticas y religiosas.

Tres acontecimientos resultan especialmente importantes para comprender este proceso: la Reforma Protestante, la Revolución Francesa y la Revolución Industrial.

Reforma Protestante

La Reforma Protestante, iniciada en el siglo XVI con figuras como Martín Lutero, cuestionó la autoridad de la Iglesia católica y rompió la unidad religiosa de Europa.

Favoreció nuevas formas de organización religiosa y una mayor valoración de la lectura y la educación. También contribuyó, dentro de un proceso mucho más amplio, a cuestionar determinadas formas de autoridad y tradición.

Su importancia para nuestro tema está en que forma parte de una transformación cultural en la que las personas comenzaron a relacionarse de nuevas maneras con los textos, la autoridad y el conocimiento.

Revolución Francesa

La Revolución Francesa de 1789 cuestionó el orden político y social del Antiguo Régimen y los privilegios de la aristocracia y el clero.

Las ideas de libertad, igualdad, ciudadanía y derechos contribuyeron a transformar las relaciones políticas y sociales y fortalecieron el papel de la burguesía.

La Revolución también ayudó a consolidar una nueva concepción del conocimiento: la educación, la ciencia y la razón comenzaron a ser consideradas asuntos de interés público y elementos importantes para la transformación de la sociedad.

De esta manera, la ciencia comenzó a desprenderse cada vez más de las instituciones tradicionales y a vincularse con nuevas instituciones educativas, estatales y sociales.

Revolución Industrial

La Revolución Industrial, iniciada en Inglaterra durante el siglo XVIII, transformó radicalmente la producción.

Se pasó progresivamente del taller artesanal a la fábrica y a la producción mecanizada.

Una tecnología fundamental fue la máquina de vapor, perfeccionada por James Watt, que permitió utilizar una nueva fuente de energía para mover máquinas y posteriormente impulsar locomotoras y barcos.

La industrialización generó nuevas necesidades de conocimiento. La producción de máquinas, la utilización de nuevas fuentes de energía y el desarrollo de procesos industriales exigieron aplicar conocimientos de física, química y matemáticas.

De esta manera se fortaleció una relación cada vez más estrecha:

Ciencia → tecnología → producción.

La ciencia dejó de ser solamente una forma de comprender la naturaleza y comenzó a adquirir una importancia creciente como instrumento para transformarla y aumentar la capacidad productiva.

VI. Capitalismo: ciencia, trabajo y producción

El capitalismo transformó profundamente la relación entre trabajo, conocimiento, ciencia y producción.

A diferencia de las sociedades feudales, donde la tierra era el principal medio de producción, en el capitalismo adquieren una importancia central los medios de producción, el mercado y la producción de mercancías.

El trabajador es jurídicamente libre, pero generalmente no posee los medios de producción necesarios para producir por cuenta propia. Por eso debe vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario.

Desde la perspectiva de Karl Marx, la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía particular. El trabajador recibe un salario por ella, pero durante la jornada laboral puede producir un valor superior al valor necesario para reproducir esa fuerza de trabajo.

La diferencia constituye la plusvalía, que es apropiada por el capitalista.

Podemos expresarlo de manera sencilla:

Trabajador → vende su fuerza de trabajo → recibe salario

Trabajador → produce mercancías → genera nuevo valor

Valor producido − valor de la fuerza de trabajo = plusvalía

Por eso, para Marx, la relación entre trabajo y capital no consiste simplemente en que el trabajador sea “mal pagado”, sino en que existe una relación social en la que la fuerza de trabajo produce un valor mayor que el valor que recibe en forma de salario.

El desarrollo del capitalismo también incrementó la necesidad de conocimientos científicos y técnicos. Las empresas necesitaban mejorar máquinas, aumentar la productividad, controlar procesos, transportar mercancías, medir tiempos y utilizar nuevas fuentes de energía.

Así, la ciencia y la tecnología comenzaron a integrarse cada vez más directamente en el proceso productivo.

La ciencia pasó a convertirse progresivamente en una fuerza productiva.

VII. Ciencia, capitalismo y sociedad moderna

Con la consolidación de la sociedad capitalista, la ciencia adquirió una posición cada vez más importante.

La ciencia permitió conocer y transformar la naturaleza, pero también se integró en las necesidades de la producción. La tecnología permitió aplicar ese conocimiento a máquinas, procesos industriales, transportes, comunicaciones y posteriormente a nuevas formas de organización del trabajo.

Por eso, la relación entre ciencia y capitalismo puede entenderse en dos sentidos.

Por un lado:

El desarrollo de la ciencia favoreció el desarrollo tecnológico y productivo del capitalismo.

Por otro:

Las necesidades del capitalismo impulsaron nuevas investigaciones, tecnologías y formas de aplicar el conocimiento.

Esta relación continúa hasta la actualidad. La informática, la inteligencia artificial, la biotecnología, la robótica y las nuevas tecnologías digitales muestran que el conocimiento científico y tecnológico constituye una parte fundamental de las fuerzas productivas contemporáneas.

Conclusión

La ciencia moderna no surgió de repente ni fue inventada por una sola persona. Tampoco comenzó cuando los seres humanos aprendieron a pensar lógicamente. Los seres humanos produjeron conocimiento mucho antes de que existiera la ciencia.

En las primeras comunidades desarrollaron conocimientos empíricos y técnicos para sobrevivir y transformar la naturaleza. En las sociedades antiguas, especialmente en Grecia, algunas formas de conocimiento adquirieron mayor racionalidad, especialización y sistematicidad. Durante el feudalismo, el conocimiento estuvo fuertemente condicionado por la religión y la autoridad, pero también se conservaron y desarrollaron saberes fundamentales.

Posteriormente, el Renacimiento, la imprenta, la Reforma Protestante y la Revolución Científica contribuyeron a transformar las formas de producir y transmitir conocimiento. Copérnico, Kepler, Galileo y Newton representan momentos fundamentales de esta transformación.

Finalmente, la Revolución Francesa y la Revolución Industrial contribuyeron a transformar las estructuras políticas, sociales y económicas, mientras el capitalismo estableció una relación cada vez más estrecha entre ciencia, tecnología, trabajo y producción.

Por tanto, la ciencia debe entenderse como una construcción histórica y social. Es una forma particular de producir conocimiento caracterizada por la búsqueda sistemática de explicaciones, el uso de evidencias, la contrastación y la posibilidad de cuestionar y corregir sus propias conclusiones.

En otras palabras:

La humanidad produjo conocimiento mucho antes de producir ciencia; la ciencia surgió cuando determinadas formas de conocimiento comenzaron a organizarse de manera sistemática, racional, especializada y verificable, dentro de un proceso histórico de profundas transformaciones sociales.


Todas las personas producimos conocimiento. Desde nuestra vida cotidiana observamos, experimentamos, recordamos, comparamos y sacamos conclusiones sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Por eso, el conocimiento no pertenece exclusivamente a la ciencia. Podemos distinguir diferentes formas de conocimiento, entre ellas el conocimiento cotidiano, técnico, científico, filosófico y teológico.

Sin embargo, no todo conocimiento es conocimiento científico. Tampoco todo aquello que parece lógico es necesariamente científico.

En la vida cotidiana utilizamos con frecuencia una lógica simple: observamos que algo ocurre y establecemos una relación entre dos hechos. Por ejemplo: “Tomé una pastilla y se me quitó el dolor de cabeza; por lo tanto, la pastilla quita el dolor de cabeza”. Esta conclusión puede parecer lógica porque existe una secuencia: dolor → pastilla → desaparición del dolor.

Pero podemos llevar esa misma lógica un paso más allá y encontrar un problema: si una pastilla quita el dolor de cabeza, entonces podríamos pensar que cinco pastillas quitarán un dolor cinco veces más fuerte. La conclusión parece lógica y mantiene una secuencia ordenada, pero no por eso es científica. La relación entre los hechos necesita ser comprobada, estudiada y explicada bajo condiciones que permitan determinar si realmente existe esa relación.

Aquí aparece una diferencia fundamental: la ciencia no se basa simplemente en pensar lógicamente (ni de forma simple), sino en construir conocimiento mediante procedimientos sistemáticos que permitan comprobar, cuestionar y eventualmente refutar nuestras explicaciones.

Por eso podemos hablar de una lógica simple, propia de muchas experiencias cotidianas, y de una lógica científica más compleja, que requiere conceptos, métodos, evidencia, comparación, medición, argumentación y contrastación.

La ciencia, entonces, no ha existido siempre en la forma en que hoy la conocemos. Es el resultado de un proceso histórico en el que la humanidad fue desarrollando nuevas maneras de observar, explicar y comprobar la realidad.

En este escrito a revisar cómo surgió ese proceso: en qué momento histórico aparece la ciencia, qué condiciones hicieron posible su desarrollo y cómo se fue diferenciando de otras formas de producir conocimiento.

I. Comunidad primitiva: conocimiento y origen de la ciencia

En la comunidad primitiva, las personas ya producían conocimiento, aunque todavía no existía la ciencia como la conocemos actualmente.

Las personas eran principalmente nómadas y dependían directamente de la naturaleza para sobrevivir. La propiedad era colectiva y el trabajo también se realizaba de manera comunitaria. Para satisfacer sus necesidades tenían que observar, experimentar y aprender constantemente de su entorno.

Por eso desarrollaron principalmente un conocimiento empírico y técnico, basado en la experiencia y en la práctica.

Por ejemplo, aprendieron:

  • qué plantas podían comer y cuáles eran peligrosas;
  • dónde encontrar agua;
  • cuándo y dónde cazar;
  • cómo utilizar el fuego;
  • cómo fabricar herramientas;
  • cómo aprovechar las piedras, la madera y posteriormente los metales;
  • cómo reconocer los ciclos de la naturaleza.

Este conocimiento se obtenía fundamentalmente mediante la experiencia:

Observar → experimentar → aprender → transmitir.

Sin embargo, este conocimiento todavía no era científico.

Por ejemplo, una persona podía saber que determinada planta ayudaba a aliviar un dolor porque lo había observado y experimentado muchas veces. Eso es conocimiento empírico. Pero la ciencia preguntaría además:

¿Por qué funciona? ¿Cómo podemos comprobarlo? ¿Siempre funciona? ¿En qué condiciones funciona?

Aquí encontramos una diferencia fundamental:

Conocimiento empírico:

"Sé que funciona porque lo he experimentado."

Conocimiento científico:

"Quiero explicar por qué funciona y comprobar sistemáticamente si realmente funciona."

Por tanto, los seres humanos produjeron conocimiento miles de años antes de que apareciera la ciencia.

El desarrollo de las herramientas, la agricultura, el pastoreo y otras técnicas permitió aumentar progresivamente el conocimiento y la capacidad de transformar la naturaleza. Con el tiempo, estos cambios también transformaron las sociedades.

II. Esclavismo: teoría del conocimiento y origen de la ciencia

Con el esclavismo cambia profundamente la sociedad y también cambian las condiciones para producir conocimiento.

En la comunidad primitiva, el conocimiento estaba principalmente relacionado con sobrevivir y satisfacer las necesidades inmediatas: cazar, pescar, cultivar, fabricar herramientas, conocer las plantas, etc.

Con el esclavismo aparece una división social del trabajo más desarrollada. Una parte de la población se dedica al trabajo productivo y otra puede dedicarse a actividades como la filosofía, las matemáticas, la astronomía, la política y la reflexión sobre la sociedad.

¿Qué cambia con el esclavismo?

Aparece y se desarrolla la propiedad privada y surgen clases sociales claramente diferenciadas: amos y esclavos.

El trabajo de los esclavos permite que determinados grupos tengan tiempo para dedicarse a otras actividades. Esto crea condiciones para que el conocimiento deje de estar concentrado exclusivamente en resolver necesidades prácticas inmediatas y pueda desarrollarse de manera más especializada y sistemática.

Por ejemplo, en las sociedades de la Antigüedad se desarrollaron conocimientos sobre:

  • Matemáticas: medición, geometría y cálculo.
  • Astronomía: observación y registro de los astros.
  • Medicina: observación del cuerpo y las enfermedades.
  • Filosofía: preguntas sobre la realidad, el conocimiento y la sociedad.
  • Filosofía Política: reflexión sobre el gobierno y la organización de la sociedad.

Del conocimiento empírico al conocimiento racional

Aquí encontramos un cambio importante.

En la comunidad primitiva predominaba un conocimiento principalmente empírico y técnico:

"Lo sé porque lo he experimentado y funciona."

En las sociedades esclavistas, especialmente en la Grecia antigua, comienza a desarrollarse con mayor fuerza otra forma de conocimiento:

"Quiero saber por qué ocurre y puedo utilizar la razón para explicarlo."

Aparece así una búsqueda más racional, sistemática y argumentada de explicaciones sobre la realidad.

Sin embargo, todavía no podemos hablar de ciencia moderna. Lo que encontramos son antecedentes fundamentales de la ciencia: observación, razonamiento, clasificación, medición, argumentación y búsqueda de explicaciones racionales.

Un ejemplo: la astronomía

Las personas de sociedades anteriores ya observaban el cielo. Pero en las sociedades antiguas se desarrolló un conocimiento astronómico más sistemático: se registraban los movimientos de los astros, se calculaban ciclos y se buscaban explicaciones sobre su comportamiento.

Esto muestra una transición:

Observación → experiencia → conocimiento empírico → explicación racional → conocimiento sistemático.

Un ejemplo es Claudio Ptolomeo, quien vivió durante el Imperio romano. Ptolomeo no era esclavo y pudo dedicarse al estudio de la astronomía y las matemáticas. Observó y registró los movimientos de los astros y elaboró modelos matemáticos para explicarlos. Su trabajo muestra cómo, en la Antigüedad, el conocimiento podía alcanzar un alto grado de desarrollo racional y sistemático.

Sin embargo, el conocimiento de Ptolomeo todavía no era ciencia moderna. Su modelo geocéntrico sería posteriormente cuestionado por Copérnico y Galileo, entre otros, durante la Revolución Científica.

Finalmente en el esclavismo, la producción dependía principalmente del trabajo de los esclavos. Pero este sistema comenzó a presentar problemas:

  • El trabajo esclavo tenía baja productividad, porque el esclavo no tenía interés en aumentar la producción.
  • Mantener grandes cantidades de esclavos era costoso.
  • Las conquistas territoriales dejaron de proporcionar constantemente nuevas tierras y esclavos.
  • El comercio y las ciudades comenzaron a sufrir transformaciones.
  • El Imperio romano enfrentó una profunda crisis política, económica y militar.
  • Las invasiones y migraciones de pueblos germánicos contribuyeron a la desintegración del Imperio romano de Occidente.

Como consecuencia, la antigua organización basada en el esclavo fue perdiendo importancia y surgieron nuevas relaciones sociales.

III. Feudalismo: teoría del conocimiento y origen de la ciencia

En el feudalimso la tierra se convirtió en el principal medio de producción. La sociedad se organizó fundamentalmente alrededor de:

Señores feudales → control de la tierra

Siervos → trabajan la tierra

El siervo no era un esclavo. Tenía una condición jurídica diferente: no era propiedad personal del señor, pero estaba ligado a la tierra y debía entregar parte de su trabajo o producción. El feudo era, principalmente, un territorio que un señor controlaba y del cual obtenía recursos. La tierra era el principal medio de producción. El señor feudal ofrecía protección y control político y, a cambio, los campesinos debían trabajar y entregar parte de su producción de esa tierra.

La economía era principalmente agraria y de subsistencia, y gran parte de la producción se destinaba a satisfacer las necesidades del propio feudo.

Durante el feudalismo, el conocimiento no desapareció, pero cambió su contexto y sus principales instituciones.

La sociedad medieval europea estuvo fuertemente marcada por una visión teocéntrica: Dios ocupaba el centro de la explicación del mundo. La Iglesia tenía una enorme influencia sobre la educación, la cultura y la producción intelectual.

Por eso, durante buena parte de la Edad Media, muchas preguntas sobre la naturaleza se formularon dentro de un marco religioso y filosófico.

El conocimiento podía ser:

  • Religioso o teológico: explicar la realidad desde Dios y la fe.
  • Filosófico: discutir racionalmente cuestiones sobre el ser, Dios, el conocimiento y la realidad.
  • Técnico y empírico: relacionado con la agricultura, construcción, navegación, metalurgia, medicina, etc.

Pero hubo algo fundamental: el conocimiento se conservó y desarrolló

Los monasterios, las escuelas y posteriormente las universidades medievales conservaron, copiaron, estudiaron y transmitieron muchos conocimientos de la Antigüedad.

Además, el contacto entre Europa, el mundo islámico y otras regiones permitió la circulación de conocimientos de matemáticas, astronomía, medicina y filosofía.

Por tanto, sería incorrecto decir:

"En la Edad Media no hubo ciencia."

Es mejor decir:

"Durante la Edad Media predominó una concepción teocéntrica del conocimiento, pero también se conservaron, desarrollaron y transmitieron conocimientos que posteriormente serían fundamentales para el surgimiento de la ciencia moderna."

La sociedad feudal era principalmente agraria, rural y jerárquica, y estaba fuertemente influida por la Iglesia. Predominaba una visión teocéntrica, en la que Dios ocupaba el centro de la explicación de la realidad. Por ello, el conocimiento estaba fuertemente vinculado a la religión, la tradición y la autoridad. Esto limitó el desarrollo de una ciencia basada en la observación y la experimentación, aunque no impidió que existieran importantes avances en matemáticas, astronomía, medicina y otras áreas.

Esta situación comenzó a cambiar con el Renacimiento y la Revolución Científica. Nicolás Copérnico propuso que la Tierra no era el centro del universo, sino que giraba alrededor del Sol. Posteriormente, Galileo Galilei, mediante la observación telescópica y el uso de las matemáticas, aportó evidencias que cuestionaron el modelo tradicional.

IV. Capitalismo: conocimiento y ciencia

El capitalismo transforma profundamente la relación entre sociedad, conocimiento y ciencia. A diferencia del feudalismo, donde predominaba una visión teocéntrica y el conocimiento estaba fuertemente ligado a la religión y la autoridad, el desarrollo del capitalismo estuvo acompañado por una mayor valoración de la razón, la observación, la experimentación y la aplicación práctica del conocimiento.

El crecimiento del comercio, las ciudades, la burguesía y posteriormente generó nuevas necesidades: había que mejorar las técnicas de producción, construir máquinas, navegar, medir territorios, calcular, transportar mercancías y aumentar la productividad. Por eso, el conocimiento comenzó a tener cada vez más valor para transformar la naturaleza y producir riqueza.

Aunque en el capitalismo, el trabajador es jurídicamente libre, no posee los medios de producción y debe vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario (que se paga a menos de lo que corresponde)

El trabajador produce mercancías que el capitalista vende en el mercado (a mas de lo que realmente valen). Esta  diferencia  de ambos es la plusvalía, que queda en manos del capitalista.

V. Eventos que permitieron el paso del feudalismo al capitalismo y el desarrollo de la ciencia

Reforma Protestante

La Reforma Protestante, iniciada en el siglo XVI con figuras como Martín Lutero, cuestionó la autoridad de la Iglesia católica y rompió la unidad religiosa de Europa. Favoreció nuevas formas de pensar, una mayor valoración de la lectura y la educación, y el cuestionamiento de autoridades y tradiciones establecidas.

En relación con el conocimiento, contribuyó a crear un ambiente intelectual en el que la autoridad podía ser cuestionada y las personas podían acceder directamente a los textos religiosos. 

Revolución Francesa

La Revolución Francesa de 1789 cuestionó el orden feudal y los privilegios de la aristocracia y el clero. Impulsó ideas de libertad, igualdad, ciudadanía y derechos, y fortaleció políticamente a la burguesía. Con ello se debilitaron las estructuras sociales y políticas del Antiguo Régimen que obstaculizaban el desarrollo del capitalismo.

También fortaleció la idea de que la razón y el conocimiento podían contribuir a transformar la sociedad. La educación, la ciencia y el conocimiento comenzaron a considerarse asuntos de interés público y no exclusivamente de las instituciones religiosas.

Revolución Industrial

La Revolución Industrial, iniciada en Inglaterra durante el siglo XVIII, transformó la producción: se pasó progresivamente del taller artesanal a la fábrica y a la producción mecanizada. La máquina de vapor, perfeccionada por James Watt, permitió utilizar una nueva fuente de energía para mover máquinas, impulsar fábricas y posteriormente locomotoras y barcos. La imprenta, desarrollada antes por Gutenberg, fue fundamental para difundir rápidamente libros e ideas, facilitando la expansión del conocimiento y de las nuevas ideas.

La industrialización aumentó enormemente la producción y creó nuevas necesidades de conocimiento científico y técnico. La máquina de vapor, la mecanización y posteriormente la electricidad exigieron aplicar conocimientos de física, química y matemáticas a la producción. Así, la ciencia y la tecnología comenzaron a convertirse cada vez más en fuerzas productivas del capitalismo.

Introducción al trabajo y los modos de producción en la historia

 El trabajo en la comunidad primitiva

Antes del esclavismo, del feudalismo y el capitalismo, las sociedades humanas se organizaron en lo que suele llamarse comunidad primitiva. Se trataba de grupos humanos pequeños que vivían principalmente de la caza, la pesca, la recolección de frutos, semillas y plantas, y, en algunos casos, de formas iniciales de agricultura y domesticación de animales. El trabajo era necesario para garantizar la supervivencia colectiva: obtener alimento, fabricar herramientas, construir refugios, proteger al grupo y cuidar a niñas, niños, personas mayores o enfermas.

En muchas de estas comunidades, los grupos eran nómadas o seminómadas. Esto significa que se desplazaban de un lugar a otro según la disponibilidad de agua, animales, frutos, plantas y condiciones climáticas favorables. Como no permanecían de manera estable en un solo territorio, no existía la acumulación de grandes propiedades privadas sobre la tierra. La tierra, los bosques, los ríos y los recursos naturales eran aprovechados colectivamente por el grupo. Esta vida en movimiento también exigía cooperación, porque sobrevivir dependía del apoyo mutuo y de la organización común.

El trabajo no estaba organizado mediante empleos, salarios o contratos, como ocurre en muchas sociedades actuales. Tampoco existía una clase de propietarios que contratara o controlara de forma permanente el trabajo de otra clase. Las tareas se distribuían según las necesidades del grupo, las capacidades de cada persona, la edad, la experiencia y, en algunos casos, según diferencias de género. Algunas personas se dedicaban principalmente a cazar o pescar; otras recolectaban alimentos, preparaban refugios, cuidaban a la niñez, elaboraban utensilios o transmitían conocimientos sobre el territorio y la naturaleza.

La división de tareas no debe interpretarse automáticamente como una desigualdad rígida. Aunque podían existir responsabilidades diferenciadas, la supervivencia dependía del reconocimiento de que todas las actividades eran necesarias. Recolectar alimentos, cuidar a las niñas y los niños, elaborar herramientas, conocer las plantas medicinales o proteger el campamento tenía tanta importancia como cazar. El trabajo de cuidados y reproducción de la vida formaba parte de la actividad colectiva, no era una labor completamente separada ni considerada ajena a la economía del grupo.

En la comunidad primitiva predominaba la propiedad colectiva de los recursos y de los instrumentos básicos de trabajo. Esto no significa que nadie tuviera objetos personales; una persona podía utilizar sus herramientas, adornos o utensilios. Sin embargo, no existía la propiedad privada de la tierra, de grandes extensiones de recursos ni de los medios para controlar y explotar sistemáticamente el trabajo de otras personas. La producción se orientaba principalmente al uso y a la subsistencia del grupo, no a la acumulación de ganancias individuales.

Por ello, los productos obtenidos mediante el trabajo eran compartidos conforme a las necesidades y normas colectivas. Si una persona lograba cazar un animal o recolectar una cantidad importante de alimentos, lo usual era que estos bienes fueran distribuidos entre el grupo. La cooperación era una condición práctica de supervivencia en contextos donde los recursos podían ser escasos, el clima cambiante y los peligros constantes. La solidaridad, entonces, no era solo un valor moral, sino una forma concreta de organización social.

Con el paso del tiempo, el desarrollo de la agricultura, la ganadería y el asentamiento permanente en determinados territorios produjo cambios importantes. Al permanecer en un lugar, cultivar la tierra y generar excedentes, algunas comunidades comenzaron a acumular bienes y a establecer formas más estables de control sobre territorios y recursos. Estas transformaciones favorecieron el surgimiento de diferencias sociales, jerarquías y formas de propiedad que, posteriormente, facilitaron la aparición de sociedades divididas en clases.

La transición hacia formas sociales como el esclavismo no fue igual ni ocurrió al mismo tiempo en todos los pueblos. Sin embargo, permite comprender un cambio central: mientras en muchas comunidades primitivas el trabajo se organizaba principalmente mediante la cooperación y el uso colectivo de los recursos, en el esclavismo el trabajo pasó a estructurarse a partir de la propiedad de unas personas sobre otras. Así, la comunidad primitiva constituye un antecedente histórico importante para entender cómo se transformaron el trabajo, la propiedad y las desigualdades sociales a lo largo de la historia. 

El trabajo en la transición del esclavismo al feudalismo

La historia del trabajo permite comprender cómo las sociedades han organizado la producción, la distribución de la riqueza y las relaciones entre los distintos grupos sociales. En el esclavismo, el trabajo estaba basado en la explotación directa de personas esclavizadas. Estas personas eran consideradas propiedad de sus dueños y podían ser compradas, vendidas o heredadas. Su trabajo era utilizado en la agricultura, la construcción, el servicio doméstico, la minería y otras actividades económicas. La persona esclavizada no tenía libertad sobre su trabajo ni recibía una remuneración; producía bienes y riquezas que eran apropiados por sus propietarios por la fuerza.

Este sistema también produjo una marcada división de clases. En la parte superior se encontraban los propietarios y grupos dominantes, mientras que en la base estaban las personas esclavizadas, quienes realizaban las tareas más pesadas y carecían de derechos políticos y sociales. La organización familiar y social estaba vinculada a la propiedad, la herencia y el control de la fuerza de trabajo. Por esa razón, el esclavismo no fue únicamente una forma económica, sino también un sistema jurídico y político que justificaba la dominación.

Con la crisis del esclavismo y la transformación de las relaciones sociales surgió progresivamente el feudalismo. En este sistema, la tierra se convirtió en el principal medio de producción y la sociedad quedó organizada alrededor de los señores feudales, los campesinos y otras figuras dependientes. El señor controlaba el feudo y ofrecía protección militar, mientras que los campesinos trabajaban la tierra y entregaban parte de su producción o de su tiempo de trabajo.

El campesino del sistema feudal no era exactamente una persona esclavizada, porque generalmente podía formar una familia, conservar algunos instrumentos y trabajar una pequeña parcela para su propio sustento. Sin embargo, no era completamente libre. Estaba sujeto a obligaciones con el señor feudal, como trabajar determinados días en las tierras del señor, entregar una parte de la cosecha o pagar tributos. Su libertad estaba limitada por su dependencia económica y territorial.

En el feudalismo, la familia constituía una unidad importante de producción. Las mujeres, los hombres, las niñas y los niños participaban en las labores agrícolas, domésticas y artesanales. Sin embargo, estas tareas no se distribuían de manera igualitaria. Existían diferencias según el género, la edad y la posición social. El trabajo de las mujeres, especialmente el relacionado con el cuidado, la alimentación y la reproducción de la vida, era fundamental, aunque muchas veces no recibía reconocimiento.

Otra característica del feudalismo fue la relación de dependencia personal. El campesino no vendía su trabajo en un mercado como ocurre con el empleo asalariado moderno, sino que estaba vinculado a la tierra y a la autoridad del señor feudal. Su trabajo era obligatorio dentro de un orden social jerárquico. Esta relación se justificaba mediante tradiciones, normas jurídicas y discursos religiosos que presentaban la desigualdad como parte del orden natural de la sociedad.

La religión tuvo un papel importante en la legitimación del sistema feudal. La Iglesia participaba en la organización de la vida social, política y cultural, y contribuía a justificar la existencia de jerarquías entre señores, clérigos y campesinos. El orden social se presentaba como establecido por Dios, lo que podía dificultar la crítica a la desigualdad y a la explotación. No obstante, también existieron movimientos religiosos y expresiones de resistencia que cuestionaron la riqueza y el poder de los grupos dominantes.

Tanto en el esclavismo como el capitalismo, el trabajo estaba relacionado con la apropiación de la tierra, los bienes y la producción. En el esclavismo, el propietario controlaba directamente a la persona trabajadora. En el feudalismo, el señor feudal controlaba principalmente la tierra y las obligaciones que recaían sobre el campesino. La diferencia principal es que la explotación esclavista convertía a la persona en propiedad, mientras que la explotación feudal se basaba en la dependencia de los campesinos respecto de la tierra y del señor.

A pesar de estas diferencias, tanto el esclavismo como el feudalismo fueron sistemas caracterizados por la desigualdad. En ambos casos, quienes realizaban la mayor parte del trabajo no controlaban plenamente los recursos ni disfrutaban de los beneficios de su producción. Esta situación permite observar que el trabajo no es solamente una actividad individual, sino una relación social atravesada por el poder, la propiedad, la clase, el género y las instituciones políticas y religiosas.

Estudiar estas formas históricas de trabajo ayuda a comprender que las relaciones laborales cambian con el tiempo. El empleo asalariado moderno no apareció de manera natural, sino que surgió después de profundas transformaciones económicas, políticas y sociales. La transición del esclavismo al feudalismo, y posteriormente del feudalismo al capitalismo, modificó la forma en que las personas accedían a la tierra, producían bienes y se relacionaban con quienes controlaban la riqueza.

Desaparición del feudalismo

La desaparición del feudalismo no fue causada por un único hecho. Fue un proceso prolongado en el que cambiaron las ideas, las relaciones políticas, la producción y la forma de entender el trabajo. La Reforma protestante, la Revolución francesa y la Revolución industrial fueron procesos distintos, ocurridos en momentos diferentes, pero juntos debilitaron las bases del orden feudal y facilitaron el surgimiento de la sociedad capitalista.

Del trabajo feudal al trabajo libre

En el feudalismo, la tierra era la principal fuente de riqueza. La mayoría de la población campesina trabajaba parcelas vinculadas a un señor feudal y debía entregar tributos, parte de la cosecha o jornadas de trabajo obligatorias. No se trataba aún del empleo asalariado moderno: el campesino no vendía libremente su fuerza de trabajo a una empresa, sino que estaba sujeto a obligaciones por su relación con la tierra y con el señor.

El trabajo estaba organizado mediante una jerarquía social rígida. La nobleza controlaba tierras y privilegios; el clero tenía una enorme influencia religiosa, política y económica; los campesinos realizaban gran parte de la producción. La movilidad social era limitada y el nacimiento definía, en buena medida, el lugar que cada persona ocupaba en la sociedad.

Con el crecimiento de las ciudades, el comercio y los talleres artesanales, comenzó a aparecer una población menos vinculada a la tierra. Mercaderes, artesanos y propietarios urbanos fueron ganando importancia económica. Esto abrió paso a relaciones sociales más centradas en el intercambio, el dinero, los contratos y la búsqueda de beneficios, elementos que serían centrales para el capitalismo.

Reforma protestante e individualismo

La Reforma protestante del siglo XVI cuestionó la autoridad religiosa centralizada de la Iglesia católica y debilitó una de las instituciones fundamentales del mundo feudal. Al poner énfasis en la relación personal entre el creyente y Dios, en la lectura individual de la Biblia y en la responsabilidad moral de cada persona, contribuyó a fortalecer una visión más individualizada de la vida social.

También revalorizó la actividad cotidiana y el trabajo disciplinado. En ciertas corrientes protestantes, el trabajo podía ser entendido como una vocación: una forma de cumplir responsablemente con los deberes de la vida. Esta valoración no creó por sí sola el capitalismo, pero ayudó a promover actitudes favorables al ahorro, la disciplina, la responsabilidad individual y la acumulación.

Además, la Reforma redujo el poder económico y político de instituciones religiosas en diversos territorios europeos. La confiscación o redistribución de propiedades eclesiásticas y el fortalecimiento de monarquías y grupos urbanos modificaron las antiguas relaciones de poder. Así, el individuo comenzó a ser pensado menos como integrante fijo de un estamento feudal y más como una persona responsable de su conducta, su trabajo y su posición social.

Revolución francesa y ciudadanía

La Revolución francesa de 1789 tuvo un impacto político directo sobre el feudalismo. Sus principios de libertad, igualdad y fraternidad cuestionaron una sociedad basada en privilegios heredados, donde la nobleza y el clero contaban con derechos especiales y la mayoría de la población soportaba cargas tributarias y obligaciones feudales.

La libertad significaba, entre otras cosas, cuestionar la subordinación personal y las restricciones que impedían a las personas desplazarse, contratar, comerciar o ejercer actividades económicas. La igualdad planteaba que las personas debían ser consideradas ciudadanas iguales ante la ley, en vez de pertenecer a órdenes o estamentos con privilegios distintos. La fraternidad expresaba un ideal de comunidad política entre ciudadanos, aunque en la práctica sus alcances fueron limitados y excluyeron inicialmente a muchos grupos.

En agosto de 1789, la Asamblea Nacional francesa decretó la abolición del sistema feudal, eliminando privilegios de nobleza y clero, obligaciones señoriales y formas de servidumbre personal. Este hecho fue decisivo porque atacó jurídicamente la base del poder feudal: el derecho de los señores a exigir trabajo, pagos y obediencia de la población campesina.

Para el mundo del trabajo, la Revolución francesa contribuyó a transformar a los antiguos súbditos en ciudadanos formalmente libres. Sin embargo, esa libertad no garantizaba igualdad económica. Una persona podía ser libre ante la ley y, al mismo tiempo, no tener tierra, herramientas ni recursos para sobrevivir. En estas condiciones, muchas personas solo podían vivir vendiendo su capacidad de trabajar a cambio de un salario.

Revolución industrial y empleo asalariado

La Revolución industrial transformó materialmente la forma de trabajar. Su desarrollo comenzó en Gran Bretaña durante el siglo XVIII y se expandió en los siglos XIX y XX. La máquina de vapor fue una innovación fundamental porque permitió mover maquinaria sin depender exclusivamente de la fuerza humana, animal, del viento o del agua. Esto favoreció la concentración de la producción en fábricas, el aumento de la escala productiva y la expansión de los mercados.

La imprenta no fue inventada durante la Revolución industrial: su desarrollo europeo se asocia a Johannes Gutenberg en el siglo XV, antes de la Reforma protestante y de la industrialización. Sin embargo, fue decisiva como antecedente porque facilitó la circulación de libros, panfletos, periódicos, conocimientos técnicos e ideas religiosas y políticas. Posteriormente, la expansión de la prensa y de la alfabetización apoyó la difusión de saberes científicos y técnicos necesarios para el desarrollo industrial.

El tecnicismo, entendido como la creciente confianza en la técnica, la ciencia aplicada y la maquinaria para organizar la producción, cambió el ritmo y las condiciones del trabajo. En lugar de producir principalmente en pequeñas parcelas campesinas o talleres artesanales, muchas personas comenzaron a trabajar en fábricas bajo horarios fijos, supervisión, disciplina y salarios. El dueño de la fábrica poseía las máquinas, las materias primas y el capital; el trabajador poseía principalmente su fuerza de trabajo.

Este cambio dio origen al empleo asalariado moderno. La persona trabajadora era jurídicamente libre: ya no era propiedad de un amo ni estaba ligada personalmente a un señor feudal. Pero dependía del salario para sobrevivir. Por eso, la libertad formal del capitalismo coexistió con nuevas formas de desigualdad y explotación: largas jornadas, bajos salarios, trabajo infantil, condiciones insalubres y ausencia inicial de protecciones laborales.



El trabajo en el capitalismo

En el capitalismo, el trabajo se organiza principalmente mediante la relación entre la burguesía y el proletariado. La burguesía está formada por quienes poseen los medios de producción: fábricas, empresas, tierras, maquinaria, capital y materias primas. El proletariado, en cambio, está compuesto por quienes no poseen esos medios y, para sobrevivir, deben vender su fuerza de trabajo a cambio de un salario.marxists+1

A diferencia del feudalismo, donde predominaban vínculos personales de dependencia entre señor y campesino, en el capitalismo las relaciones sociales se vuelven principalmente pecuniarias, es decir, mediadas por el dinero. El trabajador no está jurídicamente ligado a un señor feudal, sino que es formalmente libre para contratarse; sin embargo, necesita obtener un salario para cubrir sus necesidades y las de su familia. Por eso, su libertad formal convive con una dependencia económica respecto de quien ofrece empleo.

La explotación capitalista, desde una lectura marxista, se explica porque el trabajador produce un valor mayor al que recibe como salario. Por ejemplo, una persona puede trabajar durante una jornada produciendo bienes o servicios que luego se venden por un valor elevado, pero solo recibe una parte de ese valor en forma de salario. La diferencia entre el valor creado por el trabajo y lo que se paga al trabajador es apropiada por el propietario como ganancia o plusvalía.

La mercancía es un bien o servicio producido para ser vendido en el mercado. Su precio de venta incorpora materias primas, maquinaria, transporte y otros costos, pero también el valor generado por el trabajo humano. Cuando el empresario vende la mercancía por un valor superior al costo salarial pagado, obtiene una ganancia. Por ello, en el capitalismo, el trabajador vende su fuerza de trabajo, mientras que el burgués controla las condiciones de producción y la venta de las mercancías.marxists+1

Dentro de esta estructura social, las mujeres de familias proletarias han ocupado históricamente una posición especialmente subordinada. Además de incorporarse muchas veces al trabajo asalariado, realizan trabajo doméstico y de cuidados: cocinar, limpiar, criar, cuidar a personas enfermas y sostener emocionalmente a la familia. Este trabajo suele ser no remunerado, pero permite que la fuerza de trabajo se alimente, descanse y se reproduzca diariamente. Es decir, sostiene indirectamente la producción capitalista.

Así, el capitalismo establece una jerarquía: la burguesía controla la riqueza y los medios de producción; el proletariado vende su fuerza de trabajo por un salario; y, dentro de los hogares trabajadores, muchas mujeres cargan con una parte decisiva del trabajo de reproducción social sin recibir pago ni reconocimiento equivalente. Analizar estas relaciones permite comprender que el trabajo capitalista no es solo una actividad económica, sino también una relación de poder basada en la propiedad, el salario, el dinero y las desigualdades de clase y género. Que luego aborda Silvia Federici en "El calibán y la bruja"