viernes, 8 de mayo de 2026

Análisis comunicacional desde los paradigmas de las ciencias sociales. Caso practico de ejemplo

1) Desde el paradigma positivista, la imagen puede analizarse como un proceso de comunicación observable y medible en el que participan distintos elementos que permiten la transmisión de un mensaje. En primer lugar, el emisor es el vendedor de mangos, quien produce y transmite el mensaje con la intención de atraer compradores. El receptor es el posible cliente que escucha el anuncio mientras sostiene dinero y evalúa la posibilidad de comprar. El contenido o mensaje corresponde a la frase: “¡Mangos dos por dólar, chulada, va a llevar jefe!”, que informa el precio y busca persuadir al receptor para realizar la compra.

El código utilizado es el idioma español junto con expresiones coloquiales populares como “chulada” y “jefe”, que facilitan cercanía cultural y comprensión entre emisor y receptor. El canal es principalmente oral y auditivo, ya que el vendedor utiliza un megáfono para transmitir el mensaje, aunque también existe un componente visual al observar los mangos y la escena del mercado. El escenario es un espacio comercial o mercado al aire libre donde ocurre la interacción comunicativa. El contexto incluye condiciones económicas, sociales y culturales relacionadas con el comercio informal, la venta ambulante y las dinámicas cotidianas de consumo.

El ruido puede presentarse mediante sonidos del ambiente, otras personas hablando, tráfico o distracciones que dificulten escuchar correctamente el mensaje. Finalmente, el objetivo de la comunicación es persuadir al receptor para que compre los mangos, generando un efecto observable y medible: la decisión de adquirir el producto. Desde el paradigma positivista, este proceso puede estudiarse analizando la claridad del mensaje, la efectividad del canal y la respuesta del receptor ante el estímulo comunicativo.

2) Desde el estructural funcionalismo: El emisor es el vendedor de mangos, pero desde este paradigma no se le entiende solamente como quien habla, sino como un actor que ocupa un rol económico y social dentro de la estructura comercial informal o popular. Su función dentro del sistema es ofrecer productos, facilitar el intercambio económico y satisfacer necesidades de consumo. Además, comunica siguiendo normas culturales aprendidas socialmente, como el uso de expresiones coloquiales (“chulada”, “jefe”) para generar cercanía, cortesía y confianza con posibles compradores.

El receptor es el cliente potencial que escucha el anuncio y evalúa la compra. Su función dentro del sistema social es interpretar el mensaje y responder según las normas y expectativas culturales relacionadas con el consumo, el comercio y la interacción social. El receptor comprende que el vendedor busca persuadirlo y que existe una dinámica social aceptada de negociación y compra en espacios comerciales.

El código está formado por el idioma español, el tono popular y las expresiones culturales compartidas. Este código es un sistema de signos y significados aprendidos colectivamente que permite que vendedor y comprador comprendan el mensaje dentro de su contexto cultural. Incluso palabras como “jefe” cumplen una función social de respeto y cercanía dentro de ciertas dinámicas comerciales latinoamericanas.

El mensaje es: “¡Mangos dos por dólar, chulada, va a llevar jefe!”. Desde el estructural-funcionalismo, este mensaje no solo transmite información sobre precio y producto, sino que también reproduce valores sociales relacionados con el intercambio económico, el comercio cotidiano y la interacción entre vendedor y consumidor. El mensaje contribuye al funcionamiento del sistema comercial al facilitar el consumo y el flujo económico.

El canal es principalmente oral y auditivo, reforzado por el uso del megáfono, aunque también existe un componente visual mediante la exhibición de los mangos. Su función es conectar a los actores sociales y asegurar que la información circule de manera eficiente dentro del espacio comercial.

El escenario es un mercado o espacio público de venta, que forma parte de la estructura económica y social de la comunidad. Este lugar no es neutral, sino una institución informal donde las personas interactúan, comercian y reproducen prácticas culturales y económicas compartidas.

El contexto incluye condiciones económicas, sociales y culturales vinculadas al comercio popular, el consumo cotidiano y posiblemente dinámicas de economía informal. También refleja prácticas culturales de comunicación cercanas y directas que facilitan la interacción social en mercados locales.

El ruido podría consistir en sonidos del ambiente, otras voces de vendedores, tráfico o distracciones visuales que dificulten la recepción clara del mensaje. Desde este paradigma, el ruido representa interferencias que afectan el funcionamiento eficiente del sistema comunicativo y comercial.

Finalmente, el objetivo de la comunicación es persuadir al receptor para comprar los mangos, pero también mantener el funcionamiento del intercambio económico y de las relaciones sociales asociadas al comercio cotidiano. Así, la comunicación cumple funciones de integración, circulación económica y continuidad de prácticas sociales necesarias para el funcionamiento de la estructura colectiva.

3) Desde el paradigma comprensivo o interpretativo, la imagen no se analiza únicamente como una simple transmisión de información comercial, sino como un proceso de construcción de significados entre sujetos sociales que interactúan dentro de un contexto cultural determinado. El interés principal no es solamente identificar qué mensaje se transmite, sino comprender qué significados, motivaciones, emociones e intenciones están presentes en la comunicación tanto para el vendedor como para el posible comprador.

El emisor es el vendedor de mangos, pero desde este paradigma se busca comprender qué tipo de sujeto es y cuáles son los motivos que orientan su acción comunicativa. El vendedor probablemente intenta ganar dinero para sostenerse económicamente, pero también busca generar cercanía, simpatía y confianza con los clientes. El uso de palabras como “chulada” y “jefe” refleja una intención cultural de crear una relación amistosa y respetuosa con el receptor. Su manera de hablar también puede expresar identidad popular, costumbres locales y experiencia dentro del comercio callejero.

El receptor no es visto como un sujeto pasivo que simplemente escucha el mensaje, sino como alguien que interpreta el anuncio desde sus propias experiencias, emociones y necesidades. El posible comprador puede interpretar el mensaje de distintas maneras: como una buena oportunidad económica, como una interacción amable y cotidiana del mercado o incluso como una expresión típica de la cultura popular. Su decisión de comprar dependerá no solo del precio, sino también del significado que atribuya a la situación y al vendedor.

El código está compuesto por el idioma español, el tono coloquial y las expresiones culturales utilizadas por el vendedor. Sin embargo, desde el paradigma comprensivo, el significado del código depende de la experiencia cultural de quienes participan. Expresiones como “jefe” pueden interpretarse como una muestra de respeto, cercanía o estrategia de persuasión dependiendo de quién escuche el mensaje.

El mensaje “¡Mangos dos por dólar, chulada, va a llevar jefe!” deja de ser únicamente información sobre precio y producto, para convertirse en una construcción simbólica cargada de significados culturales, emocionales y sociales. El mensaje comunica no solo una venta, sino también una forma de relacionarse, negociar y convivir dentro del espacio público.

El canal es oral y auditivo mediante el megáfono, pero también incluye elementos visuales como la exhibición de los mangos y la actitud amistosa del vendedor. Desde este enfoque, el canal influye en la manera en que el mensaje es percibido e interpretado emocionalmente por el receptor.

El escenario corresponde al mercado o espacio público donde ocurre la interacción. Este lugar tiene significados culturales importantes porque representa un espacio de encuentro social, intercambio económico y convivencia cotidiana. El contexto social y cultural también es fundamental, ya que las prácticas de comercio popular, el lenguaje coloquial y las dinámicas de compra forman parte de una experiencia compartida dentro de la comunidad.

El ruido no se limita únicamente a sonidos o interferencias físicas. También puede incluir diferencias de interpretación, prejuicios, estados emocionales o barreras culturales que afecten la comprensión mutua entre vendedor y comprador.

Finalmente, el objetivo de la comunicación no se entiende solo como vender mangos, sino como generar interacción, comprensión y conexión social entre las personas. La comunicación, desde este paradigma, construye significados compartidos y permite que los individuos den sentido a sus relaciones cotidianas dentro de la vida social.

4)  La imagen del mercado, vista desde el paradigma crítico, no es solo una interacción comercial, sino que es un microescenario donde se reproducen las desigualdades del sistema económico, se normalizan códigos culturales de consumo y se visibilizan las tensiones entre supervivencia, poder y resistencia.

Código: El lenguaje coloquial (“¡Mangos dos por dólar, chulada, va a llevar jefe!”) refleja una forma popular de comunicación, pero también evidencia cómo el discurso se adapta a las condiciones sociales y económicas. El código puede normalizar relaciones de desigualdad (el vendedor apelando a la necesidad del comprador) o convertirse en un recurso de resistencia cultural al mantener expresiones propias de la comunidad.

Receptor: El cliente no es solo un consumidor pasivo: su decisión de compra está condicionada por su poder adquisitivo y por las estructuras económicas que determinan el valor de las mercancías. Desde la mirada crítica, el receptor puede reproducir la lógica del mercado o cuestionarla al reconocer la explotación detrás de los precios.

Emisor: El vendedor actúa como emisor, pero su papel está atravesado por desigualdades materiales: depende de vender para sobrevivir en un sistema que le paga menos de lo que produce. Su discurso busca persuadir, pero también refleja la precariedad laboral y la necesidad de competir en un mercado desigual.

Canal:  El megáfono y la oralidad son canales accesibles y directos, propios de contextos populares. Sin embargo, desde el paradigma crítico se observa cómo los grandes medios (televisión, prensa corporativa) tienen más poder de difusión que estos canales comunitarios, reproduciendo desigualdades en la capacidad de llegar a las masas.

Escenario: El mercado callejero es un espacio concreto donde se materializan relaciones de poder económico: vendedores informales frente a consumidores, competencia por precios bajos, y condiciones visibles de precariedad. El escenario muestra desigualdades estructurales en la economía popular.

Ruido: no es solo ambiental (otros vendedores, sonidos del mercado), sino también ideológico: la saturación de mensajes publicitarios que invisibilizan las condiciones de explotación y presentan el consumo como única vía de satisfacción.

Contexto: El contexto económico y social es clave ya que es un mercado popular en un sistema capitalista donde los precios y salarios reflejan desigualdades estructurales. Aquí se evidencian fenómenos como el fetichismo de la mercancía, donde el mango aparece como un producto con “valor propio”, ocultando las relaciones de trabajo y explotación que lo producen.

Objetivo: El objetivo inmediato es vender, pero desde el paradigma crítico se interpreta como parte de una lógica de reproducción del sistema económico: mantener el consumo y la circulación de mercancías. Alternativamente, podría convertirse en un espacio de resistencia si el discurso del vendedor cuestiona las condiciones de desigualdad.

Mensaje: El mensaje explícito es la oferta (“dos por dólar”), pero el mensaje implícito refleja la dinámica de explotación y precariedad: vender barato para sobrevivir, apelando a la necesidad del consumidor. El análisis crítico busca develar estas dimensiones ocultas detrás de la interacción cotidiana.

Paradigma conductista: la escena del mercado se interpreta como un proceso de condicionamiento: el vendedor emite estímulos verbales y visuales diseñados para provocar una respuesta concreta en el cliente (la compra). El análisis se centra en la conducta observable y en cómo los refuerzos (precio bajo, lenguaje coloquial, entusiasmo) aumentan la probabilidad de que el receptor actúe.

Emisor: el vendedor es el emisor que produce el estímulo comunicativo: su voz amplificada por el megáfono, el tono entusiasta y la oferta clara (“¡Mangos dos por dólar!”). Su intención es provocar una conducta específica en el receptor: la compra.

Receptor: el cliente es el receptor que reacciona ante el estímulo. Su conducta observable es detenerse, escuchar y considerar la compra. Desde esta perspectiva, lo relevante no es lo que piensa internamente, sino la acción visible: sacar dinero o adquirir el producto.

Mensaje: el mensaje es el estímulo verbal: una oferta concreta y repetida que busca condicionar la respuesta del receptor. Se apoya en refuerzos positivos (precio bajo, trato amistoso) para aumentar la probabilidad de compra.

Código: el lenguaje coloquial y cercano funciona como código compartido que asegura que el estímulo sea comprendido. Palabras como “chulada” generan asociación positiva y refuerzan la conducta deseada.

Canal: el canal es oral y sonoro, reforzado por el megáfono. Este medio amplifica el estímulo y lo hace más difícil de ignorar, aumentando la probabilidad de respuesta.

Escenario: el mercado es el espacio físico donde ocurre la interacción. El entorno facilita la repetición del estímulo (gritos de vendedores) y condiciona la conducta de los compradores, que esperan ofertas y regateos.

Contexto: el contexto económico y social influye en la respuesta: un mercado popular donde el precio bajo es un estímulo fuerte para consumidores con recursos limitados.

Ruido: el ruido puede ser otros vendedores gritando ofertas, música o conversaciones que compiten como estímulos. Si el ruido es fuerte, puede disminuir la eficacia del mensaje y alterar la respuesta esperada.

Objetivo: El objetivo es generar una respuesta observable y medible: que el cliente compre los mangos. El éxito del proceso se evalúa en términos de conducta visible, no de reflexión interna