miércoles, 12 de marzo de 2025

Paradigmas y teorías en las ciencias de la comunicación

Las ciencias de la comunicación no solo buscan describir los fenómenos comunicativos, sino también explicarlos, interpretarlos y, en algunos casos, transformarlos. El conocimiento científico busca describir, comprender, explicar, cuestionar, predecir y, en algunos casos, controlar los fenómenos de la realidad a través de métodos sistemáticos, rigurosos y objetivos. Este se enfoca en comprender los significados y contextos culturales y se posiciona desde paradigmas. 

Los paradigmas son marcos o valores que guían la investigación científica en un campo determinado. Un paradigma establece qué preguntas se consideran válidas, qué métodos se deben utilizar y cómo se interpretan los resultados. Según Kuhn, la ciencia avanza a través de "revoluciones científicas" cuando un paradigma existente es sustituido por otro que ofrece mejores explicaciones o soluciones a los problemas del campo. En este sentido, los paradigmas no solo guían el conocimiento, sino que también delimitan lo que se considera una "verdad" aceptada dentro de una disciplina. Existen diferentes paradigmas en las ciencias de la comunicación desde las ciencias sociales algunos de los cuales se mencionan a continuacion:

El paradigma positivista: sostiene que el conocimiento verdadero solo puede obtenerse a través de la observación empírica y la verificación de hechos. Se busca estudiar la comunicación eliminando cualquier influencia subjetiva. Los investigadores observan y miden los fenómenos comunicativos sin intervenir en ellos.

El paradigma funcionalista: No solo se enfoca en la medición objetiva y cuantificable de los procesos comunicativos. Este paradigma busca identificar leyes y patrones universales. Se basa en la idea de que la sociedad es un sistema compuesto por diversas partes interrelacionadas se enfoca en comprender cómo los sistemas comunicativos donde cada elemento (incluyendo la comunicación) cumple una función específica para mantener el equilibrio y la estabilidad social. En este sentido, la comunicación es vista como un proceso que facilita la cohesión, la integración y la transmisión de valores y normas dentro de la sociedad.

Paradigma Interpretativo: Centrado en la comprensión del significado y las interacciones simbólicas en los procesos comunicativos. Aquí se consideran las percepciones, contextos culturales y subjetividades, como lo proponen las teorías del interaccionismo simbólico o la etnografía de la comunicación.

Paradigma Crítico: Busca analizar la comunicación desde una perspectiva de poder, ideología y cambio social. Este paradigma cuestiona las estructuras de dominación y promueve la transformación social, como lo hacen las teorías de la Escuela de Frankfurt y el análisis crítico del discurso.

Paradigma conductista: es una corriente dentro de la psicología y las ciencias sociales que se enfoca en el estudio del comportamiento observable, considerando que este es el resultado de estímulos externos y que puede ser medido y controlado. En el contexto de la comunicación, este paradigma ha influido en el desarrollo de teorías que explican cómo los mensajes y los estímulos afectan las respuestas y conductas de las personas.

En los paradigmas en las ciencias de la comunicación orientan el estudio de la comunicación, y las respuestas obtenidas a esas reflexiones se les llama teorías

Teorías de la Comunicación: ¿Qué son y para qué sirven?

Las teorías de la comunicación son respuestas sistemáticas y fundamentadas que buscan explicar, describir, predecir e interpretar cómo se producen, transmiten y reciben los mensajes en distintos contextos. Estas teorías intentan comprender los procesos comunicativos y sus efectos en las personas y en los grupos humanos. Estas ayudan a comprender los procesos comunicativos en sus múltiples dimensiones: desde la emisión del mensaje, su codificación, canal y decodificación, hasta los efectos que produce en los receptores.

Las teorías de la comunicación sirven para:

Explicar fenómenos comunicativos complejos. 

Predecir cómo ciertas prácticas de comunicación pueden influir en el comportamiento de las audiencias.

Interpretar los significados y sentidos que se construyen en los procesos comunicativos.

Criticar y transformar prácticas comunicativas que refuercen desigualdades o limitaciones en el acceso a la información.



domingo, 9 de marzo de 2025

El conocimiento y la sociología ¿Qué tipo de conocimiento es?


Antes de entrar en detalle a lo que es la sociología es importante entender los diferentes tipos de conocimientos que existen:

El conocimiento en términos generales se puede definir como la comprensión o saber que un sujeto adquiere sobre un objeto, hecho o experiencia. El resultado de este proceso son las ideas, creencias o información que el individuo almacena en su memoria y que pueden ser compartidas socialmente. En esencia, el conocimiento abarca desde nociones elementales hasta teorías complejas, y puede obtenerse por experiencia, educación, investigación o reflexión. Por ejemplo, aprender que el fuego quema al tocar una llama es un conocimiento adquirido por experiencia directa, mientras que entender las leyes de la termodinámica es un conocimiento logrado por estudio científico. El conocimiento no es uniforme; existen diferentes tipos de conocimiento según su origen, método y grado de rigor. 

1. Conocimiento cotidiano o vulgar

Por ejemplo, la moraleja de la fábula “La liebre y la tortuga” forma parte del conocimiento popular o vulgar​. Estas narraciones transmiten enseñanzas basadas en la experiencia común sin un sustento científico. El conocimiento cotidiano, también llamado conocimiento vulgar o popular, es el saber que adquirimos de la vida diaria, de la tradición y de la experiencia común. Se genera de forma espontánea y sin método formal, a partir del contacto directo con la realidad y de lo que nos transmiten otras personas​. Este tipo de conocimiento es accesible a todas las personas por igual, ya que no requiere instrucción especializada; se basa en observaciones superficiales, opiniones, creencias o sentido común compartido en una comunidad​.

Otro ejemplo, son los refranes populares (como “al que madruga, Dios lo ayuda”) condensan conocimiento vulgar al ofrecer consejos surgidos de la experiencia colectiva. Del mismo modo, muchas creencias cotidianas (como pensar que beber té de manzanilla ayuda a dormir) son conocimientos vulgares: se aceptan porque “siempre han funcionado”, aunque no hayan sido probados científicamente.Las características del conocimiento cotidiano incluyen ser subjetivo y acrítrico. Al no emplear métodos rigurosos ni comprobación formal, es un saber frecuentemente no verificado ni sistemático​.

Esto significa que puede contener errores o supersticiones (por ejemplo, creer en la mala suerte por ver un gato negro es parte del conocimiento vulgar). Aun así, su utilidad práctica es que guía nuestras acciones en situaciones inmediatas: nos permite desenvolvernos en la vida diaria, resolver problemas sencillos y transmitir costumbres o precauciones básicas. Por ejemplo, una madre que le dice a su hijo “abrígate para no resfriarte” le está transmitiendo un conocimiento cotidiano; puede no ser una verdad médica absoluta, pero sirve como orientación preventiva en la vida común.

Este conocimiento vulgar es un saber práctico y funcional para la cotidianidad, aunque carece de fundamentación teórica. No busca explicar las causas profundas de los hechos, sino simplemente ayudar a manejarlos. No es fiable científicamente, pero es indispensable para la vida diaria porque proporciona una primera interpretación del mundo y una guía básica de comportamiento​ Muchas veces, las preguntas complejas comienzan con una curiosidad nacida del conocimiento vulgar, que luego la ciencia u otras disciplinas investigarán con mayor rigor.

2. Conocimiento técnico

El conocimiento técnico se demuestra en habilidades prácticas, como las de un mecánico reparando un automóvil. Implica saber cómo hacer tareas específicas usando herramientas y procedimientos eficaces. El conocimiento técnico es el saber orientado a la práctica especializada y a la resolución de problemas concretos. Se refiere a la comprensión y dominio de habilidades y competencias específicas en un área determinada​.

A diferencia del conocimiento vulgar (que es desordenado y general), el conocimiento técnico sí aplica cierto método, aunque sea empírico, para lograr un objetivo. Surge de la experiencia acumulada, de la formación profesional y del desarrollo de técnicas probadas a lo largo del tiempo.Una manera de entender el conocimiento técnico es considerarlo como el saber “cómo hacer algo”. Por ejemplo, el conjunto de conocimientos que posee un carpintero para construir un mueble, o los que aplica un técnico en informática para configurar una computadora, son conocimientos técnicos. Estas habilidades suelen adquirirse mediante formación académica o vocational, entrenamiento práctico y repetición. Con frecuencia, el conocimiento técnico está codificado en procedimientos, manuales o recetas que indican los pasos a seguir para obtener un resultado eficaz.Entre las características del conocimiento técnico está su enfoque práctico y utilitario. Se origina cuando, tras múltiples pruebas y errores en una tarea, se consolidan procedimientos que funcionan de manera confiable. 

Por ejemplo, después de muchos intentos, un herrero medieval descubría la técnica adecuada para templar el acero; ese saber artesanal es conocimiento técnico transmitido de maestro a aprendiz. Este tipo de conocimiento transforma la naturaleza para adaptarla a las necesidades humanas, en lugar de que el humano se adapte pasivamente al entorno​

La técnica, en sentido amplio, consiste en usar herramientas y métodos para modificar el medio (por ejemplo, emplear irrigación para que un desierto produzca cultivos). El conocimiento técnico sí posee cierta sistematicidad, aunque menor que la ciencia. Suele apoyarse en principios científicos básicos, pero sobre todo en la experiencia que demuestra “qué funciona”. Un electricista, por ejemplo, conoce las reglas prácticas para instalar un circuito sin provocar cortocircuitos; esas reglas derivan de leyes científicas (electricidad) pero él las aplica de forma concreta y rutinaria. No requiere una verdad universal, sino eficacia en contextos similares​.

De hecho, una rama moderna del conocimiento técnico es el conocimiento tecnológico, que incorpora nuevos procedimientos validados (muchas veces gracias a la ciencia) para lograr efectos prácticos. En resumen, el conocimiento técnico es especializado, práctico y orientado a un fin. Su método es sobre todo empírico-experimental dentro de un campo delimitado (por ejemplo, la ingeniería civil, la medicina clínica, la mecánica automotriz). Su alcance se limita al contexto donde esas técnicas son útiles, pero su utilidad es enorme: gracias al conocimiento técnico podemos construir viviendas, fabricar máquinas, curar enfermedades con procedimientos médicos, programar software, etc. Es el tipo de conocimiento que impulsa el progreso material, pues convierte saberes en soluciones concretas para las necesidades humanas.

3. Conocimiento científico (fáctico y experimental)

El conocimiento científico tiene finalidad principal descubrir respuestas, teorías o leyes generalizables, respondiendo tanto a la pregunta de “¿Cómo sucede?” como a “¿Por qué sucede?” un fenómeno. 

A diferencia de los saberes cotidianos o técnicos, el conocimiento científico exige comprobación y validez universal (dentro de un margen de error). Esto significa que no basta con que algo “parezca funcionar”; debe demostrarse mediante evidencias replicables y razonamientos coherentes.

Además de la evidencia empírica, el conocimiento científico debe ser consistente. Las teorías científicas son conjuntos de proposiciones interrelacionadas; no pueden contener contradicciones internas flagrantes. Cuando se genera nuevo conocimiento, se verifica también su coherencia con principios establecidos o, si los desafía, se debe argumentar sólidamente por qué es hora de actualizar esos principios. La validez de los argumentos (por ejemplo, en una deducción matemática, o en inferir una causa a partir de un experimento) es examinada rigurosamente. 

Un conocimiento científico ideal es tanto empíricamente sustentable como teóricamente coherente. Por ejemplo, la teoría de la relatividad de Einstein fue aceptada no solo por explicar ciertos resultados anómalos (precesión del perihelio de Mercurio, desviación de la luz de las estrellas por el Sol, etc.) sino porque presentaba un marco matemático y conceptual coherente que englobaba a la vez la gravitación y la inercia. La sistematicidad mencionada implica que el conocimiento científico se organiza en marcos teóricos bien estructurados (leyes, teorías, modelos) que buscan explicaciones unificadas para multitud de hechos.

La ciencia produce conocimientos confiables, acumulativos y útiles. Cuando se siguen tales estándares, el resultado es un cuerpo de conocimiento en constante evolución pero fundamentado sólidamente, que ha demostrado ser la herramienta más poderosa para entender la naturaleza y a nosotros mismos con un alto grado de confianza. Aunque no son infalibles.

No cualquier creencia o información califica como conocimiento científico. Para que un saber sea considerado científico, debe cumplir con ciertos requisitos metodológicos y de validación que aseguren su rigor y fiabilidad. Entre los principales requisitos para generar conocimiento científico se encuentran:

a)    A) Delimitación de un campo de estudio: El conocimiento científico se produce dentro de un campo concreto de investigación, ya sea una disciplina (física, historia, psicología) o un problema específico. Esto implica definir claramente qué se va a estudiar. Los científicos suelen enfocarse en cuestiones bien delimitadas, formulando preguntas precisas o hipótesis acotadas. Por ejemplo, en lugar de “estudiar en general” la nutrición, un científico define su campo: p. ej. “efecto del déficit de vitamina D en la densidad ósea de adultos mayores”. Este enfoque delimitado permite profundizar de manera ordenada. Además, la producción de conocimiento científico típicamente ocurre en entornos institucionales dedicados a la investigación (universidades, laboratorios, centros de estudio), donde existen comunidades de especialistas en cada campo​ desde las ciencias experimentales (sociales y naturales) y las ciencias aplicadas (como el lenguaje y las matemáticas). Un campo bien delimitado ayuda a revisar antecedentes, usar terminología clara y comparar resultados con los de otros investigadores en el mismo ámbito.

b)  B) Método: El requisito fundamental es seguir un método sistemático para obtener y analizar datos​. El método científico clásico contempla pasos como: observación de un fenómeno, planteamiento de una pregunta o problema, proposición de hipótesis explicativas, experimentación o recolección de datos empíricos pertinentes, análisis de esos datos (muchas veces con herramientas matemático-estadísticas) y obtención de conclusiones. Todo ello debe hacerse de forma ordenada y documentada, de modo que otros puedan entender el proceso. La sistematicidad implica que el conocimiento nuevo se integra en un sistema teórico más amplio: cada hallazgo o teoría debe relacionarse lógicamente con conocimientos previos (ya sea confirmándolos, refinándolos o refutándolos). Por ejemplo, si un experimento arroja un resultado inesperado, el científico revisa el sistema teórico: ¿encaja en lo conocido o sugiere modificar algún principio? Además, el método exige objetividad, lo cual se logra con técnicas como grupos de control en experimentos, doble ciego en ensayos clínicos, instrumentos de medición calibrados, etc., para reducir sesgos. Un estudio científico debe proporcionar suficiente detalle metodológico para que cualquiera con las habilidades adecuadas pueda replicarlo en las mismas condiciones​.

c)     C) Comprobación, evidencia y validación por pares: Un conocimiento es científico solo si puede ser comprobado o contrastado de alguna manera con la realidad empírica​ (en las ciencias formales, la “realidad” son los axiomas y reglas del sistema lógico). Esto significa que las hipótesis deben generar predicciones o afirmaciones contrastables. Si la evidencia apoya la hipótesis, esta gana credibilidad; si la refuta, la hipótesis debe descartarse o revisarse. Importante es el proceso de validación por la comunidad científica (revisión por pares): cuando un investigador cree haber generado nuevo conocimiento (por ejemplo, un descubrimiento o una nueva teoría), publica sus métodos, datos y conclusiones en revistas especializadas. Otros expertos independientes revisan la calidad del trabajo antes de aceptarlo para publicación (asegurando que el método fue adecuado, que los datos respaldan las conclusiones y que no hay errores lógicos). Una vez publicado, la comunidad científica en general puede repetir los experimentos o observaciones para verificar resultados. Solo después de múltiples confirmaciones un hallazgo se consolida como conocimiento científico establecido. Este escrutinio público y colectivo es esencial: evita que los sesgos individuales o fraudes se perpetúen, y asegura que el conocimiento científico sea auto-correctivo. En palabras simples, la ciencia se autovalida y autocorrige con la participación de muchos científicos alrededor del mundo. Por ejemplo, los anuncios de posibles descubrimientos (una nueva partícula subatómica, un fósil de una especie desconocida, etc.) son tomados con cautela hasta que varios grupos los hayan confirmado de forma independiente.

Además de la evidencia empírica, el conocimiento científico debe ser consistente. Las teorías científicas son conjuntos de proposiciones interrelacionadas; no pueden contener contradicciones internas evidentes. Cuando se genera nuevo conocimiento, se verifica su coherencia con principios ya establecidos o, si los cuestiona, se debe argumentar sólidamente por qué conviene revisar o actualizar dichos principios. La validez de los argumentos —por ejemplo, en una deducción matemática o al inferir una causa a partir de un experimento— es examinada de manera rigurosa.

En términos ideales, un conocimiento científico es tanto empíricamente sustentable como teóricamente coherente. Por ejemplo, la teoría de la relatividad de Einstein se aceptó porque explicaba fenómenos observables (como la precesión del perihelio de Mercurio o la desviación de la luz de las estrellas por el Sol) y, al mismo tiempo, ofrecía un marco matemático y conceptual bien estructurado que unificaba gravitación e inercia. Esta sistematicidad implica que el conocimiento científico se organiza en marcos teóricos (leyes, modelos, teorías) que buscan explicaciones unificadas para múltiples hechos.

La ciencia, así entendida, produce conocimientos confiables, acumulativos y útiles. Aunque no es infalible, cuando se siguen sus estándares metodológicos el resultado es un cuerpo de saber en constante evolución, fundamentado en pruebas y sometido a crítica pública, que ha demostrado ser una herramienta muy poderosa para comprender la naturaleza y a los grupos humanos con un alto grado de confianza.

Desde la epistemología contemporánea suele distinguirse entre ciencias formales y ciencias fácticas o empíricas.

  • Las ciencias formales (como la lógica y las matemáticas) trabajan con entidades abstractas: números, signos, proposiciones. No se refieren directamente a hechos del mundo, sino a relaciones entre símbolos y estructuras conceptuales. Sus enunciados se verifican mediante la consistencia lógica interna, más que por contraste empírico.

  • Las ciencias fácticas o empíricas estudian hechos de la realidad natural y social. Se basan en la observación y la experimentación, y sus hipótesis se contrastan con datos del mundo. Física, química, biología, geología, sociología o ciencia política son ejemplos de ciencias fácticas: todos sus enunciados, en principio, pueden ser sometidos a prueba contra la experiencia.studocu+1

Dentro de las ciencias fácticas se habla a menudo de ciencias experimentales, es decir, aquellas que pueden realizar experimentos controlados para verificar sus hipótesis. En este sentido, tanto las ciencias naturales (física, química, biología, geología, astronomía) como muchas ciencias sociales (psicología experimental, economía aplicada, ciencia política comparada, sociología cuantitativa, etc.) pueden ser consideradas experimentales, siempre que apliquen el método científico y sometan sus afirmaciones a comprobación sistemática.blog.pucp.edu+1

En las ciencias naturales se emplean herramientas de observación y experimentación para estudiar fenómenos físicos:

  • La botánica es la rama de la biología que estudia las plantas.

  • La física aborda la materia, la energía y sus interacciones.

  • La química estudia la composición y transformaciones de la materia.

  • La biología se centra en los seres vivos y sus procesos.

  • La geología analiza la estructura y evolución de la Tierra.

  • La astronomía estudia el universo y los cuerpos celestes.

  • Ecología — relaciones entre organismos y su ambiente.

  • Zoología es la rama de la biología que estudia los animales.

En las ciencias sociales, el objeto de estudio son los sujetos:

  • Sociología — estudia los grupos humanos, las relaciones sociales, las instituciones, las desigualdades y los procesos de cambio social.

  • Antropología — estudia la identidad del ser humano, sus culturas, formas de vida y relaciones sociales. desde el presente al pasado y futuro

  • Ciencia Política — estudia el poder, el Estado, las instituciones, los gobiernos (lo que son).

  • Ciencias Jurídicas — estudian el derecho, las normas y los sistemas de justicia, así como la forma en que las leyes se crean, interpretan y aplican en grupos determinados (lo que debería ser)

  • Economía — estudia la producción, distribución y consumo de bienes y servicios

  • Geografía humana — estudia las relaciones humanas en un territorio y espacio, incluyendo patrones de asentamiento y uso del suelo.

  • Historia — estudia los procesos y transformaciones de los grupos humanos a través del tiempo.

  • Ciencias de la Comunicación — estudian los procesos de comunicación, los medios, los discursos y sus efectos sociales.

  • Psicología — estudia el comportamiento humano, los procesos mentales, las emociones y la experiencia subjetiva en contextos individuales y sociales.

  • Ciencias de la Educación — estudian los procesos educativos, las prácticas pedagógicas, las instituciones escolares y las políticas educativas, así como la formación y el aprendizaje a lo largo de la vida.

Todas estas disciplinas, cuando actúan como ciencias experimentales, comparten los mismos requisitos de delimitación de campo, método, comprobación empírica y validación por pares. Lo que cambia es su objeto de estudio (natural o social) y el tipo de técnicas que emplean, pero no los principios básicos que definen al conocimiento como científico.

Aclaratoria: Abogados, docentes, políticos y periodistas trabajan todo el tiempo con datos de la realidad (casos, estudiantes, ciudadanos, hechos noticiosos), pero no todo trabajo con datos es ciencia. Su labor es empírica en el sentido de que se basa en la experiencia y en hechos concretos, pero normalmente no sigue todos los requisitos del conocimiento científico.

4. Conocimiento filosófico

El conocimiento filosófico surge de la reflexión racional sobre cuestiones fundamentales, más allá de lo empírico. El conocimiento filosófico es aquel que se obtiene mediante la reflexión racional sobre las preguntas más fundamentales de la existencia, el conocimiento, la moral, la verdad y la realidad en su conjunto. A diferencia del científico, que se apoya en la experimentación empírica, el conocimiento filosófico se construye mediante argumentación lógica, conceptual y crítica, sin necesidad de comprobación experimental directa​. Es, en esencia, el saber que proviene de filosofar, es decir, de cuestionar y buscar explicaciones últimas acerca de nosotros mismos y del universo. Una característica central del conocimiento filosófico es que intenta responder al “¿Por qué?” en un nivel más profundo que la ciencia​

Por ejemplo, mientras un biólogo puede explicar cómo funciona el sistema nervioso humano (conocimiento científico), un filósofo se preguntará por qué tenemos mente o conciencia, qué significa realmente “ser” o “conocer algo”. La filosofía aborda problemas como la existencia de Dios, la naturaleza de la realidad (¿es todo materia? ¿existen las ideas independientemente de las cosas físicas?), los fundamentos de la moral (¿qué es el bien y el mal?), la belleza, la justicia, etc. Estos temas trascienden lo medible y por ello la filosofía no puede verificarlos en un laboratorio; en cambio, los analiza mediante la razón, el debate y la especulación informada por la historia del pensamiento. El conocimiento filosófico no es verificable empíricamente, lo cual no significa que carezca de rigor. Su rigor proviene de la coherencia lógica y la profundidad de sus argumentos. Por ejemplo, el filósofo griego Platón propuso la existencia de dos niveles de realidad: el mundo sensible (lo que percibimos con los sentidos) y el mundo de las ideas (realidad inmaterial y perfecta a la cual solo accedemos con la mente). Este es un conocimiento filosófico: no podemos “ver” directamente las Ideas platónicas, pero podemos entenderlas y discutir su plausibilidad. 

Otro ejemplo, es el de Descartes en el siglo XVII, que llegó a la conclusión “Pienso, luego existo” como verdad filosófica fundamental, usando la duda metódica y la razón pura, no un experimento científico.Las características del conocimiento filosófico incluyen ser racional, crítico y totalizante. Es racional porque emplea la razón y la lógica como herramientas principales (aunque a veces pueda inspirarse en la experiencia, su validación es racional, no experimental)​

Es crítico porque cuestiona incluso aquello que damos por sentado; el filósofo somete a examen las ideas, busca contradicciones y claridad conceptual. La filosofía aspira a una visión amplia que conecte diversos aspectos de la realidad y de la experiencia humana, en lugar de focalizar en un detalle particular. Por ejemplo, la ética filosófica intenta formular principios universales sobre cómo debemos vivir, principios que conectan con nociones de bien, libertad, finalidad de la vida, etc., integrando aspectos humanos, sociales y metafísicos. En cuanto a su alcance, el conocimiento filosófico abarca cuestiones que a veces la ciencia deja de lado por metodológicas.

La ciencia puede decirnos qué podemos hacer (por ejemplo, la genética nos da herramientas para modificar organismos), pero la filosofía nos pregunta si debemos hacerlo (consideraciones morales). La ciencia describe el universo, la filosofía indaga por el sentido de ese universo y de nuestra vida en él. Su utilidad reside en clarificar conceptos, fundamentar valores y orientar la visión del mundo. Aunque no produzca tecnologías, el conocimiento filosófico influye en nuestras creencias profundas: por ejemplo, las nociones de derechos humanos universales tienen raíces filosóficas (en ideas de dignidad, libertad y moral racional) que luego inspiran cambios sociales y leyes. Así, la filosofía, a través de su conocimiento, nutre la comprensión global y el discernimiento ético, lo cual es crucial para el desarrollo humano integral.

5. Conocimiento teleológico

El conocimiento teleológico es el saber que se centra en los fines o propósitos de los fenómenos. La palabra teleológico proviene del griego télos (“fin” o “objetivo final”) y logos (“razonamiento” o “discurso”)​ . En términos sencillos, es un tipo de conocimiento o explicación que responde a la pregunta “¿Para qué?” ocurren las cosas o “¿con qué propósito existe tal o cual objeto?”​ . A diferencia de la ciencia, que suele explicar los fenómenos por sus causas eficientes inmediatas (el cómo y el porqué causales), el enfoque teleológico busca entender la razón de ser última o la meta hacia la cual algo se dirige.El conocimiento teleológico ha sido cultivado sobre todo en la filosofía clásica y en ciertas corrientes espirituales o religiosas. Por ejemplo, el filósofo Aristóteles introdujo la idea de causa final: para explicar completamente algo, no solo hay que decir de qué está hecho (causa material), quién o qué lo produjo (causa eficiente) y qué forma tiene (causa formal), sino también para qué existe (causa final)​.

El conocimiento teleológico formalmente se pregunta por la finalidad y a veces concluye que existe un diseño o intención detrás de los fenómenos. Este tipo de conocimiento es común en el pensamiento religioso o metafísico. Por ejemplo, el conocimiento teológico (no confundir, aunque relacionado por el tema de fines últimos) afirma que el universo y la vida tienen un propósito dado por Dios; así, interpreta todos los eventos como parte de un plan (visión teleológica trascendente). Sin embargo, el conocimiento teleológico no necesariamente implica religión: un filósofo humanista podría buscar el propósito de la vida humana en términos de realización personal o felicidad, es decir, proponiendo fines últimos seculares. En cualquier caso, el conocimiento teleológico va más allá de lo empírico inmediato y especula sobre el sentido último. 

Las características del conocimiento teleológico incluyen ser especulativo y finalista. Es especulativo porque a menudo no puede probarse con datos si una finalidad es “verdadera” o no; se basa en inferencias, analogías o creencias respecto a un orden u objetivo global. Y es finalista porque interpreta la realidad enfocándose en los resultados o metas. Históricamente, ha sido fuente de mucha reflexión: por ejemplo, en la Edad Media los eruditos interpretaban los fenómenos naturales diciendo que ocurrían “para manifestar la voluntad divina”, integrando así teleología en su conocimiento del mundo​

En términos de utilidad, el conocimiento teleológico aporta una comprensión orientada al significado. Aunque la ciencia moderna no recurre a causas finales para explicar (se concentra en causas eficientes), las personas naturalmente buscan propósitos: “¿Cuál es el propósito de mi existencia?”, “¿Para qué sirve el arte?”, “¿Tiene la historia humana una meta?”. El pensamiento teleológico intenta responder estas inquietudes, dando un marco de sentido. Por ejemplo, en ética puede ser útil: ciertas corrientes éticas (como el utilitarismo) evalúan las acciones por sus fines (el mayor bien para el mayor número). En filosofía de la naturaleza, la idea de teleología ha resurgido en debates sobre si el universo tiene ajuste fino con miras a la aparición de la vida. 

Es importante destacar que la astrología presupone un universo con orden y significado; y por eso suele relacionarse con visiones teleológicas del cosmos, aunque no es en sí misma una teoría teleológica.

El conocimiento teleológico llena el espacio de preguntarnos por el para qué último, ofreciendo respuestas que, si bien no son comprobables en un laboratorio, satisfacen en parte la búsqueda humana de significado y propósito.

Teleologia y saberes no cientificos

En primer lugar, la teología —junto con muchos discursos religiosos— sostiene que el universo, la vida y la historia tienen un propósito último dado por Dios o por una divinidad; así, todo acontecimiento puede interpretarse como parte de un plan (la creación, el sufrimiento, la salvación, el juicio final), y el sentido de la existencia humana se vincula con fines como “glorificar a Dios”, “cumplir su voluntad” o “alcanzar la salvación”. Aquí la teleología es trascendente: los fines últimos se sitúan más allá del mundo empírico y se fundamentan en la fe, de modo que no se trata de conocimiento científico, porque sus afirmaciones centrales no son contrastables mediante observación y experimentación, sino que dependen de la adhesión a creencias.

En segundo lugar, la astrología y otros saberes esotéricos presuponen un cosmos ordenado en el que los movimientos y posiciones de los astros tienen significado para la vida humana: se asume que la configuración del cielo al momento del nacimiento “indica” rasgos de personalidad, destinos o compatibilidades, y el universo es leído como un sistema de signos cargados de intención, donde los astros no solo “están ahí”, sino que “se orientan” a influir o indicar caminos. En este caso, la teleología se expresa en la idea de un orden significativo del cosmos, como si estuviera “diseñado” para comunicar mensajes personales. Sin embargo, las correlaciones propuestas por la astrología no superan pruebas empíricas rigurosas ni se apoyan en un método experimental estándar, replicable y validado por pares; por ello, aunque trabaje con datos como fechas o posiciones astrales, su estatus es el de conocimiento no científico, fuertemente cargado de interpretaciones teleológicas.

En tercer lugar, las teorías conspirativas interpretan hechos sociales, políticos o históricos como resultado de planes ocultos de grupos poderosos y suponen que “nada es casual”, que todo ocurre para cumplir un propósito secreto (dominar, destruir, manipular). La realidad se lee como si estuviera siempre guiada por una intención oculta, y la coincidencia o el azar prácticamente desaparecen del horizonte explicativo. Aquí la teleología se vuelve inmanente: los fines ya no son trascendentes (como en la teología) ni cósmicos (como en la astrología), sino políticos y humanos (“ellos quieren controlarnos”). El problema es que estas teorías suelen seleccionar solo los datos que confirman la sospecha, ignorar evidencias contrarias y no formular hipótesis falsables ni admitir refutación; cualquier prueba en contra se reinterpreta como parte de la conspiración (“eso también lo controlan ellos”). Por eso, aunque utilizan hechos —escándalos reales, documentos, decisiones políticas—, su forma de conocer se sitúa fuera de la ciencia y su carácter teleológico refuerza explicaciones globales y cerradas sobre “para qué” ocurre todo.

Resumiendo, el conocimiento teleológico se centra en el “para qué” (el fin, el propósito, el objetivo último), tiende a ser especulativo porque sus afirmaciones sobre fines últimos rara vez se pueden probar con datos empíricos, y es finalista en la medida en que interpreta la realidad a partir de metas o resultados deseados (“todo pasa por algo”, “la historia tiene una misión”). En cambio, el conocimiento científico se organiza alrededor del “cómo” y del “por qué” causales, examinando mecanismos y relaciones verificables; exige delimitación clara de un campo de estudio, método sistemático, comprobación empírica y validación por pares; y acepta la posibilidad de azar, contingencia y error, de modo que las teorías pueden cambiar si la evidencia lo exige. Por eso se puede sostener razonadamente que la teología (en muchas de sus versiones), la astrología y gran parte de las teorías conspirativas son formas de conocimiento teleológico, en tanto buscan fines, planes y propósitos últimos, pero no constituyen conocimiento científico, porque no cumplen con los criterios de contrastabilidad, replicabilidad y evaluación crítica sistemática propios de la ciencia.


Conclusion

Conclusión

En conjunto, estos tipos de conocimiento se complementan más que excluirse. Cada uno opera en un nivel distinto: lo cotidiano nos orienta en la vida diaria, lo técnico nos hace eficaces en tareas específicas, lo científico nos da entendimiento y poder predictivo sobre el mundo físico‑social, lo filosófico nos ayuda a pensar críticamente y dar un marco a lo que hacemos, y lo teleológico nos proporciona una visión de propósito global. Una misma persona puede usar los cinco tipos: por ejemplo, un médico rural aplica conocimiento científico (medicina basada en evidencias) y técnico (habilidad clínica) al tratar a un paciente, a la vez que se guía por conocimiento vulgar en ciertos casos, reflexiona filosóficamente sobre la ética de sus decisiones y, quizás, encuentra en la teleología o la religión un sentido a su vocación.

Dentro de este mapa, la sociología ocupa un lugar específico: es conocimiento científico sobre la grupos humanos. Estudia grupos humanos, relaciones sociales, instituciones, desigualdades y procesos de cambio mediante métodos sistemáticos y teorías contrastables, y no se limita a opiniones o intuiciones sobre “cómo es la gente”. Esto hace que la sociología sea clave para el análisis de la realidad nacional: permite pasar de percepciones dispersas sobre la violencia, la precariedad laboral, la migración o el autoritarismo a diagnósticos rigurosos sobre las estructuras y dinámicas que los producen. Al reflexionar críticamente sobre las condiciones materiales y simbólicas que garantizan nuestra vida y nuestra supervivencia —acceso a derechos, seguridad, trabajo, tejido comunitario, reconocimiento—, la sociología ofrece herramientas para identificar qué aspectos del orden social favorecen la dignidad y cuáles la amenazan.

Entender las diferencias entre estos saberes y el lugar específico de la sociología como ciencia social nos permite valorar mejor su aporte: no solo ayuda a describir la realidad nacional, sino a discutir qué formas de organización social hacen posible una vida más justa, segura y sostenible para la mayoría, y qué cambios son necesarios para alcanzarla

sábado, 1 de marzo de 2025

Uso de la religión en la Campaña electoral 1994 en El Salvador

Las elecciones de 1994 fueron las primeras después de la guerra, por lo que probablemente fue un evento significativo. La religión en El Salvador: la mayoría de la población es cristiana, principalmente católica, y los principales candidatos fueron Armando Calderón Sol de ARENA y Rubén Zamora del FMLN. ARENA era el partido de derecha, y el FMLN a la izquierda.

Campaña de ARENA en 1994

En la campaña electoral presidencial de El Salvador de 1994, la religión jugó un papel estratégico, especialmente por parte del partido de derecha ARENA (Alianza Republicana Nacionalista),  empleó frases como "Con Dios, todo es posible" y "Dios, Patria y Libertad" (este último heredado de su fundación). Estos eslóganes, aunque no explicaban el nombre del partido, reforzaban su imagen como defensor de valores cristianos, permitiendo que simpatizantes relacionaran la "Alianza" con un proyecto "bendecido por Dios. Esta campana fue liderado por Armando Calderón Sol, enfatizó discursos vinculados a la "moral cristiana", la familia tradicional y el orden social resonando en sectores católicos conservadores y en comunidades evangélicas en crecimiento, que veían al partido como un baluarte contra el secularismo y el "comunismo ateo".

Se asoció la estabilidad económica y seguridad promovida por ARENA con principios religiosos, presentando su plataforma neoliberal como compatible con la ética cristiana de trabajo y responsabilidad. ARENA utilizó retórica religiosa para estigmatizar al FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional), exguerrilla convertida en partido político, vinculándolo con el "ateísmo marxista" de la Guerra Fría. Esto buscaba movilizar el miedo residual a una agenda izquierdista "anti-religiosa". 

En relación con líderes e instituciones religiosas ARENA cultivó algunas alianzas con pastores evangélicos, quienes promovieron el voto por el partido desde púlpitos, asociando su victoria con la "voluntad divina". Estudios como Evangélicos y poder en América Latina (Jean-Pierre Bastian, 2005) mencionan a López Bertrand como figura clave en el apoyo evangélico a ARENA. El pastor de la iglesia Tabernáculo Bíblico Bautista Amigos de Israel declaró "Dios ha puesto a ARENA para guiar al pueblo" segun lo retioma La Prensa Gráfica durante la campaña de 1994, se afirmo que Calderón Sol y su gobierno traería "orden y bendición divina".

La Iglesia Católica, aunque menos alineada abiertamente, con el arzobispo Fernando Sáenz Lacalle cercano a sectores conservadores, evitó apoyar abiertamente a ARENA, pero sí criticó indirectamente al FMLN. En una homilía documentada por EFE en marzo de 1994, advirtió sobre "ideologías que destruyen la familia y la fe", frase interpretada como un rechazo velado a la izquierda. Aunque no mencionó al FMLN, sus palabras fueron utilizadas por simpatizantes de ARENA para asociar al partido con valores católicos.

Cabe destacar que ARENA evitó confrontaciones y usó símbolos católicos en actos públicos. Calderón Sol participó en eventos religiosos, proyectando una imagen de devoto. Su campaña integró lemas como "Dios, Patria y Libertad", heredados de la fundación de ARENA por Roberto D’Aubuisson, vinculado a escuadrones de la muerte. La estrategia de ARENA fue efectiva: Calderón Sol ganó con el 68% de los votos en segunda vuelta. El uso de la religión consolidó su base en zonas rurales y urbanas conservadoras. Este caso refleja cómo la religión, en contextos posconflicto, puede ser instrumentalizada para legitimar agendas políticas, combinando temores históricos y esperanzas de renovación moral.

Durante la campaña electoral de 1994, ARENA  en El Salvador movilizó a católicos evangélicos mediante valores tradicionales, y aunque estaba presente indicios de  radicalización conservadora, y de asistencia a eventos religiosos, estos fueron marginales, aunque sentaron las bases para futuras polarizaciones. Estos hechos reflejan la estrategia de ARENA para consolidar su base religiosa y los intentos del FMLN por contrarrestar su imagen secular. Algunos ejemplos identificados durante esta campaña electoral fueron:


Campaña del FMLN en 1994

El FMLN, liderado por Rubén Zamora, tuvo menos éxito en movilizar simbología religiosa, aunque apeló a la justicia social, resonando con sectores católicos progresistas. El FMLN enfocó su mensaje en reformas sociales, pero la desconfianza hacia su pasado guerrillero limitó su alcance en comunidades religiosas tradicionales. En la campaña presidencial de El Salvador de 1994, la relación entre Rubén Zamora (candidato del FMLN) y los sectores evangélicos fue limitada y compleja, mientras que temas como la homosexualidad y el aborto no fueron centrales en el debate público, aunque sí existieron tensiones indirectas vinculadas a valores religiosos.  Aunque el FMLN intentó conectarse con la teología de la liberación (corriente católica progresista), su pasado guerrillero dificultó este esfuerzo, permitiendo a ARENA capitalizar el anticomunismo religioso.


El FMLN, exguerrilla convertida en partido político, enfrentaba el estigma de su pasado marxista, asociado en la Guerra Civil con el ateísmo y la crítica a estructuras religiosas tradicionales. Aunque algunos sectores del FMLN simpatizaban con la "Teología de la liberación", esta corriente no tenía peso significativo en las iglesias evangélicas, que crecían rápidamente en El Salvador.  Rubén Zamora, un político de centroizquierda con formación católica, intentó moderar la imagen del FMLN, pero su vinculación histórica con la izquierda revolucionaria generó desconfianza entre los evangélicos conservadores, quienes veían al partido como una amenaza a los "valores familiares". Las iglesias evangélicas, en expansión desde los años 80, fueron cooptadas estratégicamente por ARENA, que las vinculó a su proyecto político mediante alianzas con pastores influyentes. ARENA promovió una narrativa de "defensa de la moral cristiana" contra el "comunismo ateo", lo que marginó al FMLN en estos espacios.  El FMLN no logró penetrar en redes evangélicas, que percibían a la izquierda como promotora de un "relativismo moral" contrario a sus doctrinas. Sin embargo, existieron figuras religiosas y sectores vinculados a la teología de la liberación que, aunque no siempre respaldaron abiertamente al partido, simpatizaron con sus propuestas de justicia social. Algunos eventos que se pueden vincular directa o indirectamente al partido son:

1. Sacerdotes y líderes católicos vinculados a la teología de la liberación influyeron en sectores cercanos al FMLN. La UCA mantuvo una postura crítica contra la represión de ARENA y publicó estudios socioeconómicos que respaldaban las demandas de justicia social del FMLN.  Por ejemplo John Sobrino fue crítico de las desigualdades sociales y del autoritarismo de ARENA. Aunque evitó respaldar partidos, sus escritos sobre "la opción por los pobres" resonaron con la base social del FMLN. (El Salvador: anatomía de un país en conflicto, 1988). Además los jesuitas Padre José María Tojeira y padre Rodolfo Cardenal en los 90s mantuvieron una postura crítica contra la impunidad y las políticas neoliberales de ARENA. En foros públicos, defendió la necesidad de reformas sociales, alineándose indirectamente con las propuestas del FMLN (Entrevistas en "El Faro"1995-2000).

2. Comunidades Eclesiales de Base (CEBs)como  redes católicas, inspiradas en la teología de la liberación, operaban en zonas rurales y marginales, muchas de ellas bastiones del FMLN. Líderes laicos como "María Julia Hernández" (directora de Tutela Legal del Arzobispado) trabajaron con víctimas de la guerra, vinculando su labor con la demanda de justicia que el FMLN representaba. Las CEBs en Chalatenango y Morazán, documentadas en "El Salvador’s Civil War" (Héctor Lindo-Fuentes, 2007).

3. Protestantes progresistas como el obispo Medardo Gómez (Iglesia Luterana Salvadoreña) aunque no apoyó abiertamente al FMLN, Gómez fue un crítico vocal de la violación de derechos humanos durante la guerra y defendió a comunidades desplazadas, muchas afines a la izquierda. Su iglesia fue un espacio de diálogo para sectores progresistas como lo describe en el libro “La voz de los sin voz” (Medardo Gómez, 1998). Tambien algunos líderes de denominaciones como la Iglesia Anglicana o la Metodista mostraron simpatía por las causas sociales del FMLN, aunque sin respaldo partidista explícito.

4. Mientras ARENA contó con el apoyo de jerarquías evangélicas y católicas conservadoras (como el arzobispo Sáenz Lacalle), el FMLN tuvo mayor afinidad con "sectores de base" (sacerdotes rurales, laicos comprometidos). Por ejemplo en 1994, el FMLN intentó sin éxito ganar el respaldo de Monseñor Gregorio Rosa Chávez (entonces obispo auxiliar), quien prefería mantener neutralidad. Rubén Zamora, candidato del FMLN, se reunió con sacerdotes y laicos vinculados a la "teología de la liberación", como el jesuita Jon Sobrino, en la Universidad Centroamericana (UCA). Según el libro "La izquierda en El Salvador" de Carlos Ramos, Zamora buscó respaldo en estos sectores católicos progresistas, que históricamente denunciaron la represión de ARENA. A diferencia de ARENA, el FMLN no logró masificar este apoyo, pues la jerarquía católica y los evangélicos lo veían con recelo por su pasado guerrillero.

5. Rubén Zamora y el FMLN, aunque intentaron moderarse, no lograron contrarrestar el estigma de ser "enemigos de la religión", a pesar de su enfoque en temas socioeconómicos

6. Denuncias donde el FMLN acusó a ARENA de manipular la fe para ganar votos. En un mitin en Santa Ana, Zamora declaró: "No se puede esconder la corrupción tras la Biblia" (reportado por Diario Latino). Calderón Sol respondió en un discurso en Sonsonate: "Nuestra fe no es estrategia, es convicción", reforzando su imagen de devoto.  

7. Casos de apoyo indirecto como cuando en 1994, sacerdotes como "Padre Fabián Amaya" (de la diócesis de San Miguel) criticaron en sermones las políticas económicas de ARENA, alineándose con críticas del FMLN (La Prensa Gráfica, marzo de 1994 - archivos físicos).

Uso de la religión por otros partidos

En el contexto de las elecciones presidenciales de 1994 en El Salvador, se observó la participación de partidos políticos minoritarios que buscaron aprovechar elementos religiosos en su estrategia electoral. Entre ellos, se destacan el Movimiento de Unidad (MU) y el Movimiento de Solidaridad Nacional (MSN), ambos con enfoques de "inspiración cristiana".

El Movimiento de Unidad, liderado por el Pastor y Dr. Jorge Martínez, presentó el lema "Hombres justos para gobernar" y buscó obtener un respaldo significativo de sectores religiosos, especialmente de iglesias evangélicas. Este partido se autodefinió como una agrupación conformada por ciudadanos salvadoreños que creen en la efectividad del sistema democrático expresado a través de los partidos políticos, como se establece en su Artículo 1 de sus estatutos. Además, tenía como otros objetivos fomentar la integración centroamericana y promover un modelo de desarrollo humano.

El MU obtuvo un resultado electoral que representó aproximadamente el 2.23% del total de votos emitidos en las elecciones presidenciales, y logró un escaño legislativo, aunque su permanencia en el sistema político fue de corta duración. Sus candidatos a diputados presentaron propuestas relacionadas con la prevención de la drogadicción, la prostitución y el aborto (Edgardo Morena Viera), y la legislación para rescatar los valores morales y espirituales de la familia (Israel Colocho).

Por otro lado, el Movimiento de Solidaridad Nacional (MSN), liderado por Edgardo Engelhardt, también se identificó como un partido de "inspiración cristiana". Su lema de campaña fue "Un milagro en marcha". Aunque enfocó su mensaje en valores cristianos y sociales, el MSN obtuvo resultados electorales limitados, logrando solo el 1.05% del total de votos. Su propósito, según el Artículo 1 de sus estatutos, era luchar por el mejoramiento económico, social, cultural y político del pueblo salvadoreño, destacando la libertad de empresa como el motor del crecimiento económico. su candidato era un líder de los Hombres de Negocios del Evangelio Completo (FHINEC) y dirigente de grupos pro familia y pro vida en años posteriores.

La elección de lemas con connotaciones religiosas como "Hombres justos para gobernar" y "Un milagro en marcha" sugiere una aspiración optimista y un llamado a la esperanza y transformación positiva para el país. Estos partidos buscaron atraer a votantes con valores religiosos o éticos en su mensaje político.

Es complicado determinar con certeza si, más allá de sus líderes, estructuras o programas, los partidos políticos mencionados lograron elementos significativos que pudieran haberles otorgado un mayor impacto y alcanzar los cambios que buscaban una vez establecidos. Su incapacidad para mantenerse en el sistema político salvadoreño y la limitada información disponible sobre ellos plantean un desafío en este análisis.

Es posible que estos partidos hayan enfrentado diversas dificultades en su trayectoria, como la competencia con otros partidos más establecidos, la falta de recursos financieros, la capacidad de movilización o el apoyo ciudadano necesario para alcanzar sus objetivos. Además, la ausencia de información detallada sobre sus estructuras internas y su contenido programático dificulta una evaluación exhaustiva de su potencial impacto en la sociedad salvadoreña.


En 1994, El Salvador vivió un momento crucial en su historia con las primeras elecciones presidenciales tras el fin de la guerra civil en 1992. En un país mayoritariamente cristiano, donde la religión ha tenido una influencia significativa en la vida pública, los principales contendientes fueron Armando Calderón Sol, de ARENA, y Rubén Zamora, de la coalición FMLN-CD. ARENA, un partido de derecha con vínculos históricos con el ejército y la oligarquía, compitió contra el FMLN, el antiguo grupo guerrillero de izquierda transformado en partido político.

En este contexto de polarización política, la religión se convirtió en un recurso discursivo estratégico en la campaña electoral. ARENA utilizó el apoyo de líderes evangélicos y referencias cristianas en su propaganda para reforzar su identidad conservadora y atraer el voto de sectores religiosos. Al mismo tiempo, aunque la Iglesia Católica mantuvo una postura oficial de neutralidad, algunos actores dentro de la institución expresaron simpatías hacia ciertos sectores, influyendo indirectamente en la percepción de los votantes.

La elección de 1994 no solo consolidó a ARENA en el poder, sino que también demostró cómo la religión podía ser utilizada como un instrumento de movilización política. La campaña reflejó que, en un país con profundas raíces cristianas, la fe y la política estaban estrechamente entrelazadas, convirtiendo a la religión en un factor clave en el proceso electoral y en la construcción de narrativas de legitimidad política.

Conclusion

La religión en 1994 funcionó como herramienta de movilización electoral, articulando identidades, valores y memorias de guerra para consolidar proyectos políticos en un momento crítico de transición democrática. En 1994, El Salvador era una sociedad profundamente conservadora, con una fuerte influencia de la Iglesia Católica y evangélica. Temas como los derechos LGBTQ+ o el aborto no formaban parte de la agenda política explícita, ni del FMLN ni de ARENA, debido al riesgo de alienar a votantes religiosos. El aborto ya era penalizado en todas sus formas desde 1974, y la homosexualidad era un tabú social, por lo que ningún partido lo impulsó como bandera.  Aunque no hubo debates abiertos sobre estos temas, ARENA reforzó un discurso de familia tradicional y moralidad, asociando implícitamente al FMLN con agendas "inmorales" o "anti-natura" por su retórica progresista en otros ámbitos (como justicia social).  El FMLN, por su parte, evitó mencionar derechos sexuales o reproductivos para no alimentar la narrativa de ARENA. Su enfoque fue en temas económicos y reconciliación postguerra.

Algunos sectores católicos progresistas cercanos al FMLN hablaban de justicia para grupos marginados, pero sin abordar directamente la homosexualidad o el aborto. La prioridad era no antagonizar a la jerarquía eclesiástica o a los evangélicos. En El Salvador, durante la campaña electoral de 1994 y en años posteriores, el apoyo religioso explícito al FMLN fue menos visible que el respaldo conservador a ARENA, debido al estigma histórico del FMLN como exguerrilla de izquierda y su asociación con el secularismo. 

En primer lugar, ARENA recibió un respaldo explícito de líderes evangélicos y católicos conservadores, mientras que el FMLN contó con apoyo tácito o indirecto de religiosos vinculados a la teología de la liberación y comunidades de base. Aunque estas figuras no respaldaban al partido como institución, compartían su agenda de justicia social y denuncia de la desigualdad. La falta de apoyo jerárquico reflejó la polarización religiosa en un país donde la derecha consolidó su hegemonía simbólica mediante la religión. La campaña de 1994 sentó un precedente en El Salvador: ARENA institucionalizó el uso de la religión como herramienta electoral, mientras que el FMLN luchó por desvincularse del estigma anticlerical. Este modelo influyó en elecciones posteriores, donde temas como el aborto o los derechos LGBTQ+ se politizaron abiertamente, siempre con la religión como eje.

En segundo lugar, ARENA, liderado por Armando Calderón Sol, apeló a valores conservadores y religiosos, enfatizando discursos vinculados a la moral cristiana, la familia tradicional y el orden social. Estos mensajes resonaron especialmente en sectores católicos conservadores y en comunidades evangélicas en crecimiento, que veían al partido como un baluarte contra el secularismo y el "comunismo ateo". Además, se asoció la estabilidad económica y la seguridad promovidas por ARENA con principios religiosos, presentando su plataforma neoliberal como compatible con la ética cristiana del trabajo y la responsabilidad.

En tercer lugar, ARENA utilizó el legado de la guerra civil y el anticomunismo para movilizar el voto. La retórica religiosa fue empleada para estigmatizar al FMLN, exguerrilla convertida en partido político, vinculándolo con el ateísmo marxista de la Guerra Fría. Esto buscaba movilizar el miedo residual a una agenda izquierdista "anti-religiosa". A pesar de que el FMLN intentó conectar con la teología de la liberación, su pasado guerrillero dificultó este esfuerzo, lo que permitió a ARENA capitalizar el anticomunismo religioso.

En cuarto lugar, el FMLN y Rubén Zamora mantuvieron una relación distante con los evangélicos en 1994, mientras que ARENA consolidó su apoyo en esos sectores mediante discursos de defensa de la "moral cristiana". Aunque temas como la homosexualidad y el aborto no fueron explícitos en la campaña, operaron como fantasmas retóricos en la construcción de ARENA de un "enemigo secular" encarnado en la izquierda. Esta dinámica refleja cómo la religión se utilizó para movilizar temores culturales, incluso sin debates abiertos sobre derechos sociales específicos.

En quinto lugar, los sectores evangélicos, en expansión desde los años 80, fueron clave en la estrategia de ARENA. El partido cultivó alianzas con pastores evangélicos, quienes promovieron el voto por el partido desde los púlpitos, asociando su victoria con la "voluntad divina". Por otro lado, la Iglesia Católica, aunque menos alineada abiertamente, mantenía influencia en la sociedad, y ARENA evitó confrontaciones, utilizando símbolos católicos en actos públicos, mientras que el FMLN enfrentaba escepticismo debido a su pasado secular.

En sexto lugar, el uso de símbolos y rituales religiosos fue una herramienta importante para ARENA. Calderón Sol participó en misas y eventos evangélicos, proyectando una imagen de devoto, y su campaña integró lemas como "Dios, Patria y Libertad", heredados de la fundación de ARENA por Roberto D’Aubuisson, vinculado a escuadrones de la muerte. El FMLN, por su parte, tuvo menos éxito en movilizar simbología religiosa, aunque apeló a la justicia social, lo cual resonó en sectores católicos progresistas.

En séptimo lugar, en el contexto postconflicto, ARENA utilizó la religión para promover una narrativa de paz y reconciliación, desvinculándose parcialmente de su pasado represivo. Calderón Sol presentó la estabilidad como un "don divino" tras la guerra, enmarcando su promesa de estabilidad como una bendición divina. En contraste, el FMLN enfocó su mensaje en reformas sociales, pero la desconfianza hacia su pasado guerrillero limitó su alcance en las comunidades religiosas tradicionales.

En octavo lugar, la estrategia de ARENA fue efectiva. Calderón Sol ganó con el 68% de los votos en segunda vuelta. El uso de la religión consolidó su base en zonas rurales y urbanas conservadoras, mostrando cómo la religión, en contextos posconflicto, puede ser instrumentalizada para legitimar agendas políticas, combinando temores históricos y esperanzas de renovación moral.

En resumen, la religión en la campaña electoral de 1994 funcionó como una herramienta clave de movilización, articulando identidades, valores y memorias de guerra para consolidar proyectos políticos en un momento crítico de transición democrática.