Aplicación del esquema general para el análisis de un discurso
1. Emisor
El mensaje es
emitido de manera colectiva y jerárquica. Intervienen actores religiosos,
representantes de fundaciones privadas, congresistas estadounidenses y
funcionarios de los tres poderes del Estado salvadoreño. El emisor central y
simbólicamente dominante es el Presidente de la República, quien habla desde
una posición de máxima autoridad política y legitimidad institucional.
2. Objetivo
El objetivo
principal del discurso es legitimar el poder político mediante una narrativa
religiosa, presentar la acción del Estado como moralmente correcta y reforzar
una idea de unidad nacional basada en la fe. De manera secundaria, busca
proyectar internacionalmente una imagen de orden, estabilidad y excepcionalismo
salvadoreño, alineado con referentes estadounidenses.
3. Mensaje
El mensaje
central sostiene que El Salvador vive un “milagro” de transformación, paz y
restauración, atribuido a la acción conjunta de Dios, la nación y el liderazgo
político. Las políticas públicas y el ejercicio del poder son presentados como
resultado de una guía divina, más que como decisiones políticas sujetas a
deliberación o conflicto.
4. Códigos
- Código verbal: lenguaje religioso,
bíblico y moralizante, combinado con un registro político institucional.
Se combina el español de unos y el ingles de los congresistas de Estados
Unidso
- Código no verbal: posturas de
oración, gestos solemnes, disposición jerárquica del cuerpo y del espacio.
- Código escrito: lecturas explícitas
de pasajes bíblicos, principalmente del Evangelio de Mateo.
- Código visual: banderas nacionales y
extranjeras, vestimenta formal, símbolos militares y escenografía estatal.
5. Medios
(canal)
El discurso circula a través de un evento institucional presencial, amplificado por transmisiones oficiales, redes sociales del Ejecutivo, cuentas personales del presidente y actores replicadores afines al gobierno, tanto nacionales como internacionales. De manera directa y completa por pvarias cuentas oficialistas como la embajadora Milena Moyarga, la presidencia de la republica y la misma cuenta personal del presidente.
6. Receptor
El receptor
del discurso puede distinguirse en dos niveles principales: presencial y no
presencial, cada uno con características y funciones diferenciadas dentro del
proceso comunicativo.
El receptor
presencial está conformado mayoritariamente por actores con poder político y
religioso, entre los que destacan funcionarios del Estado, líderes religiosos y
representantes institucionales nacionales e internacionales, especialmente de
Estados Unidos. La composición del público es predominantemente masculina,
tanto en términos de presencia como de visibilidad simbólica, lo que refuerza
una estructura jerárquica y elitizada del acto.
El receptor no
presencial corresponde a la audiencia mediada, que accede al evento a través de
transmisiones oficiales, redes sociales y medios digitales. Este grupo incluye
a la población salvadoreña en general y a audiencias internacionales más
amplias, que reciben el mensaje de forma diferida y mediada por actores
replicadores.
En ambos casos, el receptor es concebido como un sujeto activo, capaz de interpretar, resignificar o filtrar el mensaje desde marcos religiosos, políticos y culturales previamente establecidos, lo que condiciona los niveles de aceptación, resonancia o rechazo del discurso.
7. Factores de
resonancia y/o barreras
- Intermediación social: líderes
religiosos, congresistas extranjeros, funcionarios públicos y figuras
mediáticas actúan como validadores y traductores del mensaje.
- Selectividad: el mensaje resuena
especialmente en audiencias con afinidad religiosa o simpatía hacia el
proyecto político, mientras puede ser filtrado o rechazado por sectores
críticos o laicos.
- Capacidad limitada: barreras lingüísticas (uso del inglés sin traducción), culturales y simbólicas que condicionan la comprensión plena del mensaje por parte de todos los públicos.
8. Contexto
Politico: El discurso se
inscribe en un contexto de alta concentración del poder político en el
Ejecutivo, acompañado de un predominio del discurso de seguridad como eje
central de legitimación gubernamental y de un debilitamiento de los contrapesos
institucionales. Este escenario coincide con un creciente uso de narrativas
religiosas en el espacio público, integradas al discurso oficial como fuente de
validación moral del ejercicio del poder.
El evento
tiene lugar durante el segundo mandato del presidente Nayib Bukele, en un
momento de alineamiento simbólico y político con Estados Unidos,
particularmente con sectores del Partido Republicano y con la figura de Donald
Trump como aliado estratégico del gobierno salvadoreño.
Social de seguridad: En términos de
coyuntura, el discurso se desarrolla en un contexto marcado por la reducción
sostenida de los homicidios, presentada oficialmente como evidencia de éxito
gubernamental, coexistiendo con silencios institucionales frente a hechos de
violencia ocurridos en el entorno del Palacio Nacional, el aumento de
feminicidios y señalamientos persistentes de violaciones a derechos humanos. Un
caso destacado fue el **homicidio de Yessica Amanda Solís Castro, de 42
años, ocurrido el 6 de noviembre de 2025, cuando un soldado de la Fuerza Armada
le disparó frente al Palacio Nacional mientras ella caminaba por la zona.
Aunque las autoridades calificaron el hecho como un accidente y la Policía
Nacional Civil no lo incluyó de inmediato en las estadísticas oficiales de
homicidios, la Fiscalía General de la República presentó una acusación por
homicidio culposo contra el militar el 24 de noviembre de 2025.
Este hecho,
ocurrido en un espacio simbólicamente asociado al poder estatal, no fue
incorporado de forma explícita en la narrativa oficial de seguridad, a pesar de
su proximidad geográfica al centro del Estado.
Económico: Se han registrado despidos y reducción de plazas en el sector salud, lo que ha generado preocupación por el debilitamiento del sistema público y por el impacto en el acceso a servicios básicos; por otro, el Centro Histórico de San Salvador atraviesa un proceso acelerado de gentrificación, impulsado por intervenciones estatales orientadas a la seguridad, el turismo y la inversión privada, que ha provocado el desplazamiento de poblaciones históricas y la transformación del espacio urbano en función de intereses comerciales y simbólicos. A ello se suman amenazas vinculadas a la posible reactivación de la minería metálica y otros proyectos extractivos, que han reabierto el debate sobre el impacto ambiental, la sostenibilidad de los recursos hídricos y la protección del medio ambiente.
Cultural: Se registra un uso creciente de referencias religiosas en el discurso público, particularmente de matriz cristiana, integradas a la comunicación política como fuente de legitimación moral. Aunque se presenta como un discurso plural y ecuménico, predomina una religiosidad masculina, jerárquica y conservadora, con escasa visibilidad de mujeres y de expresiones religiosas no cristianas. La religión opera como lenguaje cultural compartido que facilita adhesión y cohesión simbólica.
9. Escenario: El acto se desarrolla en el Palacio Nacional, ubicado en el Centro Histórico de San Salvador, un espacio estatal de alto valor simbólico asociado a la autoridad, la institucionalidad y la memoria histórica del poder. El Palacio Nacional no es un edificio administrativo cualquiera: históricamente representa el lugar donde el poder se concentra y se ejerce “en nombre de la nación”. A diferencia de una casa presidencial —asociada al Ejecutivo contemporáneo y a un cargo transitorio— el Palacio remite a una idea pre-republicana del poder, cercana a la figura del monarca absoluto: un centro único, elevado y simbólicamente incuestionable.
Elegir este espacio desplaza el evento del plano gubernamental al plano fundacional, como si el acto no emanara de una administración concreta, sino de una autoridad superior y permanente, situada por encima de la disputa política ordinaria.
La escenografía incorpora de manera explícita símbolos nacionales, presencia militar y referentes religiosos, configurando un entorno que combina Estado, orden y fe. Este escenario refuerza la solemnidad del evento y produce una representación visual y simbólica de unidad entre fe, nación y aparato estatal, situando el discurso en una coyuntura presentada como fundacional, excepcional y moralmente legitimada.
10. Estructura
del evento:
Momento 1.
Apertura teológica y encuadre religioso
Interviniente: Willy Gómez, presidente de la Junta de
Pro-Prosperity Foundation
El evento se
inicia con una intervención destinada a establecer el marco teológico
general. La postura corporal en posición de oración y el tono solemne
configuran desde el inicio un ambiente litúrgico. El discurso se presenta como
ecuménico en la forma, pero es claramente cristocéntrico en el contenido,
al colocar la fe, la oración y a Jesucristo como principios unificadores del
acto.
Este momento fija
las bases simbólicas de la religión civil que atravesará todo el evento: no se
promueve un pluralismo religioso efectivo, sino una hegemonía cristiana
suavizada, presentada como inclusiva.
Momento 2.
Internacionalización, fundacionalización y validación histórica
Intervinientes:
- John
Moolenaar (Republicano, Michigan)
- Tom Suozzi (Demócrata, Nueva York)
En un segundo
momento se integran simultáneamente la dimensión internacional, la fundacionalización
del evento y la validación histórica del ritual. Ambos congresistas
intervienen en inglés, sin traducción, estableciendo una jerarquía simbólica
del idioma y del poder. Subrayan sus diferencias partidarias —uno
republicano y otro demócrata—, pero destacan que están unidos por “el Espíritu
de Jesús”, reforzando la fe como puente suprapartidario.
En estas
intervenciones se presenta el evento como el primer Desayuno Nacional de
Oración en El Salvador, se citan pasajes del Evangelio de Mateo y se
introduce reiteradamente la noción del “milagro que ocurre en El Salvador”. Las
referencias a las cenas de oración semanales en el Congreso estadounidense, a Dwight
D. Eisenhower y a la Segunda Guerra Mundial inscriben explícitamente el
Desayuno salvadoreño en la tradición estadounidense de religión civil, no como
copia mecánica, sino como trasplante simbólico legitimador.
Dentro del mismo
bloque discursivo se introduce la mención de Óscar Arnulfo Romero,
resignificada dentro del discurso oficial. Su dimensión profética y crítica es
neutralizada, y se le integra como símbolo nacional de reconciliación y paz. En
este momento, Romero es absorbido por la religión civil como referente
legitimador, no como figura incómoda o interpeladora del poder.
Momento 3.
Sacralización del Poder Judicial
Interviniente: Henry Alexander Mejía, Presidente de la
Corte Suprema de Justicia
La estructura
continúa con la intervención del presidente de la Corte Suprema, quien lee
Mateo 5:23–24 y emplea un lenguaje que emula la liturgia católica. Aunque se
declara ecuménico, su discurso posiciona al Poder Judicial como autoridad
moral y religiosa, ampliando simbólicamente su rol más allá de lo jurídico.
Momento 4 Normalización del Estado confesional
Intervinientes:
- Ben
Cline (Alabama)
- Robert
Aderholt (Virginia)
En este momento
se refuerza explícitamente el carácter confesional del evento. Ambos
congresistas agradecen primero al presidente Nayib Bukele y luego a Jesucristo,
e introducen llamados directos a que las carteras del Estado “adoren a Jesús”.
La cita bíblica “donde dos o más estén reunidos” contribuye a normalizar la
idea de un Estado que ora y adora colectivamente, diluyendo el principio de
laicidad.
Momento 5.
Teologización del liderazgo político interno
Interviniente: Ernesto Castro, Presidente de la Asamblea
Legislativa
El presidente de
la Asamblea adopta un tono pastoral y lee Mateo 5:7–9. El orden de sus
agradecimientos prioriza al presidente Bukele, presentado como protegido por
Dios, seguido de congresistas estadounidenses y funcionarios del Estado.
Introduce las nociones del “milagro de la paz” y el “milagro de la
restauración”, profundizando la teologización del discurso político y
presentando las políticas públicas como actos de intervención divina.
Momento 6.
Articulación histórica y genealogía del liderazgo
Interviniente: Manuel Espina, Prosperity Foundation
Esta intervención
cumple una función de articulación simbólica. El Desayuno es presentado
como un movimiento de amistad en el Espíritu de Jesús, y se establece una
equivalencia simbólica entre Dwight D. Eisenhower y Nayib Bukele. De
este modo, se construye una genealogía sagrada del liderazgo, en la que
Bukele aparece como heredero de una misión histórica legitimada por Dios.
Momento 7.
Cierre litúrgico
Intervinientes: conjunto de participantes
El evento entra en su fase de cierre con el canto del Padre Nuestro, consolidando plenamente el carácter litúrgico del acto y sellando la fusión simbólica entre fe, nación y Estado.
Momento 8.
Participación política estadounidense y alivio simbólico
Intervinientes:
- Mike Lee, senador republicano por
Utah y miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos
Días.
- Lou Correa, congresista demócrata por
el 46.º distrito de California.
Estos dos
políticos estadounidenses, quienes intervienen en español y construyen una
escena de cercanía con el público. El contenido se organiza alrededor de tres
recursos: (1) el reconocimiento explícito de sus diferencias partidarias
(Republicano vs. Demócrata), (2) el uso de humor y bromas como mecanismo de
distensión, y (3) la afirmación de que, pese a las diferencias políticas, la fe
cristiana los unifica.
Momento 9.
Clímax: discurso presidencial
Interviniente: Nayib Bukele, Presidente de la República
El discurso del
presidente Nayib Bukele constituye el clímax del ritual de religión civil.
Su vestimenta sin corbata, en contraste con el resto de participantes, refuerza
la imagen de un líder distinto y cercano. A través de un relato de conversión
personal, se presenta como alguien que pidió pruebas a Dios y fue elegido como
instrumento divino.
La narrativa del
milagro estructura su intervención, describiendo el paso de El Salvador de ser
uno de los países más inseguros a uno de los más seguros. De manera implícita,
se consolida una tríada central de la religión civil: la nación es
sacralizada, Dios legitima y el líder ejecuta.
11. Reflexión
analítica
El Primer
Desayuno Nacional de Oración en El Salvador puede comprenderse, a la luz del
concepto de religión civil desarrollado por Robert Bellah, no como un
acto meramente religioso, sino como un evento político. En este tipo de
rituales, la religión no opera como experiencia espiritual individual o
comunitaria autónoma, sino como un recurso simbólico para sacralizar la
nación, dotar de legitimidad moral al poder político y construir una narrativa
trascendente del proyecto estatal.
Tal como Bellah
observó en el caso estadounidense —especialmente en rituales como el National
Prayer Breakfast—, la religión civil no sustituye a las religiones
institucionales, sino que las utiliza selectivamente para reforzar valores como
la obediencia, la unidad nacional, el excepcionalismo y la autoridad. El evento
analizado reproduce este modelo, pero lo reconfigura en un contexto marcado
por una mayor concentración de poder, lo que intensifica sus efectos
políticos.
La escenografía
del acto refuerza esta lectura. El uso del Palacio Nacional, la presencia
simultánea de los tres poderes del Estado y la visibilidad de símbolos
militares y religiosos configuran una puesta en escena donde Estado, fe y
poder aparecen fusionados. El mensaje implícito es claro: el Estado ora
como un todo, y no existe una separación efectiva entre lo religioso, lo
nacional y lo político (el líder). Esta fusión adquiere especial relevancia en
sociedades que, tras la caída de las monarquías absolutas y el desarrollo del
constitucionalismo moderno, establecieron la separación entre poder político
y autoridad religiosa precisamente para evitar la sacralización del
gobierno y la deslegitimación de la crítica.
El público y los
actores centrales del evento refuerzan esta lógica. Se trata de un espacio
dominado por hombres con poder político, económico y religioso, con una
presencia marginal de mujeres y sin pluralismo religioso efectivo. Aunque el
discurso se presenta como ecuménico y plural, en la práctica responde a una estrategia
cristiana específica, impulsada por élites masculinas nacionales y
legitimada simbólicamente por actores estadounidenses. La pluralidad funciona
más como recurso retórico que como principio real de inclusión.
Por tanto, el
evento opera también como un espacio de lobby político y económico,
donde actores estatales, empresariales y religiosos convergen bajo una
narrativa espiritual que suaviza y legitima decisiones políticas concretas. La
referencia reiterada al “milagro” que vive El Salvador transforma políticas
públicas y estrategias de seguridad en actos de intervención divina. Aquí surge
una tensión central: cuando la acción política se presenta como milagro
religioso, se desplaza del terreno del debate democrático hacia el de la fe,
donde la crítica puede interpretarse como falta de creencia o incluso como
oposición moral.
Desde una
perspectiva analítica, el problema no radica en el acto de orar en sí mismo,
sino en que la oración se convierta en discurso político legitimador de
una estrategia de poder. En ese punto, la religión deja de ser una experiencia
espiritual y se transforma en herramienta publicitaria y de legitimación,
con efectos concretos sobre la deliberación pública. La pregunta sobre si esto
constituye una forma de “herejía” pertenece al campo teológico; sin embargo,
desde las ciencias sociales, lo relevante es observar cómo la fe es utilizada
para justificar el poder, independientemente de la riqueza, la autoridad o la
supuesta elección divina de los líderes.
A razón de esto,
el Primer Desayuno Nacional de Oración en El Salvador puede interpretarse como
una expresión de religión civil plenamente institucionalizada, que
replica el modelo estadounidense pero lo radicaliza al personalizarlo en un
liderazgo específico. Este proceso conlleva riesgos claros: debilitamiento
del principio de laicidad, sacralización del poder político, deslegitimación de
la crítica democrática y exclusión efectiva de pluralismos religiosos y
políticos. La experiencia histórica posterior a la monarquía mostró que la
separación entre religión y Estado no fue un capricho ideológico, sino una
respuesta a los peligros de convertir el poder político en autoridad sagrada.
El evento analizado reactualiza esa tensión en el contexto salvadoreño contemporáneo.
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