sábado, 28 de octubre de 2017

¿En qué consiste el valor público? ¿Por qué el concepto hace debate?

El valor público expresado en Stocker (2006) se refiere al valor creado por el Estado por medio de la calidad de los servicios que presta al ciudadano, lo que gestiona para garantizar el bienestar de la sociedad por medio de la creación de políticas públicas, servicios, leyes, regulaciones y otras acciones para satisfacer necesidades de la población. Se basa en un sistema de diálogo e intercambio que caracterizan las redes de gobernanza, y la habilidad de motivar no solo dependiendo de reglas e incentivos (para dirigir el servicio público) sino de respeto mutuo y compañerismo que fomenten el aprendizaje compartido.

Las redes de gobernanza son una especie de lugar de decisiones políticas caracterizada por un rango amplio de participantes, vistos como un miembro legítimo del proceso de hechura de la política. En este caso la confianza inter-organizacional e interpersonal incluso a veces sustituye a la autoridad. Busca formular un nuevo paradigma para guiar a los servidores públicos tanto a los políticos como a los administradores. Esta teoría del valor público compite tanto con la administración pública tradicional y con el “New public Management” pero va más allá de ambos.

Se enfoca en alcanzar una efectividad en arrancar los problemas por los que el público se interesa más, además, activa redes  y busca no monopolizar el trabajo, el paradigma propone un sistema más pragmático que busca respuestas más efectivas para dar solución a un problema. Resulta también interesante destacar que no busca ni mantener una estructura rígida ineficiente, ni tampoco un paradigma basado en la empresa. Más bien los políticos solo se dedican a interpretar lo que la gente desea, son como una especie de canalizadores o intermediarios, donde las intervenciones se dan únicamente donde la gente lo considere conveniente. El horizonte que plantea sin duda no solo es importante sino que es necesario en cualquier administración pública.

Cabe destacar que la perspectiva se hace desde una perspectiva anglosajona, y debería de tomarse en cuenta la realidad de cada región para su implementación, en el caso latinoamericano resulta necesario implementarlo, pero de igual modo difícil. El texto se enfoca mucho en las ventajas del paradigma y menciona algunas partes el cómo hacerlo.  Sin embargo, en lo personal considero que el concepto está bien desarrollado, además se hace en comparación con los otros paradigmas  lo cual permite establecer diferencias entre cada uno de ellos. Plantea el deber ser del servicio público.
  
El texto de Grindle (2010) hace énfasis como su nombre lo indica en construir, deconstruir y reconstruir la carrera del servicio civil en Latinoamérica. Lo anterior no resulta una tarea sencilla ya que como lo dice Echeverría (2005) la burocracia al interior de los países de América Latina no se presenta como un actor único y homogéneo, y hay una heterogeneidad  de elementos constitutivos de la burocracia estatal. Por tal motivo, es difícil en inicio caracterizarla en base a tipos ideales, de ahí que medir o establecer clasificaciones puede resultar atrevido pero sin duda es también necesario. Es decir, la labor descriptiva es sin duda complicada.

Para realizar esta ardua faena Echeverría propone su tipología en las siguientes direcciones: A) La burocracia administrativa clásica caracterizada por una baja capacidad y una autonomía relativamente alta. B) La burocracia clientelar caracterizada por una baja autonomía y baja capacidad. C) La burocracia paralela con baja autonomía y alta capacidad de equipos técnicos o de “proyectos” que poseen altas capacidades D) La burocracia meritocrática caracterizada por combinaciones diferentes de alta autonomía y capacidad.

En esta tipología se presentan dos circunstancias, en primer lugar es el contraste que existe entre centralizar versus descentralizar los servicios, y en segundo lugar el tener servicios más rígidos y estructurados versus servicios más orgánicos y libres. En estos casos, en teoría, los países con peores servicios públicos son aquellos más centralizados y rígidos, es decir aquellos que dependen más del ámbito político de la burocracia clientelar (con mayor énfasis en nepotismo y compadrazgo). Y aquellos con mejores servicios que son los de burocracia meritocracia donde predomina el ámbito de la administración pública.

Sin embargo, lo debatible es que pueden haber países donde exista una administración pública (funcionarios de carrera) que sea ineficientes e ineficaces y que no produzcan Valor público. Y del mismo modo puede existir una predominancia del ámbito político (políticos electos) que sí produzca valor público a una sociedad. Sin embargo, a pesar de esta contradicción (paradoja) no significa que la tipología no sea importante para tener un punto de partida en el debate.  Se concluye entonces, que la creación de valor público no depende si las decisiones caen más en el ámbito administrativo o en el político sino en la ética pública que cada uno de estos actores tenga, ya que sí buscan realmente los intereses de los ciudadanos no debería de importar tanto sí se recae en unos  o en otros, sino en una integración de ambos que permite al político ser un vigilante de que lo que los administradores deben de hacer (y que sin duda saben hacer mejor que el político)


martes, 3 de octubre de 2017

Sistemas electorales y sus efectos en los sistemas de partidos

1. Controversias sobre sistemas electorales y su efectos / Dieter Nohlen
Los argumentos centrales discuten sobre los sistemas electorales ha permitido profundizar sobre su impacto en los sistemas de partidos políticos, lo que ha sido estudiado por varios autores.

Duverger: uno de los más reconocidos, presenta una teoría general sobre partidos comparando condiciones: socioeconómicos, ideológicas y del sistema electoral. Diferencia los sistemas por número: bipartidistas, multipartidistas o pluralistas. Además, analiza los tipos sistemas electorales y de partidos (sistema de mayoría y bipartidista). Describe lo mecánico y lo psicológico, analiza la desventaja no proporcional de un tercer partido débil y el recelo del elector de votar por un partido sin posibilidades de ganar escaño.

Las leyes de Duverger: A) La representación proporcional tiende a un sistema de partidos múltiples, independientes y estables (exceptuando movimientos repentinos) B) El sistema mayoritario con dos vueltas, tiende al multipartidismo, con partidos elásticos, dependientes y relativamente estables. C) El sistema de mayoría relativa tiende a ser dualista con partidos grandes e independientes, que se alternan. Leyes sociológicas: A) El sistema proporcional tiende a formar muchos partidos independientes, B) El sistema mayoritario tiende a tener muchos partidos que se coaligan, C) El sistema de mayoría relativa se inclina al bipartidismo.

Él enfatiza que estas leyes son tendencias, donde el sistema de partidos políticos tiene influencia sobre la técnica electoral (el sistema bipartidista favorece una mayoría relativa). Sin embargo, otros autores cuestionan la “causalidad” sugerida por Duverger, aunque sin duda es un clásico.

Stein Rokkan: se centra en el sistema de partidos políticos de Europa Occidental. Concluye que el sistema electoral depende del sistema de partidos, su estructura se produce como reacción a las evoluciones políticas. Los sistemas electorales, en su teoría de los umbrales, adquieren relevancia conteniendo diversas barreras para la representación. Diferencia entre sistemas electorales “débiles” y “fuertes”. Un sistema proporcional es débil y entre mayor sea la heterogeneidad en una sociedad, y se favorece más el sistema proporcional. Para él los sistemas de partidos estarán influenciados por el contexto, aunque las reglas electorales se mantengan estáticas.

Douglas W. Rae: Para la corriente empírica–cuantitativa el estudio de los sistemas electorales relación causal entre sistema electoral y de partidos empieza con Rae, orientado a la sistematización y teorías falsacionables. Su aporte apunta a correlaciones estadísticas que no necesariamente auguran una causalidad. Su análisis se enfoca en los sistemas electorales y no en una contextualización histórica. Recoge una variedad de datos empíricos en una variedad de regiones y períodos. Algunas afirmaciones fueron criticadas, por ejemplo: “todos los sistemas generan desventajas para los partidos débiles”. Rae afirma que la mayoría relativa siempre está asociada con la competencia entre dos partidos, excepto cuando existen partidos locales fuertes. Sin embargo, hay algunos casos contrarios en Canadá y Austria.

Giovanni Sartori. Genera controversia se centra en: el sistema de estructura y dinámica, y al sistema electoral. Utiliza criterios como: número de partidos su mecánica, dinámica y la ideología. Toma en cuenta la proporcionalidad y si hay uno o dos ganadores. Además, indica que hay sistemas mixtos, donde se elije combinando criterios proporcionales y de pluralidad.  El autor se enfoca más en los medios que en el objetivo y denomina que los sistemas fuertes son los de mayoría. Existe la crítica hacia Duverger porque no queda claro si sus mecanismos son deterministas o probabilistas.

1. Si ningún tercer partido (a más de los dos grandes) alcanza la mayoría relativa de votos en una  circunscripción, entonces los sistemas electorales de representación por mayoría provocan  bipartidismo. 2. Si alguno de los terceros partidos alcanza la mayoría relativa de los votos en circunscripciones uninominales, entonces al darse un sistema de mayoría relativa se produce un sistema multipartidista que se compone de la misma cantidad de partidos que alcanzan esta concentración de votos. 3. Cuanto mayor sea la desproporción en un sistema electoral,  mayor será el efecto de reducción sobre el número de partidos. Es decir, entre menos partidos logren mayoría, menos hay en el congreso. 4. En sistemas  proporcionales, el mismo número de partidos que haya alcanzado el cociente electoral puede alcanzar escaños. En conclusión, Sartori destaca que aunque en Ciencias Sociales no siempre puede haber leyes, si hay tendencias, aunque hay variación por contexto.

Arend Lijphard: se relaciona con Rae por dos aspectos: por un lado se orientan en los efectos positivos de los sistemas electorales, y el compromiso con el enfoque empírico-estadístico. Sin embargo, Lijphard lo critica por cometer errores metodológicos: 1) No considerar como una variable el tamaño del parlamento 2) No considerar los umbrales 3) La unidad de análisis de Lijphard es el sistema electoral. Estudia las reglas electorales esenciales e invariables que se llevan a cabo en más de una elección. Se diferencia en los sistemas electorales con los elementos técnicos (dimensions) más relevantes que producen el mayor efecto sobre la proporcionalidad de los resultados electorales: la fórmula electoral, las reglas de mayoría o proporcionales, y el tamaño de la circunscripción. Analiza el umbral electoral y lo define como una barrera legal y hace una ampliación del término hacia un “umbral efectivo”. Añade otra dimensión con el tamaño del parlamento, e indica que el estudio de la política debe ser en variables medibles.

En general, parece que para él la proporcionalidad favorece a los partidos más grandes, y dice que el tamaño del parlamento no es relevante. Reconoce al sistema de partidos “como la variable independiente y la desproporcionalidad como la variable dependiente, pero, de forma estadística, no por lo que el sistema de partidos decide. Lijphart concluye que “la relación entre el sistema electoral y los sistemas de partidos es mucho más débil que la que hay entre el sistema electoral y el grado de desproporcionalidad”.  Indica que en los sistemas electorales se observan diferencias en relación a la desproporcionalidad, y menores diferencias en el multipartidismo que son el efecto directo de la desproporcionalidad, y todavía mucho menores diferencias con respecto al multipartidismo electoral (debido a los cálculos de las élites y los votantes). Con frecuencia la desproporcionalidad, que depende del sistema electoral, asume el papel de variable dependiente, en vez del sistema de partidos. Lijphart toma como punto de partida a Sartori para preguntarse ¿hasta qué punto los políticos son capaces o están dispuestos a manipular los sistemas electorales? En conclusión el texto, revisa planteamientos de autores importantes donde parece que no hay acuerdo para establecer los efectos de los sistemas electorales en los sistemas de partidos.

2.  Incentives to cultivate a personal vote: a Rank ordering of electoral formulas / John Carey y Matthew Shugart
Los elementos centrales que aborda son las variables para promover la búsqueda hacia el voto por persona, en lugar de la reputación del partido. Las mismas afectan cuando: 1) hay una falta de liderazgo en un partido, 2) la forma en la que son elegidos los candidatos son independientes de los votos que reciban 3) sí los votantes pueden votar por uno o más candidatos.

Para el autor, las fórmulas electorales han sido generalmente estudiadas por sus efectos en escaños: número de partidos y proporcionalidad pero también pueden ayudar a entender el poner candidatos específicos dentro de los partidos. Sí un partido tiene más candidatos que el número de escaños que gana, entonces es importante determinar que candidatos toman el escaño dentro del partido. Y aunque solo haya un candidato compitiendo por el escaño, los partidos otorgan las nominaciones únicas por propia decisión. De ahí que elementos de los sistemas electorales pueden afectar el sistema de partidos: barreras de control -Ballotaje-(mide el grado de control de los líderes del partido sobre el acceso al poder del partido, y control de la lista), -Pooling- conteo de los votos,  forma en la que se vota- voting- (única ó multiple, uni o pluri partidaria) y magnitud del distrito.

Cuando se vale mucho la reputación personal para obtener un escaño, esto se asocia con "comedero de cerdos" donde los electos sirven a electores muy particulares. Sin embargo, también pueden darse en distritos electorales grandes (cuando se escogen de una lista abierta) De ahí que algunos personajes conocidos puedan en algunos sistemas electorales como excelentes prospectos de candidatos.

Puede tener un efecto significativo la reputación del candidato en la votación, pero hay muchos otros factores a considerar. Los autores presentan un método para evaluar las fórmulas electorales, basado en: control de papeletas, agrupación de votos, tipo de votos y magnitud de los distritos. Asignándole a cada variable un puntaje para el análisis. El liderazgo se mide por la preponderancia de las papeletas, pero cuando esta diferencia no es significativa, la reputación personal adquiere relevancia. Medida así: 0. El líder presenta una papeleta fija.  Los votantes no alteran “las listas”. Los votantes emiten un solo voto para un partido 1. El líder del partido presenta una papeleta, pero los votantes pueden afectar “las listas” Los votantes votan por múltiples candidatos 2. Los líderes no tienen control de acceso a las papeletas o al ranking. No hay agrupaciones Los votante emiten un solo voto, bajo la concepción de un partido

La magnitud de los distritos y la reputación personal, son recíprocos, por cuanto la reputación del candidato, afecta la cantidad de simpatizantes, aunque la representación de cada distrito se ve afectada por la densidad demográfica y se limita por la influencia de los restantes partidos, el liderazgo, aceptación del partido y  los candidatos. Sin embargo, la reputación del candidato puede tener un efecto significativo, pero hay muchos otros factores que deben ser considerados como la cohesión del grupo político o el tipo de sistema electoral (no es lo mismo un sistema presidencial o parlamentario). La propuesta del autor (que es simple y es generalizable) se basa en un modelo para la evaluación relativa de los valores de los legisladores versus la reputación del partido. En conclusión, el texto explica que no hay un modelo universal de reglas electorales que garantice que el valor de la reputación personal haga que los legisladores sean electos.  

3. La Reforma política en América Latina.  Reglas electorales y distribución de poder entre presidente y congreso. Negretto.
Durante 30 años (1978-2008) en América Latina se han reemplazado o modificado constituciones, se han evidenciado principios de diseños y cambios de reglas electorales para presidentes y diputados incluso permitiendo la re-elección. Sin embargo, no se puede concluir que estos cambios fortalecen o debilitan el modelo democrático.  La adopción de reglas electorales pluralistas permite legitimar decisiones colectivas, incrementando el número de intereses con representación.
El fortalecimiento de los poderes legislativos de los presidentes ha resultado de una preocupación compartida por dotar a los gobiernos de instrumentos efectivos de legislación en contextos de crisis, como de los intereses de los partidos con mayor capacidad de controlar la presidencia. Las reglas de re-elección han permitido un propósito redistributivo en contextos donde el presidente goza de un fuerte apoyo popular.  En este período, principalmente en 1978, se puede evidenciar la creación de coaliciones, incluyendo en la mayoría de los casos, al menos dos partidos con intereses opuestos. Fueron sancionadas 192 constituciones de la región (que sufrieron cambios). Hay varias tendencias marcadas en estas reformas, incluyendo la posibilidad de reelección. Uno de estos cambios ha sido el reemplazo de la fórmula de mayoría relativa- para elegir Presidente- por fórmulas de mayoría absoluta o mayoría relativa calificada.  Una característica central del sistema para elegir diputados se registra desde las primeras décadas del siglo XX, al reemplazar la fórmula de mayoría relativa o absoluta, por fórmulas proporcionales.  Se registraron 32 reformas importantes en el sistema de elección de diputados entre 1978 y 2008.

Otra variable es el papel de los votantes en el proceso de selección de candidatos y el carácter personalizado o partidario del voto. Hay casos que solo permiten la elección partidaria, y no la elección de candidatos creando variedad de alternativas. En muchos de los casos hay restricciones para evitar la reelección contínua, exigiendo al menos dos períodos de inhabilitación, y en otros casos, la reelección es permitida por una  vez. Las variaciones en términos del período presidencial, oscilan entre los 4 y 6 años. El poder presidencial es multidimensional, tiene funciones como: jefe de partidos, jefe de Estado, jefe de Gobierno y colegislador. Solo algunos tenían constituciones que autorizaban al congreso a ejercer algún tipo de control político sobre el gabinete durante las primeras décadas del siglo XX.  Es notorio en cambio una tendencia a introducir mayores límites y controles en materia de poderes de nombramiento por parte del Presidente.

La disminución de algunos de los poderes que tradicionalmente se han concentrado el presidente, sugiere un diseño que busca crear procesos de decisión de tipo consensual. En el período de estudio se incrementan los poderes legislativos del presidente, al permitirle impulsar decretos, en caso de que las leyes no sean aprobadas por el congreso. Estas tendencias son aparentemente contradictorias, por cuanto se fortalece el congreso, y se dan potestades legislativas al presidente (emitir decretos y vetar leyes). Su objetivo ha sido contribuir a sanear las problemas burocráticos y a objetivos de distribución o concentración de poder.

En conclusión, las instituciones -según la visión más aceptada en ciencias sociales- son reglas que estructuran la vida social y política, lo que supone que son suficientemente estables. Esto aplica para las instituciones políticas de muchas democracias avanzadas, donde las constituciones e incluso los sistemas electorales tienden a permanecer en el tiempo. Pero la idea de que las instituciones son variables independientes puede ser cuestionable en un contexto donde instituciones se ven sujetas a cambios fuertes y profundos.


Hay tendencias de reforma como la adopción de reglas electorales incluyentes, la personalización de los sistemas de votación, una creciente permisividad en las reglas de reelección presidencial, una mayor limitación a los poderes del gobierno del Presidente y un fortalecimiento de los poderes legislativos. Aunque en algunos casos las tendencias parecen paradójicas, en el contexto, es comprensible que los políticos tienen un interés en lograr un desempeño institucional eficiente, y otro en preservar su poder y satisfacer los intereses institucionales y electorales de sus partidos.

Corrientes del Nuevo Institucionalismo

1.  Titulo/autor:   El institucionalismo discursivo como oportunidad La ciencia política latinoamericana y el estado del arte en la literatura sobre el poder político de las ideas.  Adolfo Garcé (2014)
Los argumentos centrales expresan que no solo las corrientes del rational choice, ni el behaviourismo son relevantes en las ciencias políticas sino el estudio de las ideas con el Nuevo institucionalismo (NI), que aborda la importancia de  las ideas en la vida social. Los tipos de NI que el texto describe -citados por Peter Hall y Rosemary Taylor- distingue ciertas corrientes: el institucionalismo de la elección racional (irch), el institucionalismo histórico (ih) y el institucionalismo sociológico (is). Un cuarto que es el institucionalismo discursivo (id), formulado por Vivien Schmidt, ocupa un lugar relevante de la discusión del texto. Lo central es que el Nuevo Institucionalismo no es un constructo homogéneo, ni uno solo, y a pesar de las pocas publicaciones en  revistas reconocidas latinoamericanas, el autor considera importante discutirlo.
Elementos de análisis que discute el texto comienza exponiendo el rol del nuevo institucionalismo desarrollado por March y Olsen (1984) quienes proponen una especie de revolución teórica donde no es posible entender los procesos de democratización sin comprender las creencias de los actores. Otros autores como Peter Hall y luego Boix (con la importancia de las ideas de los partidos  y los expertos) continúan con la discusión, luego son Paul Sabatier y Hank Jenkins- Smith que proponen con las coaliciones promotoras tres niveles de ideas a) valores y creencias normativas (deep core) muy estables, b) posiciones sobre políticas públicas (near core) relativamente fijas y c) un conjunto de información sobre problemas (secondary aspects) que pueden irse modificando. Después se desarrollan los planteamientos de John McGann, Donald Abelson y Diane Stone sobre el papel de los think tanks en las políticas públicas, para fabricar y esparcir ideas. Esto último, acerca de la expansión de ideas, lo desarrolla más a profundidad Roger Smith, que dice que las correlaciones de fuerzas entre actores son planteadas por las instituciones. Consecuentemente viene Mark Blyth (2002) con la relación entre ideas y el marco institucional.
Consecuentemente, se habla de la transferencia y difusión de políticas, que van circulando de un contexto a otro planteado por Marsh, y de que las ideas circulan a través de diferentes regiones a través de espacios por Weyland (2005). Luego prosigue con Cambell y Perdesen quienes establecen que es posible distinguir a los países en función del tipo de unidades de investigación (grandes o chicas, públicas o privadas, académicas o ligadas a partidos políticos) y del tipo de conocimiento que generan (tecnocrático, neutral o partidista). Luego se habla de Kirchheimer acerca de las evoluciones de las ideologías partidarias en contextos temporales, se toma como referencia a Kircheimer y sus partidos atrapalotodo y las transformaciones de los partidos. Como punto central Vivien Schmidt ha llegado a argumentar que a lo largo de todos estos años se ha ido conformando un cuarto institucionalismo: el institucionalismo discursivo ID.  
Por último, se plantean períodos citando a Fernando Barrientos (2009), quien dice que durante el último siglo pueden distinguirse tres grandes etapas. La primera del “periodo jurídico- institucionalista”,  con corte empirista sobre todo de Estados Unidos y a Europa gracias a la denominada revolución behaviorista. El segundo  el “periodo sociológico”, con influencia del estructural-funcionalismo y el marxismo. El tercero es donde universidades estadounidenses permiten que en los países latinoamericanos se introduzcan con mayor fuerza a su modelo dominante para ser influido por el “modelo norteamericano”.
Como conclusiones generales, Garcé plantea que se ha caído en una “americanización” sui generis, simplificada, empobrecida y que buena parte de los académicos latinoamericanos, quienes toman como modelo principal la ciencia política estadounidense, el autor se inclina por el pluralismo (del movimiento perestroika), pero sigue dominando, a su juicio, la versión norteamericana esto debido a las pocas publicaciones desde la perspectiva del neo institucionalismo discursivo en las revistas indexadas más sobresalientes. En el texto se desarrollan tres ejemplos emblemáticos. Uno es el texto de Kathryn Sikkink sobre el desarrollismo en Argentina y Brasil. Un segundo del estudio de Kurt Weyland sobre la difusión del modelo chileno de políticas sociales. Y un último de la importancia de las ideas políticas en la estabilidad de los regímenes democráticos de Scott Mainwaring y Aníbal Pérez-Liñán. Los casos son ejemplificantes pero resultan escasos para la importancia que tiene el neoinstitucionalismo discursivo para el autor.
2. The New Institutionalism: Organizational Factors in Political Life. James G. March and Johan P. Olsen  (1984)
Se destaca como argumentos centrales, la crítica a las teorías políticas que tienden a retratar la política como sí la sociedad se compusiera del agregado de los consecuencias de los comportamientos de sujetos individuales, que basan sus decisiones  en un calculado auto interés, y donde la historia sería eficiente en el alcance de apropiados y únicos resultados, donde la toma de decisiones  y la distribución de recursos son el foco central de la vida política.
Para el autor el nuevo institucionalismo que plantea autonomía de las instituciones políticas y la importancia de las acciones simbólicas para entender la política, tenía hasta entonces mucha base pragmática pero poco sustento teórico. El autor plantea el nuevo institucionalismo enfrentando al llamado "paradigma racional" de la posguerra, atacando su presupuesto, que lo social puede ser explicado entendiendo al individuo como actor racional.
Entre los elementos de análisis que discute el texto habla las instituciones son importantes en la vida social porque afectan la conducta y la toma de decisiones individuales y colectivas. Por lo anterior, se ha afirmado que en la actualidad dos grandes teorías luchan por la dominancia en las ciencias sociales, que un "paradigma institucional" está a punto de emerger.
De manera diferente, el artículo parte del supuesto de que el paradigma institucional nació con el amplio acuerdo logrado entre los científicos sociales de que había que poner atención, nuevamente, en el papel de las instituciones. Este acuerdo fue bautizado como nuevo institucionalismo por March y Olsen en 1984. Se considera que al igual que ocurrió en el caso de la "revolución racional", este nuevo enfoque teórico no emergió ni se ha desarrollado como una propuesta teórica homogénea, libre de silencios y unánimemente aceptada. Desde su nacimiento, el nuevo institucionalismo siempre ha sido una colección de corrientes teóricas disciplinares, ligadas tan sólo por su interés en lo institucional.
En este artículo como conclusiones generales se abordarán dos de los problemas teórico-conceptuales asociados con dicho paradigma, mismos que por su relevancia han sido los más mencionados por la literatura. Ellos son la ausencia de una definición unívoca de institución y la falta de una explicación satisfactoria de cómo ocurre el cambio institucional. Luego de contextualizar la aparición del nuevo institucionalismo, se analiza cada uno de ellos. La estrategia metodológica empleada consiste en demostrar la existencia de dichos problemas a partir de la manera en que han sido abordados por los autores más representativos dentro de las principales corrientes del nuevo institucionalismo. Al mismo tiempo, se discuten algunas implicaciones teórico-prácticas de esas "anomalías".
Frente a la visión de la acción colectiva como la agregación de decisiones individuales calculadas, el NI argumentó que los individuos no actúan en el vacío sino dentro de contextos institucionales, los cuales moldea sus preferencias a través de "una combinación de educación, adoctrinamiento y experiencia" (March y Olsen, 1984: 738-739). Al reconocer el crucial papel de mediación que juegan las instituciones y reconocer la complejidad de sistemas políticos, el NI buscó restaurar la relación entre la realidad y los supuestos teóricos que intentan explicarla (Hay, 2002: 14). Hablan constantemente de "organizaciones" y "instituciones políticas" pero sin detenerse a definirlas.
March y Olsen observaron que el interés por las instituciones no se limitó a la Ciencia Política sino que también se observó en la economía, mientras que en la sociología y la antropología reforzó su tradicional perspectiva institucional March y Olsen: “lo que observamos en  el mundo es inconsistente con las formas en que las teorías contemporáneas nos llevan a hablar de él”. han profundizado nuestro conocimiento sobre la complejidad de los procesos de toma de decisiones
3. Titulo/autor:  Discursive Institutionalism: The Explanatory Power of Ideas and Discourse- Vivien A. Schmidt (2008)
Los argumentos centrales, según Schmidt, el neo-institucionalismo discursivo (id), es una alternativa, ya que los otros neoinstitucionalismos presentan problemas para explicar el cambio,  de ahí la necesidad de ella para plantear esta cuarta corriente.  Con esta propuesta lo que busca es poner las ideas en contexto lo que permite entender asuntos más profundos de la comunicación y no solo el contenido de las palabras, sino el ambiente donde se dicen y todo lo que permita transmitir una idea.  Las ideas no son una estructura externa, constructos que dentro de un "contexto de significado" explican cómo se crean y existen las instituciones, sus significados son más profundos y de ahí su importancia, ya que permite ver estructuras más dinámicas  en lugar de reglas u organizaciones estáticas.
Los elementos que el texto aborda es que el nuevo institucionalismo discursivo es un conjunto de ideas sobre la conveniencia y la urgencia de las políticas, su necesidad para su elaboración, su planteamiento rescata que el discurso tiene una influencia sobre los cambios políticos, y puede ayudar a la superación problemas en las instituciones, al influir sobre las percepciones e ideas en relación a los intereses afectados. Los elementos del discurso más allá de su contenido.

Conclusiones generales. Para ese planteamiento  se compromete con los cambios  y busca  superar las dificultades que no permiten los cambios, aborda los puntos que –tácitamente- son dejados de lado tanto por el institucionalismo tradicional como por los otros tres neo-institucionalismos. Sin embargo, aunque se permite superar una estructura rígida y pretende ser innovador, podría ser demasiado flexible y caer en el peligro de ser demasiado subjetiva.