sábado, 24 de enero de 2026

Primer Desayuno Nacional de Oración en El Salvador 2026

Aplicación del esquema general para el análisis de un discurso

1. Emisor

El mensaje es emitido de manera colectiva y jerárquica. Intervienen actores religiosos, representantes de fundaciones privadas, congresistas estadounidenses y funcionarios de los tres poderes del Estado salvadoreño. El emisor central y simbólicamente dominante es el Presidente de la República, quien habla desde una posición de máxima autoridad política y legitimidad institucional.

2. Objetivo

El objetivo principal del discurso es legitimar el poder político mediante una narrativa religiosa, presentar la acción del Estado como moralmente correcta y reforzar una idea de unidad nacional basada en la fe. De manera secundaria, busca proyectar internacionalmente una imagen de orden, estabilidad y excepcionalismo salvadoreño, alineado con referentes estadounidenses.

3. Mensaje

El mensaje central sostiene que El Salvador vive un “milagro” de transformación, paz y restauración, atribuido a la acción conjunta de Dios, la nación y el liderazgo político. Las políticas públicas y el ejercicio del poder son presentados como resultado de una guía divina, más que como decisiones políticas sujetas a deliberación o conflicto.

4. Códigos

  • Código verbal: lenguaje religioso, bíblico y moralizante, combinado con un registro político institucional. Se combina el español de unos y el ingles de los congresistas de Estados Unidso
  • Código no verbal: posturas de oración, gestos solemnes, disposición jerárquica del cuerpo y del espacio.
  • Código escrito: lecturas explícitas de pasajes bíblicos, principalmente del Evangelio de Mateo.
  • Código visual: banderas nacionales y extranjeras, vestimenta formal, símbolos militares y escenografía estatal.

5. Medios (canal)

El discurso circula a través de un evento institucional presencial, amplificado por transmisiones oficiales, redes sociales del Ejecutivo, cuentas personales del presidente y actores replicadores afines al gobierno, tanto nacionales como internacionales. De manera directa y completa por pvarias cuentas oficialistas como la embajadora Milena Moyarga, la presidencia de la republica y la misma cuenta personal del presidente.

6. Receptor

El receptor del discurso puede distinguirse en dos niveles principales: presencial y no presencial, cada uno con características y funciones diferenciadas dentro del proceso comunicativo.

El receptor presencial está conformado mayoritariamente por actores con poder político y religioso, entre los que destacan funcionarios del Estado, líderes religiosos y representantes institucionales nacionales e internacionales, especialmente de Estados Unidos. La composición del público es predominantemente masculina, tanto en términos de presencia como de visibilidad simbólica, lo que refuerza una estructura jerárquica y elitizada del acto.

El receptor no presencial corresponde a la audiencia mediada, que accede al evento a través de transmisiones oficiales, redes sociales y medios digitales. Este grupo incluye a la población salvadoreña en general y a audiencias internacionales más amplias, que reciben el mensaje de forma diferida y mediada por actores replicadores.

En ambos casos, el receptor es concebido como un sujeto activo, capaz de interpretar, resignificar o filtrar el mensaje desde marcos religiosos, políticos y culturales previamente establecidos, lo que condiciona los niveles de aceptación, resonancia o rechazo del discurso.

7. Factores de resonancia y/o barreras

  • Intermediación social: líderes religiosos, congresistas extranjeros, funcionarios públicos y figuras mediáticas actúan como validadores y traductores del mensaje.
  • Selectividad: el mensaje resuena especialmente en audiencias con afinidad religiosa o simpatía hacia el proyecto político, mientras puede ser filtrado o rechazado por sectores críticos o laicos.
  • Capacidad limitada: barreras lingüísticas (uso del inglés sin traducción), culturales y simbólicas que condicionan la comprensión plena del mensaje por parte de todos los públicos.

8. Contexto

Politico: El discurso se inscribe en un contexto de alta concentración del poder político en el Ejecutivo, acompañado de un predominio del discurso de seguridad como eje central de legitimación gubernamental y de un debilitamiento de los contrapesos institucionales. Este escenario coincide con un creciente uso de narrativas religiosas en el espacio público, integradas al discurso oficial como fuente de validación moral del ejercicio del poder.

El evento tiene lugar durante el segundo mandato del presidente Nayib Bukele, en un momento de alineamiento simbólico y político con Estados Unidos, particularmente con sectores del Partido Republicano y con la figura de Donald Trump como aliado estratégico del gobierno salvadoreño.

Social de seguridad: En términos de coyuntura, el discurso se desarrolla en un contexto marcado por la reducción sostenida de los homicidios, presentada oficialmente como evidencia de éxito gubernamental, coexistiendo con silencios institucionales frente a hechos de violencia ocurridos en el entorno del Palacio Nacional, el aumento de feminicidios y señalamientos persistentes de violaciones a derechos humanos. Un caso destacado fue el **homicidio de Yessica Amanda Solís Castro, de 42 años, ocurrido el 6 de noviembre de 2025, cuando un soldado de la Fuerza Armada le disparó frente al Palacio Nacional mientras ella caminaba por la zona. Aunque las autoridades calificaron el hecho como un accidente y la Policía Nacional Civil no lo incluyó de inmediato en las estadísticas oficiales de homicidios, la Fiscalía General de la República presentó una acusación por homicidio culposo contra el militar el 24 de noviembre de 2025.

Este hecho, ocurrido en un espacio simbólicamente asociado al poder estatal, no fue incorporado de forma explícita en la narrativa oficial de seguridad, a pesar de su proximidad geográfica al centro del Estado.

Económico: Se han registrado despidos y reducción de plazas en el sector salud, lo que ha generado preocupación por el debilitamiento del sistema público y por el impacto en el acceso a servicios básicos; por otro, el Centro Histórico de San Salvador atraviesa un proceso acelerado de gentrificación, impulsado por intervenciones estatales orientadas a la seguridad, el turismo y la inversión privada, que ha provocado el desplazamiento de poblaciones históricas y la transformación del espacio urbano en función de intereses comerciales y simbólicos. A ello se suman amenazas vinculadas a la posible reactivación de la minería metálica y otros proyectos extractivos, que han reabierto el debate sobre el impacto ambiental, la sostenibilidad de los recursos hídricos y la protección del medio ambiente.

Cultural: Se registra un uso creciente de referencias religiosas en el discurso público, particularmente de matriz cristiana, integradas a la comunicación política como fuente de legitimación moral. Aunque se presenta como un discurso plural y ecuménico, predomina una religiosidad masculina, jerárquica y conservadora, con escasa visibilidad de mujeres y de expresiones religiosas no cristianas. La religión opera como lenguaje cultural compartido que facilita adhesión y cohesión simbólica.

9. Escenario: El acto se desarrolla en el Palacio Nacional, ubicado en el Centro Histórico de San Salvador, un espacio estatal de alto valor simbólico asociado a la autoridad, la institucionalidad y la memoria histórica del poder. El Palacio Nacional no es un edificio administrativo cualquiera: históricamente representa el lugar donde el poder se concentra y se ejerce “en nombre de la nación”. A diferencia de una casa presidencial —asociada al Ejecutivo contemporáneo y a un cargo transitorio— el Palacio remite a una idea pre-republicana del poder, cercana a la figura del monarca absoluto: un centro único, elevado y simbólicamente incuestionable.

Elegir este espacio desplaza el evento del plano gubernamental al plano fundacional, como si el acto no emanara de una administración concreta, sino de una autoridad superior y permanente, situada por encima de la disputa política ordinaria.

 La escenografía incorpora de manera explícita símbolos nacionales, presencia militar y referentes religiosos, configurando un entorno que combina Estado, orden y fe. Este escenario refuerza la solemnidad del evento y produce una representación visual y simbólica de unidad entre fe, nación y aparato estatal, situando el discurso en una coyuntura presentada como fundacional, excepcional y moralmente legitimada.

10. Estructura del evento:

Momento 1. Apertura teológica y encuadre religioso

Interviniente: Willy Gómez, presidente de la Junta de Pro-Prosperity Foundation

El evento se inicia con una intervención destinada a establecer el marco teológico general. La postura corporal en posición de oración y el tono solemne configuran desde el inicio un ambiente litúrgico. El discurso se presenta como ecuménico en la forma, pero es claramente cristocéntrico en el contenido, al colocar la fe, la oración y a Jesucristo como principios unificadores del acto.

Este momento fija las bases simbólicas de la religión civil que atravesará todo el evento: no se promueve un pluralismo religioso efectivo, sino una hegemonía cristiana suavizada, presentada como inclusiva.


Momento 2. Internacionalización, fundacionalización y validación histórica

Intervinientes:

  • John Moolenaar (Republicano, Michigan)
  • Tom Suozzi (Demócrata, Nueva York)

En un segundo momento se integran simultáneamente la dimensión internacional, la fundacionalización del evento y la validación histórica del ritual. Ambos congresistas intervienen en inglés, sin traducción, estableciendo una jerarquía simbólica del idioma y del poder. Subrayan sus diferencias partidarias —uno republicano y otro demócrata—, pero destacan que están unidos por “el Espíritu de Jesús”, reforzando la fe como puente suprapartidario.

En estas intervenciones se presenta el evento como el primer Desayuno Nacional de Oración en El Salvador, se citan pasajes del Evangelio de Mateo y se introduce reiteradamente la noción del “milagro que ocurre en El Salvador”. Las referencias a las cenas de oración semanales en el Congreso estadounidense, a Dwight D. Eisenhower y a la Segunda Guerra Mundial inscriben explícitamente el Desayuno salvadoreño en la tradición estadounidense de religión civil, no como copia mecánica, sino como trasplante simbólico legitimador.

Dentro del mismo bloque discursivo se introduce la mención de Óscar Arnulfo Romero, resignificada dentro del discurso oficial. Su dimensión profética y crítica es neutralizada, y se le integra como símbolo nacional de reconciliación y paz. En este momento, Romero es absorbido por la religión civil como referente legitimador, no como figura incómoda o interpeladora del poder.

Momento 3. Sacralización del Poder Judicial

Interviniente: Henry Alexander Mejía, Presidente de la Corte Suprema de Justicia

La estructura continúa con la intervención del presidente de la Corte Suprema, quien lee Mateo 5:23–24 y emplea un lenguaje que emula la liturgia católica. Aunque se declara ecuménico, su discurso posiciona al Poder Judicial como autoridad moral y religiosa, ampliando simbólicamente su rol más allá de lo jurídico.

Momento 4 Normalización del Estado confesional

Intervinientes:

  • Ben Cline (Alabama)
  • Robert Aderholt (Virginia)

En este momento se refuerza explícitamente el carácter confesional del evento. Ambos congresistas agradecen primero al presidente Nayib Bukele y luego a Jesucristo, e introducen llamados directos a que las carteras del Estado “adoren a Jesús”. La cita bíblica “donde dos o más estén reunidos” contribuye a normalizar la idea de un Estado que ora y adora colectivamente, diluyendo el principio de laicidad.

Momento 5. Teologización del liderazgo político interno

Interviniente: Ernesto Castro, Presidente de la Asamblea Legislativa

El presidente de la Asamblea adopta un tono pastoral y lee Mateo 5:7–9. El orden de sus agradecimientos prioriza al presidente Bukele, presentado como protegido por Dios, seguido de congresistas estadounidenses y funcionarios del Estado. Introduce las nociones del “milagro de la paz” y el “milagro de la restauración”, profundizando la teologización del discurso político y presentando las políticas públicas como actos de intervención divina.

Momento 6. Articulación histórica y genealogía del liderazgo

Interviniente: Manuel Espina, Prosperity Foundation

Esta intervención cumple una función de articulación simbólica. El Desayuno es presentado como un movimiento de amistad en el Espíritu de Jesús, y se establece una equivalencia simbólica entre Dwight D. Eisenhower y Nayib Bukele. De este modo, se construye una genealogía sagrada del liderazgo, en la que Bukele aparece como heredero de una misión histórica legitimada por Dios.

Momento 7. Cierre litúrgico

Intervinientes: conjunto de participantes

El evento entra en su fase de cierre con el canto del Padre Nuestro, consolidando plenamente el carácter litúrgico del acto y sellando la fusión simbólica entre fe, nación y Estado.

Momento 8. Participación política estadounidense y alivio simbólico

Intervinientes:

  • Mike Lee, senador republicano por Utah y miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
  • Lou Correa, congresista demócrata por el 46.º distrito de California.

Estos dos políticos estadounidenses, quienes intervienen en español y construyen una escena de cercanía con el público. El contenido se organiza alrededor de tres recursos: (1) el reconocimiento explícito de sus diferencias partidarias (Republicano vs. Demócrata), (2) el uso de humor y bromas como mecanismo de distensión, y (3) la afirmación de que, pese a las diferencias políticas, la fe cristiana los unifica.

Momento 9. Clímax: discurso presidencial

Interviniente: Nayib Bukele, Presidente de la República

El discurso del presidente Nayib Bukele constituye el clímax del ritual de religión civil. Su vestimenta sin corbata, en contraste con el resto de participantes, refuerza la imagen de un líder distinto y cercano. A través de un relato de conversión personal, se presenta como alguien que pidió pruebas a Dios y fue elegido como instrumento divino.

La narrativa del milagro estructura su intervención, describiendo el paso de El Salvador de ser uno de los países más inseguros a uno de los más seguros. De manera implícita, se consolida una tríada central de la religión civil: la nación es sacralizada, Dios legitima y el líder ejecuta.

11. Reflexión analítica

El Primer Desayuno Nacional de Oración en El Salvador puede comprenderse, a la luz del concepto de religión civil desarrollado por Robert Bellah, no como un acto meramente religioso, sino como un evento político. En este tipo de rituales, la religión no opera como experiencia espiritual individual o comunitaria autónoma, sino como un recurso simbólico para sacralizar la nación, dotar de legitimidad moral al poder político y construir una narrativa trascendente del proyecto estatal.

Tal como Bellah observó en el caso estadounidense —especialmente en rituales como el National Prayer Breakfast—, la religión civil no sustituye a las religiones institucionales, sino que las utiliza selectivamente para reforzar valores como la obediencia, la unidad nacional, el excepcionalismo y la autoridad. El evento analizado reproduce este modelo, pero lo reconfigura en un contexto marcado por una mayor concentración de poder, lo que intensifica sus efectos políticos.

La escenografía del acto refuerza esta lectura. El uso del Palacio Nacional, la presencia simultánea de los tres poderes del Estado y la visibilidad de símbolos militares y religiosos configuran una puesta en escena donde Estado, fe y poder aparecen fusionados. El mensaje implícito es claro: el Estado ora como un todo, y no existe una separación efectiva entre lo religioso, lo nacional y lo político (el líder). Esta fusión adquiere especial relevancia en sociedades que, tras la caída de las monarquías absolutas y el desarrollo del constitucionalismo moderno, establecieron la separación entre poder político y autoridad religiosa precisamente para evitar la sacralización del gobierno y la deslegitimación de la crítica.

El público y los actores centrales del evento refuerzan esta lógica. Se trata de un espacio dominado por hombres con poder político, económico y religioso, con una presencia marginal de mujeres y sin pluralismo religioso efectivo. Aunque el discurso se presenta como ecuménico y plural, en la práctica responde a una estrategia cristiana específica, impulsada por élites masculinas nacionales y legitimada simbólicamente por actores estadounidenses. La pluralidad funciona más como recurso retórico que como principio real de inclusión.

Por tanto, el evento opera también como un espacio de lobby político y económico, donde actores estatales, empresariales y religiosos convergen bajo una narrativa espiritual que suaviza y legitima decisiones políticas concretas. La referencia reiterada al “milagro” que vive El Salvador transforma políticas públicas y estrategias de seguridad en actos de intervención divina. Aquí surge una tensión central: cuando la acción política se presenta como milagro religioso, se desplaza del terreno del debate democrático hacia el de la fe, donde la crítica puede interpretarse como falta de creencia o incluso como oposición moral.

Desde una perspectiva analítica, el problema no radica en el acto de orar en sí mismo, sino en que la oración se convierta en discurso político legitimador de una estrategia de poder. En ese punto, la religión deja de ser una experiencia espiritual y se transforma en herramienta publicitaria y de legitimación, con efectos concretos sobre la deliberación pública. La pregunta sobre si esto constituye una forma de “herejía” pertenece al campo teológico; sin embargo, desde las ciencias sociales, lo relevante es observar cómo la fe es utilizada para justificar el poder, independientemente de la riqueza, la autoridad o la supuesta elección divina de los líderes.

A razón de esto, el Primer Desayuno Nacional de Oración en El Salvador puede interpretarse como una expresión de religión civil plenamente institucionalizada, que replica el modelo estadounidense pero lo radicaliza al personalizarlo en un liderazgo específico. Este proceso conlleva riesgos claros: debilitamiento del principio de laicidad, sacralización del poder político, deslegitimación de la crítica democrática y exclusión efectiva de pluralismos religiosos y políticos. La experiencia histórica posterior a la monarquía mostró que la separación entre religión y Estado no fue un capricho ideológico, sino una respuesta a los peligros de convertir el poder político en autoridad sagrada. El evento analizado reactualiza esa tensión en el contexto salvadoreño contemporáneo.

 Conclusion:

En el Primer Desayuno Nacional de Oración en El Salvador se combinan de manera explícita cinco elementos que ya han sido identificados y analizados en otros momentos del discurso político reciente. En primer lugar, se articulan referencias constantes a Dios y a la patria, presentadas como valores supremos, en un contexto marcado por acciones represivas del Estado, lo que produce una sacralización del orden y de la autoridad. En segundo lugar, coloca la fe en Jesucristo como principio central y unificador, el discurso establece una jerarquía simbólica en la que quienes comparten esa creencia aparecen asociados a valores positivos, mientras que los opositores políticos, otras religiones y las personas no creyentes quedan tácitamente situados fuera de ese marco moral. De este modo, el desacuerdo político deja de entenderse como parte del pluralismo democrático y pasa a interpretarse, de manera implícita, como una carencia moral o espiritual, desplazando el conflicto del plano democrático al religioso. No se insulta directamente, pero se excluye a los otros que no se adhieren.

En tercer lugar, se promueve la oración colectiva y los rituales religiosos públicos —como jornadas de oración o rezos con carácter nacional— para legitimar decisiones y acciones políticas arbitrarias, desplazándolas del debate racional y deliberativo. En cuarto lugar, el liderazgo político se presenta a sí mismo como instrumento de Dios, mediante expresiones que sugieren que “Dios guía el plan”, lo cual opera como justificación trascendente de los actos de gobierno. Finalmente, se configura un mesianismo implícito, en el que la religión sirve para cohesionar y legitimar a un “movimiento” de seguidores en torno al liderazgo presidencial, integrando a las nuevas élites políticas, a los poderes del Estado y a líderes religiosos y políticos de Estados Unidos. En esta síntesis simbólica convergen el presidente, Dios y la patria, consolidando una forma de religión civil que fusiona fe, nación y poder político en una misma narrativa legitimadora.