viernes, 8 de mayo de 2026

Comunicaciones desde los paradigmas, análisis teórico

La comunicación es el proceso mediante el cual se produce, distribuye y consume un mensaje transmitido por un emisor hacia un receptor, a través de un canal y utilizando códigos compartidos, dentro de un contexto y escenario determinados, considerando posibles barreras o ruidos pero orientado hacia un objetivo específico. No todos los elementos de la comunicación deben estar presentes en cada acto comunicativo. Existen formas sencillas de comunicación que no constituyen un discurso, como los gestos cotidianos (una sonrisa, un saludo con la mano, un asentimiento), las señales visuales (un semáforo en rojo, un cartel de “prohibido fumar”), los sonidos ambientales (una sirena de ambulancia, el timbre de una escuela) o las interacciones breves (“sí”, “no”, “gracias”). Todos ellos comunican, pero no desarrollan un discurso estructurado.

El discurso puede definirse como un acto comunicacional complejo, estructurado e intencional que sí requiere considerar de manera cuidadosa los distintos elementos de la comunicación. A diferencia de formas simples de comunicación, el discurso implica una organización coherente de mensajes orientados a producir sentidos, influir, argumentar, persuadir, informar o representar una determinada visión de la realidad.

En el discurso, el emisor construye estratégicamente el mensaje tomando en cuenta al receptor, el contexto, el escenario, el canal, los códigos compartidos, los posibles ruidos o barreras y el objetivo comunicativo que desea alcanzar. Por ello, el discurso no consiste únicamente en transmitir información, sino en elaborar significados de manera consciente dentro de una situación social específica.

Mientras algunas formas de comunicación pueden ser inmediatas, espontáneas y poco elaboradas —como un gesto, una señal o una respuesta breve—, el discurso supone un mayor nivel de elaboración simbólica y reflexiva. En él, los elementos comunicativos adquieren relevancia porque influyen en la interpretación y en los efectos del mensaje. El contexto histórico, cultural, político o social puede modificar profundamente el sentido del discurso, así como las características del público al que se dirige.

Por ello, el discurso no es simplemente “comunicar algo”, sino desarrollar un proceso comunicativo complejo donde los mensajes se organizan con intención, estructura y significado dentro de determinadas relaciones sociales y de poder. Sino que en el discurso es indispensable considerar todos los elementos de la comunicación, y por tanto, analiza estos cómo interactúan entre síde ahi que sea importante definirlos:

C – Código
El código es el sistema de signos y reglas que permite construir y comprender el mensaje. Puede ser verbal (lenguaje hablado o escrito), visual (imágenes, símbolos), sonoro (música, tonos) o multimodal (combinación de varios). Su eficacia depende de que emisor y receptor compartan el mismo código o tengan la capacidad de interpretarlo correctamente.

R – Receptor
El receptor es el individuo o grupo que recibe el mensaje. Su papel es decodificarlo, interpretarlo y reaccionar en función de sus conocimientos, experiencias y condiciones personales. La recepción nunca es completamente pasiva: siempre implica un proceso de interpretación.

E – Emisor
El emisor u orador es el sujeto, institución o entidad que produce y transmite el mensaje. Su función principal es codificar la información de manera que pueda ser comprendida por el receptor. El emisor define la intención comunicativa y selecciona el canal más adecuado para lograr su objetivo.

C – Canal
El canal es el medio físico o tecnológico por el cual circula el mensaje. Puede ser oral, escrito, visual, audiovisual, digital o presencial directo. La elección del canal influye en la velocidad, alcance y calidad de la transmisión.

E – Escenario
El escenario es el espacio físico o situación concreta donde ocurre la comunicación. Incluye el lugar, el momento histórico, los actores presentes y las condiciones visibles de la interacción.

R – Ruido
El ruido son las interferencias que afectan la transmisión del mensaje. Puede ser físico (sonidos externos), técnico (fallas en el canal), semántico (uso de códigos no compartidos) o psicológico (distracciones, prejuicios). El ruido puede distorsionar o impedir la comprensión.

C – Contexto
El contexto son las condiciones externas que rodean la comunicación: políticas, económicas, sociales, culturales e históricas. El contexto explica por qué un mismo mensaje puede tener interpretaciones distintas según el entorno en el que se recibe.

O – Objetivo
El objetivo es el resultado esperado del proceso comunicativo. Puede ser informar, persuadir, entretener, educar o movilizar. El objetivo guía la forma en que se construye y transmite el mensaje.

M – Mensaje
El mensaje es el contenido transmitido de forma observable y medible. Puede ser verbal, visual, sonoro o multimodal. Representa la información, idea o emoción que el emisor desea compartir con el receptor.

Cuando se revisan a fondo estos elementos, surge el análisis del discurso, este se da con la reflexión de la interacción de todos los elementos y representa el producto concreto del proceso comunicativo, permite analizar a fondo el contenido simbólico y explicito que analiza los diferentes contextos sociales, culturales o políticos. El discurso constituye una práctica comunicativa fundamental en la vida pública, pues articula las relaciones entre poder, economía, autoridad y ciudadanía. Diversos autores como Van Dijk, 1999 han señalado la importancia del análisis del discurso. El mismo puede hacerse desde diferentes paradigmas.

La comunicación desde los paradigmas:

Los paradigmas son marcos de pensamiento o conjuntos de ideas, supuestos, valores, conceptos y métodos que orientan la manera en que las personas observan, explican e investigan un fenómeno. En otras palabras, un paradigma actúa como una “lente” que influye en cómo se hacen preguntas, qué se considera importante, qué métodos se utilizan y cómo se interpretan los resultados.

Desde el posititivismo el discurso se entiende como un proceso lineal, observable y medible que busca explicar cómo un mensaje es transmitido de un emisor hacia un receptor para generar un efecto determinado. Por ello, este enfoque responde preguntas como: ¿quién da el mensaje?, ¿a quién se dirige?, ¿qué dice?, ¿cómo lo transmite?, ¿cuándo ocurre?, ¿dónde sucede? y ¿qué efectos produce? En este sentido, el emisor u orador es quien produce y envía el mensaje; el receptor es quien lo recibe; el mensaje corresponde al contenido transmitido; el código es el sistema de signos compartidos que permite comprenderlo; y el canal es el medio utilizado para comunicarlo, ya sea oral, escrito, visual, digital o audiovisual. Asimismo, el paradigma positivista considera el escenario o lugar físico donde ocurre la comunicación y el contexto social, político, económico y cultural que rodea el proceso. También reconoce la existencia de ruidos o interferencias que pueden alterar la transmisión del mensaje. Finalmente, la comunicación posee un objetivo específico, entendido como el efecto o resultado que se espera producir en el receptor, lo cual puede ser estudiado y medido de manera científica.

Desde el paradigma estructural-funcionalista, el discurso se entiende como un sistema compuesto por elementos interrelacionados que cumplen funciones específicas para mantener el orden, la integración y el funcionamiento de la sociedad. Este enfoque analiza cómo cada componente de la comunicación aporta a la estabilidad de la estructura social, considerando que las sociedades están organizadas mediante normas, valores, instituciones y reglas formales e informales que orientan el comportamiento de los individuos. Además, este paradigma distingue entre sociedades con solidaridad mecánica, caracterizadas por relaciones más simples y homogéneas, y sociedades con solidaridad orgánica, más complejas y especializadas, donde los individuos dependen unos de otros a través de funciones diferenciadas.

En este marco, el emisor no es únicamente quien transmite el mensaje, sino un actor que ocupa un rol dentro de una estructura social determinada y que comunica según normas culturales, institucionales y sociales. El receptor, por su parte, cumple la función de interpretar y responder al mensaje dentro de los límites y expectativas establecidos por la sociedad. El código se comprende como un sistema de signos, símbolos y significados compartidos —materiales o inmateriales— que permite la comunicación y que existe gracias a reglas sociales formales e informales aprendidas colectivamente. El mensaje constituye el contenido que circula dentro del sistema y que contribuye a transmitir valores, información, normas o ideologías necesarias para la cohesión social.

El canal es el medio físico o tecnológico que permite la circulación del mensaje, ya sea oral, escrito, audiovisual, digital o presencial, y su función es conectar a los distintos actores del sistema social. El escenario corresponde al espacio físico o institucional donde ocurre la comunicación, como la escuela, la familia, los medios de comunicación o las redes digitales, espacios que también forman parte de la estructura social. El contexto incluye las condiciones políticas, económicas, sociales y culturales que rodean el proceso comunicativo y que influyen en el significado y función de los mensajes. Asimismo, el ruido representa las interferencias o alteraciones que dificultan el correcto funcionamiento de la comunicación y pueden afectar la estabilidad del sistema. Finalmente, el objetivo de la comunicación consiste en producir determinados efectos sociales, como informar, integrar, educar, persuadir o mantener el orden social, permitiendo así la continuidad y funcionamiento de la estructura colectiva.

Desde el paradigma comprensivo o interpretativo, el discurso no se entiende únicamente como una transmisión mecánica de mensajes, sino como un proceso de construcción de significados entre sujetos sociales. Se busca comprender las intenciones que las personas atribuyen a sus acciones comunicativas, especialmente desde el significado que el emisor y el receptor otorgan al proceso comunicativo dentro de su contexto cultural e histórico. En este paradigma, el emisor u orador es un sujeto social que actúa guiado por motivos, valores, emociones, intereses, creencias e intenciones. Busca comprender qué tipo de orador es, cuáles son los motivos que orientan su acción social y qué significado tiene para él el mensaje que comunica. De igual manera, el receptor es una persona que interpreta el mensaje desde sus propias experiencias, conocimientos, emociones y contexto social. Por ello, un mismo mensaje puede adquirir diferentes significados dependiendo de quién lo recibe.

El código se entiende como un conjunto de símbolos y significados compartidos culturalmente, cuyo sentido puede variar según la experiencia de los participantes. El mensaje deja de ser únicamente un contenido observable y medible, para convertirse en una construcción simbólica cargada de significados subjetivos. El canal y el escenario también son importantes porque influyen en la manera en que las personas interpretan la comunicación, mientras que el contexto social, cultural, político e histórico resulta fundamental para comprender por qué las personas comunican de determinada manera. Incluso el ruido puede interpretarse no solo como una interferencia técnica, sino también como diferencias culturales, emocionales o de interpretación que afectan la comprensión mutua. Finalmente, el objetivo de la comunicación, desde este paradigma, no se limita a producir un efecto medible, sino a generar comprensión, interacción y construcción compartida de significados entre los individuos.

Desde el paradigma crítico, el discurso es un proceso que cuestiona por relaciones de poder, dominación y desigualdad social. Este enfoque no solo busca comprender o describir la realidad, sino también transformarla mediante una metodología orientada al cambio social. Por ello, la comunicación es entendida como un espacio donde pueden reproducirse o cuestionarse formas de explotación material e inmaterial presentes en la sociedad. Entre las formas de explotación material se encuentra la apropiación desigual del trabajo, por ejemplo, cuando el salario pagado al trabajador es menor al valor que produce, o cuando las mercancías adquieren precios alejados de su valor real dentro del sistema capitalista. Asimismo, el paradigma crítico analiza formas de explotación inmaterial, como la alienación, entendida como el proceso mediante el cual las personas pierden control o sentido sobre su trabajo, sobre el producto que generan, sobre los demás y sobre sí mismas. También estudia fenómenos como el fetichismo de la mercancía, donde los productos parecen tener valor propio ocultando las relaciones sociales de explotación que los producen, y la religión entendida por algunos autores marxistas como “opio del pueblo”, al funcionar en ciertos contextos como mecanismo de resignación y legitimación del orden existente. Frente a ello, este paradigma propone desarrollar conciencia crítica o conciencia de clase para cuestionar y transformar las estructuras de dominación.

Desde esta perspectiva, los elementos de la comunicación adquieren un significado político y social. El emisor u orador puede actuar reproduciendo ideologías dominantes, legitimando desigualdades y promoviendo formas de explotación, o bien puede convertirse en un actor crítico que denuncie injusticias y fomente procesos de transformación social. El receptor no es visto únicamente como alguien que recibe información, sino como un sujeto capaz de desarrollar conciencia crítica frente a los mensajes y las estructuras de poder que estos representan. El mensaje puede contener ideologías, valores o discursos que mantengan la dominación social o, por el contrario, que impulsen resistencia y cambio social. El código y el lenguaje también son analizados críticamente, ya que pueden incluir símbolos, conceptos y narrativas que normalizan desigualdades o invisibilizan conflictos sociales.

El canal y los medios de comunicación son entendidos como espacios de disputa política y cultural, donde distintos grupos buscan influir en la opinión pública y en la construcción de la realidad social. El contexto político, económico, social y cultural es fundamental porque determina las relaciones de poder en las que ocurre la comunicación. Incluso el ruido puede interpretarse como censura, manipulación, desinformación o barreras ideológicas que dificultan el acceso a una comprensión crítica de la realidad. Finalmente, el objetivo de la comunicación, desde el paradigma crítico, no consiste únicamente en transmitir información, sino en promover reflexión, conciencia social, emancipación y transformación de las condiciones de desigualdad y dominación presentes en la sociedad.

Desde el paradigma conductista, se entiende como un proceso de estímulo (del orador) y respuesta (del receptor) en el que los comportamientos humanos pueden ser observados, medidos y modificados. Este enfoque se centra en las conductas visibles y en controlar los efectos que los mensajes producen en las personas, dejando en segundo plano los pensamientos internos o las interpretaciones subjetivas. Por ello,  la comunicacion es una herramienta capaz de influir, condicionar y moldear comportamientos mediante recompensas, castigos, repetición y asociación de estímulos.

Desde este paradigma, el emisor cumple la función de producir estímulos comunicativos diseñados para generar determinadas respuestas en el receptor. El receptor es entendido como un sujeto que reacciona ante los estímulos recibidos, pudiendo modificar su conducta según los refuerzos positivos o negativos asociados al mensaje. El mensaje se considera un estímulo observable que busca provocar efectos específicos, como persuadir, enseñar, motivar el consumo, cambiar hábitos o reforzar comportamientos sociales. El código corresponde al sistema de signos utilizado para que el estímulo sea comprendido correctamente por el receptor, mientras que el canal es el medio a través del cual se transmite el estímulo, ya sea oral, escrito, audiovisual, digital o presencial.

El escenario y el contexto son importantes porque las condiciones ambientales y sociales influyen en la respuesta conductual de las personas. Por ejemplo, la familia, la escuela, los medios de comunicación o las redes sociales pueden funcionar como espacios de aprendizaje y condicionamiento. Asimismo, el ruido representa cualquier interferencia que dificulte que el estímulo produzca la respuesta esperada. Desde esta perspectiva, el objetivo de la comunicación consiste en generar respuestas observables y medibles, modificando conductas individuales o colectivas mediante procesos de aprendizaje, repetición y condicionamiento. Por ello, el paradigma conductista ha influido en áreas como la publicidad, la propaganda, la educación y la comunicación política, donde se busca influir en el comportamiento de las personas a través de mensajes estratégicamente diseñados.

Teorías de la comunicación

Antes de estudiar las teorías en la ciencia de la comunicación, es importante comprender tres conceptos fundamentales del conocimiento científico: hipótesis, teoría y ley. Estos conceptos representan distintos niveles de explicación y comprensión de la realidad.

Una hipótesis es una idea, proposición o explicación provisional que busca responder una pregunta o explicar un fenómeno. Se formula a partir de observaciones y debe poder comprobarse mediante investigación, observación o experimentación. En otras palabras, la hipótesis es una posible respuesta que todavía no ha sido demostrada completamente. Por ejemplo, en comunicación podría plantearse la hipótesis de que “las personas jóvenes pasan más tiempo informándose por redes sociales que por televisión”.

Una teoría es un conjunto organizado de conceptos, ideas y explicaciones que interpreta cómo y por qué ocurre un fenómeno. Las teorías se construyen a partir de investigaciones, evidencias y observaciones acumuladas, y sirven para comprender, analizar y predecir ciertos procesos de la realidad. En comunicación, las teorías explican cómo circulan los mensajes, cómo influyen los medios o cómo las personas interpretan la información. A diferencia de una hipótesis, una teoría posee mayor respaldo científico y desarrollo conceptual.

Una ley científica es un principio general que describe relaciones constantes y repetitivas entre fenómenos observables. Las leyes suelen expresar regularidades que ocurren de manera consistente bajo determinadas condiciones. Generalmente buscan describir qué ocurre, mientras que las teorías intentan explicar por qué ocurre. En las ciencias naturales existen leyes muy conocidas, como la ley de gravedad. En las ciencias sociales y la comunicación es más difícil establecer leyes universales porque el comportamiento humano cambia según el contexto histórico, cultural y social.

Las teorías de la comunicación son conjuntos organizados de conceptos, ideas y explicaciones que buscan comprender, describir e interpretar cómo funciona la comunicación entre las personas, los grupos y las sociedades. Estas teorías analizan elementos como el emisor, el receptor, el mensaje, el canal, el contexto, los efectos de los medios y la construcción de significados, con el objetivo de explicar cómo circula la información y cómo influye la comunicación en la vida social.

Las teorías de la comunicación surgen porque la comunicación es un fenómeno complejo que puede estudiarse desde diferentes perspectivas. Algunas teorías se enfocan en los efectos de los medios sobre las personas; otras analizan cómo los individuos interpretan los mensajes; mientras que otras estudian las relaciones de poder, la cultura o la influencia social presentes en los procesos comunicativos. Algunos ejemplos son: Teoría de la aguja hipodérmica, teoría de los efectos limitados, teoría del two-step flow, teoría del multi-step flow, teoría de usos y gratificaciones, teoría de la agenda setting, teoría del framing, teoría de la espiral del silencio, etc.

Comunicaciones desde los paradigmas de las ciencias sociales. Parte práctica

1) Desde el paradigma positivista, la imagen puede analizarse como un proceso de comunicación observable y medible en el que participan distintos elementos que permiten la transmisión de un mensaje. En primer lugar, el emisor es el vendedor de mangos, quien produce y transmite el mensaje con la intención de atraer compradores. El receptor es el posible cliente que escucha el anuncio mientras sostiene dinero y evalúa la posibilidad de comprar. El contenido o mensaje corresponde a la frase: “¡Mangos dos por dólar, chulada, va a llevar jefe!”, que informa el precio y busca persuadir al receptor para realizar la compra.

El código utilizado es el idioma español junto con expresiones coloquiales populares como “chulada” y “jefe”, que facilitan cercanía cultural y comprensión entre emisor y receptor. El canal es principalmente oral y auditivo, ya que el vendedor utiliza un megáfono para transmitir el mensaje, aunque también existe un componente visual al observar los mangos y la escena del mercado. El escenario es un espacio comercial o mercado al aire libre donde ocurre la interacción comunicativa. El contexto incluye condiciones económicas, sociales y culturales relacionadas con el comercio informal, la venta ambulante y las dinámicas cotidianas de consumo.

El ruido puede presentarse mediante sonidos del ambiente, otras personas hablando, tráfico o distracciones que dificulten escuchar correctamente el mensaje. Finalmente, el objetivo de la comunicación es persuadir al receptor para que compre los mangos, generando un efecto observable y medible: la decisión de adquirir el producto. Desde el paradigma positivista, este proceso puede estudiarse analizando la claridad del mensaje, la efectividad del canal y la respuesta del receptor ante el estímulo comunicativo.

2) Desde el estructural funcionalismo: El emisor es el vendedor de mangos, pero desde este paradigma no se le entiende solamente como quien habla, sino como un actor que ocupa un rol económico y social dentro de la estructura comercial informal o popular. Su función dentro del sistema es ofrecer productos, facilitar el intercambio económico y satisfacer necesidades de consumo. Además, comunica siguiendo normas culturales aprendidas socialmente, como el uso de expresiones coloquiales (“chulada”, “jefe”) para generar cercanía, cortesía y confianza con posibles compradores.

El receptor es el cliente potencial que escucha el anuncio y evalúa la compra. Su función dentro del sistema social es interpretar el mensaje y responder según las normas y expectativas culturales relacionadas con el consumo, el comercio y la interacción social. El receptor comprende que el vendedor busca persuadirlo y que existe una dinámica social aceptada de negociación y compra en espacios comerciales.

El código está formado por el idioma español, el tono popular y las expresiones culturales compartidas. Este código es un sistema de signos y significados aprendidos colectivamente que permite que vendedor y comprador comprendan el mensaje dentro de su contexto cultural. Incluso palabras como “jefe” cumplen una función social de respeto y cercanía dentro de ciertas dinámicas comerciales latinoamericanas.

El mensaje es: “¡Mangos dos por dólar, chulada, va a llevar jefe!”. Desde el estructural-funcionalismo, este mensaje no solo transmite información sobre precio y producto, sino que también reproduce valores sociales relacionados con el intercambio económico, el comercio cotidiano y la interacción entre vendedor y consumidor. El mensaje contribuye al funcionamiento del sistema comercial al facilitar el consumo y el flujo económico.

El canal es principalmente oral y auditivo, reforzado por el uso del megáfono, aunque también existe un componente visual mediante la exhibición de los mangos. Su función es conectar a los actores sociales y asegurar que la información circule de manera eficiente dentro del espacio comercial.

El escenario es un mercado o espacio público de venta, que forma parte de la estructura económica y social de la comunidad. Este lugar no es neutral, sino una institución informal donde las personas interactúan, comercian y reproducen prácticas culturales y económicas compartidas.

El contexto incluye condiciones económicas, sociales y culturales vinculadas al comercio popular, el consumo cotidiano y posiblemente dinámicas de economía informal. También refleja prácticas culturales de comunicación cercanas y directas que facilitan la interacción social en mercados locales.

El ruido podría consistir en sonidos del ambiente, otras voces de vendedores, tráfico o distracciones visuales que dificulten la recepción clara del mensaje. Desde este paradigma, el ruido representa interferencias que afectan el funcionamiento eficiente del sistema comunicativo y comercial.

Finalmente, el objetivo de la comunicación es persuadir al receptor para comprar los mangos, pero también mantener el funcionamiento del intercambio económico y de las relaciones sociales asociadas al comercio cotidiano. Así, la comunicación cumple funciones de integración, circulación económica y continuidad de prácticas sociales necesarias para el funcionamiento de la estructura colectiva.

3) Desde el paradigma comprensivo o interpretativo, la imagen no se analiza únicamente como una simple transmisión de información comercial, sino como un proceso de construcción de significados entre sujetos sociales que interactúan dentro de un contexto cultural determinado. El interés principal no es solamente identificar qué mensaje se transmite, sino comprender qué significados, motivaciones, emociones e intenciones están presentes en la comunicación tanto para el vendedor como para el posible comprador.

El emisor es el vendedor de mangos, pero desde este paradigma se busca comprender qué tipo de sujeto es y cuáles son los motivos que orientan su acción comunicativa. El vendedor probablemente intenta ganar dinero para sostenerse económicamente, pero también busca generar cercanía, simpatía y confianza con los clientes. El uso de palabras como “chulada” y “jefe” refleja una intención cultural de crear una relación amistosa y respetuosa con el receptor. Su manera de hablar también puede expresar identidad popular, costumbres locales y experiencia dentro del comercio callejero.

El receptor no es visto como un sujeto pasivo que simplemente escucha el mensaje, sino como alguien que interpreta el anuncio desde sus propias experiencias, emociones y necesidades. El posible comprador puede interpretar el mensaje de distintas maneras: como una buena oportunidad económica, como una interacción amable y cotidiana del mercado o incluso como una expresión típica de la cultura popular. Su decisión de comprar dependerá no solo del precio, sino también del significado que atribuya a la situación y al vendedor.

El código está compuesto por el idioma español, el tono coloquial y las expresiones culturales utilizadas por el vendedor. Sin embargo, desde el paradigma comprensivo, el significado del código depende de la experiencia cultural de quienes participan. Expresiones como “jefe” pueden interpretarse como una muestra de respeto, cercanía o estrategia de persuasión dependiendo de quién escuche el mensaje.

El mensaje “¡Mangos dos por dólar, chulada, va a llevar jefe!” deja de ser únicamente información sobre precio y producto, para convertirse en una construcción simbólica cargada de significados culturales, emocionales y sociales. El mensaje comunica no solo una venta, sino también una forma de relacionarse, negociar y convivir dentro del espacio público.

El canal es oral y auditivo mediante el megáfono, pero también incluye elementos visuales como la exhibición de los mangos y la actitud amistosa del vendedor. Desde este enfoque, el canal influye en la manera en que el mensaje es percibido e interpretado emocionalmente por el receptor.

El escenario corresponde al mercado o espacio público donde ocurre la interacción. Este lugar tiene significados culturales importantes porque representa un espacio de encuentro social, intercambio económico y convivencia cotidiana. El contexto social y cultural también es fundamental, ya que las prácticas de comercio popular, el lenguaje coloquial y las dinámicas de compra forman parte de una experiencia compartida dentro de la comunidad.

El ruido no se limita únicamente a sonidos o interferencias físicas. También puede incluir diferencias de interpretación, prejuicios, estados emocionales o barreras culturales que afecten la comprensión mutua entre vendedor y comprador.

Finalmente, el objetivo de la comunicación no se entiende solo como vender mangos, sino como generar interacción, comprensión y conexión social entre las personas. La comunicación, desde este paradigma, construye significados compartidos y permite que los individuos den sentido a sus relaciones cotidianas dentro de la vida social.

4)  La imagen del mercado, vista desde el paradigma crítico, no es solo una interacción comercial, sino que es un microescenario donde se reproducen las desigualdades del sistema económico, se normalizan códigos culturales de consumo y se visibilizan las tensiones entre supervivencia, poder y resistencia.

Código: El lenguaje coloquial (“¡Mangos dos por dólar, chulada, va a llevar jefe!”) refleja una forma popular de comunicación, pero también evidencia cómo el discurso se adapta a las condiciones sociales y económicas. El código puede normalizar relaciones de desigualdad (el vendedor apelando a la necesidad del comprador) o convertirse en un recurso de resistencia cultural al mantener expresiones propias de la comunidad.

Receptor: El cliente no es solo un consumidor pasivo: su decisión de compra está condicionada por su poder adquisitivo y por las estructuras económicas que determinan el valor de las mercancías. Desde la mirada crítica, el receptor puede reproducir la lógica del mercado o cuestionarla al reconocer la explotación detrás de los precios.

Emisor: El vendedor actúa como emisor, pero su papel está atravesado por desigualdades materiales: depende de vender para sobrevivir en un sistema que le paga menos de lo que produce. Su discurso busca persuadir, pero también refleja la precariedad laboral y la necesidad de competir en un mercado desigual.

Canal:  El megáfono y la oralidad son canales accesibles y directos, propios de contextos populares. Sin embargo, desde el paradigma crítico se observa cómo los grandes medios (televisión, prensa corporativa) tienen más poder de difusión que estos canales comunitarios, reproduciendo desigualdades en la capacidad de llegar a las masas.

Escenario: El mercado callejero es un espacio concreto donde se materializan relaciones de poder económico: vendedores informales frente a consumidores, competencia por precios bajos, y condiciones visibles de precariedad. El escenario muestra desigualdades estructurales en la economía popular.

Ruido: no es solo ambiental (otros vendedores, sonidos del mercado), sino también ideológico: la saturación de mensajes publicitarios que invisibilizan las condiciones de explotación y presentan el consumo como única vía de satisfacción.

Contexto: El contexto económico y social es clave ya que es un mercado popular en un sistema capitalista donde los precios y salarios reflejan desigualdades estructurales. Aquí se evidencian fenómenos como el fetichismo de la mercancía, donde el mango aparece como un producto con “valor propio”, ocultando las relaciones de trabajo y explotación que lo producen.

Objetivo: El objetivo inmediato es vender, pero desde el paradigma crítico se interpreta como parte de una lógica de reproducción del sistema económico: mantener el consumo y la circulación de mercancías. Alternativamente, podría convertirse en un espacio de resistencia si el discurso del vendedor cuestiona las condiciones de desigualdad.

Mensaje: El mensaje explícito es la oferta (“dos por dólar”), pero el mensaje implícito refleja la dinámica de explotación y precariedad: vender barato para sobrevivir, apelando a la necesidad del consumidor. El análisis crítico busca develar estas dimensiones ocultas detrás de la interacción cotidiana.

Paradigma conductista: la escena del mercado se interpreta como un proceso de condicionamiento: el vendedor emite estímulos verbales y visuales diseñados para provocar una respuesta concreta en el cliente (la compra). El análisis se centra en la conducta observable y en cómo los refuerzos (precio bajo, lenguaje coloquial, entusiasmo) aumentan la probabilidad de que el receptor actúe.

Emisor: el vendedor es el emisor que produce el estímulo comunicativo: su voz amplificada por el megáfono, el tono entusiasta y la oferta clara (“¡Mangos dos por dólar!”). Su intención es provocar una conducta específica en el receptor: la compra.

Receptor: el cliente es el receptor que reacciona ante el estímulo. Su conducta observable es detenerse, escuchar y considerar la compra. Desde esta perspectiva, lo relevante no es lo que piensa internamente, sino la acción visible: sacar dinero o adquirir el producto.

Mensaje: el mensaje es el estímulo verbal: una oferta concreta y repetida que busca condicionar la respuesta del receptor. Se apoya en refuerzos positivos (precio bajo, trato amistoso) para aumentar la probabilidad de compra.

Código: el lenguaje coloquial y cercano funciona como código compartido que asegura que el estímulo sea comprendido. Palabras como “chulada” generan asociación positiva y refuerzan la conducta deseada.

Canal: el canal es oral y sonoro, reforzado por el megáfono. Este medio amplifica el estímulo y lo hace más difícil de ignorar, aumentando la probabilidad de respuesta.

Escenario: el mercado es el espacio físico donde ocurre la interacción. El entorno facilita la repetición del estímulo (gritos de vendedores) y condiciona la conducta de los compradores, que esperan ofertas y regateos.

Contexto: el contexto económico y social influye en la respuesta: un mercado popular donde el precio bajo es un estímulo fuerte para consumidores con recursos limitados.

Ruido: el ruido puede ser otros vendedores gritando ofertas, música o conversaciones que compiten como estímulos. Si el ruido es fuerte, puede disminuir la eficacia del mensaje y alterar la respuesta esperada.

Objetivo: se enfoca en generar una respuesta observable y medible. Por ejemplo, que el cliente compre los mangos. El éxito del proceso se evalúa en términos de conducta visible, no de reflexión interna